Elba Marcovecchio transita una nueva etapa de vida atravesada por el recuerdo de Jorge Lanata y la complejidad de su entorno. La abogada de la Universidad Nacional de La Plata combina hoy sus compromisos profesionales con el rol de sostén de sus dos hijos, mientras mantiene un estricto hermetismo sobre las disputas judiciales que la enfrentan con el entorno familiar del conductor.
Tras enviudar por segunda vez, luego del fallecimiento de su primer esposo Alejandro Mazzeo en 2013, la letrada prioriza la contención de sus hijos Valentino y Allegra. Aunque desmintió rumores sobre nuevos romances y descartó tener citas, admitió que el periodista dejó la vara muy alta en su vida afectiva.
La traba en la herencia y las discrepancias por el patrimonio
El estancamiento legal responde a posturas encontradas sobre los bienes de la sucesión, actualmente congelada en la Justicia de Argentina y Uruguay. Las diferencias se profundizan por una propiedad en Punta del Este valuada en 1,5 millones de dólares, donde la pretensión de venta de Marcovecchio alcanza los 2,5 millones, frente a la urgencia de Bárbara Lanata y Lola Lanata por liquidar activos.
A esto se suma la propuesta de las hijas de subastar el departamento que habitaba el periodista y su colección de arte para cancelar deudas operativas con Radio Mitre y gastos de expensas acumulados. La negativa de la abogada a ventilar estos reclamos radica en resguardar lo que considera la esfera privada y proteger la memoria del conductor.
Distancia mediática y el enfoque en su fuero familiar
En sus apariciones televisivas, la profesional ratificó su decisión de congelar las discusiones públicas y calificó los cruces como temas personalísimos. De este modo, la letrada busca evitar la escalada mediática, sosteniendo que la figura de su difunto esposo supera las controversias patrimoniales.
Sin la intención de buscar pareja, Marcovecchio concentra sus días en la actividad laboral y el acompañamiento familiar, marcando un límite tajante entre el debate judicial y su cotidianeidad.