A sus 50 años, Marina Rosenthal transita una etapa de vida de plena reconstrucción profesional y personal. Tras el fallecimiento de Cacho Castaña en 2019 y el complejo duelo atravesado durante la pandemia, la psicóloga logró asumir un rol activo como productora cultural, tomando las riendas del patrimonio artístico y abriendo espacio a sus propios desafíos.
El proceso demandó decisiones complejas para soltar el pasado sin descuidar la memoria del cantante. Entre esas determinaciones personales estuvo la mudanza de la casa de Olivos que compartió durante su matrimonio y el cumplimiento de la última voluntad del artista: esparcir sus cenizas en el Obelisco durante una ceremonia de madrugada.
De la gestión de Café La Humedad a la consolidación como productora
Detrás de esta transformación profesional subyace una razón central: convertir el duelo en un motor de gestión cultural para preservar un espacio emblemático de la música popular. Al ponerse al frente de Café La Humedad, el legendario bar y teatro de Almagro fundado por Castaña en 2016, Rosenthal no solo mantiene vivo el piano original, los objetos personales y las fotografías históricas del músico, sino que sostiene una programación activa junto a figuras como Adriana Varela y Guillermo Fernández.
La historia de amor entre ambos comenzó de forma singular en 2008, cuando ella le envió una caja de café especial desde la empresa familiar donde trabajaba. Aunque perdieron el contacto, se reencontraron en 2012 y se volvieron inseparables hasta su casamiento el 31 de agosto de 2016 sobre el propio escenario del teatro.
El equilibrio entre el recuerdo del artista y los proyectos propios
Hoy, el trabajo diario en la producción de espectáculos le permite a Rosenthal equilibrar la custodia de la memoria de su exesposo con su propia independencia profesional. Mantener el teatro como punto de encuentro gastronómico y musical representa la consolidación de un proyecto vital que trasciende la pérdida y afirma su rol dentro de la escena cultural argentina.