Detrás de La casa de al lado, la comedia musical infantil que se estrenó con gran éxito esta semana están Laura Fuertes, guionista y autora de las canciones; Hugo Moreno, director general y coreógrafo; y Pablo Moreno, a cargo de la puesta técnica. Los tres, además, son los impulsores de la academia mendocina Yo Soy Comedia Musical, que desde hace doce años forma a niñas, niños y adolescentes en las tres disciplinas que integran este arte escénico: actuación, canto y danza. Detrás del proyecto, unidos por lazos familiares —Hugo y Pablo son hermanos, y Laura es la pareja de Pablo— y por una pasión compartida, han construido un espacio que ya tiene más de 300 estudiantes y una sólida trayectoria artística con títulos como De atar, El cielo de Nany, Cuento contigo y El roble mágico. Esta vez son los impulsores de esta nueva puesta teatral y musical para niños, que se puede ver en el Teatro Plaza, con funciones diarias a las 16 hs, hasta el 20 de julio.
—Más en este momento en que hay una especie de falta de empatía...
—Tal cual, entonces, bueno, esta es la casa, una casa al lado de una juguetería, donde hay un niño que todas las noches ingresa a esa juguetería porque quiere dibujarle a su hermana un modelo de un avión que le quiere construir en cartón, porque al lado de esa juguetería hay una casa en la que nadie sabe lo que sucede. Ahí, vive un grupo de niños cartoneros, a los que explotan laboralmente. Entonces sucede algo hermoso que va a ayudarlos a que sean vistos, que alguien los vea y que se preocupe y se ocupe de ellos. Es una historia que tiene valores de amistad, solidaridad, inclusión, esperanza.
—¿Es difícil escribir comedia musical, el guion y también hacer la puesta?
—Bueno, es difícil a veces escribir infantiles y más musicales infantiles, porque es muy delgadita la línea. Porque, claro, dentro de las canciones también va parte de la historia. Es una canción, texto y danza, todo en uno. Son las tres disciplinas relacionadas entre sí y mientras que se baila y se canta, en las letras de esa canción sigue el contenido de la historia. Es el lazo de la historia después de lo actoral. Es difícil porque tenés que tener una idea de las tres disciplinas para poderlas después montar. Lo que tiene también La casa al lado es que es una tremenda producción técnica. Son todos adolescentes y niños que cantan en vivo.
—Alumnos de la academia, ¿no es cierto?
—Sí, todos alumnos de la academia.
—¿Y cómo es ese laburo de coordinar, porque son muchos niños, ¿no?
—Son muchos niños, pero la clave está en que somos muy ordenados para trabajar. Hugo es muy disciplinado y esa disciplina que tenemos los tres en este trabajo, con un equipo de 15 personas que sostienen La casa de al lado, hay un trabajo muy minucioso las vestuaristas, técnicos y traspuntes, y todos los que nos ayudan. Pese a que somos tantos, la convivencia es maravillosa y los niños han tenido un coach vocal que los ha ayudado a cantar, que es una profe también de nuestra academia. Son niños super disciplinados, porque eso es lo que tiene nuestra academia: muchísima disciplina. La comedia musical sin disciplina es imposible. Vos imagínate que tienen que bailar, cantar y actuar a la vez. Son tres órdenes distintas. Si vos no tuvieras como un equilibrio para lograrlo, sería muy difícil. Han llegado ya muy maduros a este proceso los chicos, porque llevan muchos años estudiando. Se hace dificilísimo elegir, porque en 300 alumnos que hay en la academia, elegir solamente 14 ha sido también un desafío.
—¿Hace muchos años que están con este proyecto de la academia Yo soy comedia musical?
—Doce años. Empezamos con dos alumnas. Estábamos muy frustrados al principio. Y hoy somos una gran familia de casi 300 alumnos. Tengo que agradecer también a los papás, porque son papás muy respetuosos y muy colaboradores en esta disciplina de llevarlos a los ensayos, de buscarlos, de acompañar.
—Todo este trabajo lo has hecho junto a Hugo y a Pablo Moreno, ¿no es cierto?
—Pablo es mi marido y Hugo es mi cuñado, somos los tres.
—Me podrías contar algo sobre ellos, sobre sus trayectorias.
—Hugo es coreógrafo, estuvo mucho tiempo en el exterior, trabajó para Disney, estuvo en Drácula también, en Susana Giménez. Después vino a una Vendimia, cuando yo hacía Vendimia en Tunuyán. A Pablo lo conozco ahí también, y después nos terminamos casando. Él era sonidista y yo era una directora muy joven de Vendimia. Y nos dimos cuenta de que los tres por separado éramos una cosa, pero cuando nos uníamos, la Vendimia era totalmente distinta. Y, bueno, empezamos los tres a hacer este camino. Así nació Yo soy comedia musical.
—La casa de al lado se agrega a una larga serie de puestas…
—Sí, empezamos con De atar, un musical de locos. Luego El cielo de Nany, Cuento contigo, El roble mágico, de la cual hicimos seis ediciones, seis años estuvo. La verdad es que fueron grandes satisfacciones de la academia. Y ahora con La casa de al lado, con la que nos explota el corazón de felicidad porque bueno, creemos que también va por buen camino, a la gente le gustó un montón.
—Aparte de este disfrute y del estreno que ha sido muy auspicioso cuáles son las expectativas que tienen sobre La casa del lado.
—Sentimos que ya hemos ganado, porque ha sido tan hermoso el proceso y ver a esos 15 niños y adolescentes tan felices brillando en un escenario. Creo que la tarea está cumplida. Después son hechos artísticos, que el espectador tiene tantas emociones cuando va a ver una obra, la cual a veces te puede gustar más o menos. Para nosotros ya es ganancia ver la felicidad, la responsabilidad que han tenido estos adolescentes, el amor que le han puesto, el profesionalismo con que lo han encarado. La verdad es que nos llena de orgullo y creo que eso traspasa, llega a la gente. Y si le llega la tarea está doblemente cumplida.
—¿Y qué busca dejar al público la obra?
—Tiene muchos valores que creo que se ven de manifiesto y el público los ha aplaudido y los ha celebrado, y eso quiere decir que les ha llegado el corazón. Y si un proyecto no solamente te llega por lo visual, sino que te llega el mensaje al corazón, creo que es porque la gente está necesitando también eso, que el mensaje llegue al corazón y pueda modificar en alguien la mirada que tenemos hacia el de al lado. Porque mirar no es lo mismo que observar, pues andamos todo el día mirando, pero cuando vos observás algo, observás a alguien y te preocupás por alguien, le podés cambiar la vida.
—Más en un momento como este en el que hay tan poca empatía…
—Sí, exactamente. Entonces, bueno, eso tiene una mirada muy profunda en la obra. El valor de poder mirar a alguien y hacerlo sentir importante, cumplir los sueños. Siempre se lo decimos a los alumnos de la academia, que todo está en uno, que sin sueños y sin utopías…
—También es importante lo colectivo, porque hay un mensaje muy difundido en esta época de que todo depende del individuo…
—No, no, bueno, nosotros somos todo lo contrario. El equipo es de la única manera que nos salvamos, eso con los chicos creo que se ve muchísimo y en La casa de al lado, el equipo. El trabajo en equipo, cuando somos visibles para alguien, cuando le importamos a alguien, cómo ese amor puede transformar el mundo. Que es lo que a todos nos hace falta, que alguien nos escuche, nos mire. Porque, además, el amor siempre implica al otro. El amor, la mirada del otro, la preocupación, la ocupación que uno pueda tener en otro en dos minutos en el cómo estás, en el buen día con una sonrisa, en cómo estás y si necesitás algo. Eso te cambia la cabeza. Y más cuando vos no lo recibís cotidianamente. Cuando sos afectivo con los adolescentes, con los niños, y llegás a ellos, tienen una manera muy hermosa de devolverte, son grandes maestros. Si pudiéramos los adultos mirar un poquito más, detenernos a mirar a los niños y a los adolescentes. Viene una generación muy, muy sabia. Entonces hay que saberla entender para podernos también aggiornar a ellos. Entonces, que alguien se pare, te sonría, te diga, "Buen día” con una sonrisa, que tenga un gesto, que te traiga un caramelito, que se preocupe por vos y te pregunte cómo estás, eso ya te cambia el mundo. Sos importante para alguien. Alguien te vio y sos parte. De eso habla La casa de al lado.