Los desafíos matemáticos se volvieron populares porque permiten poner a prueba la concentración y el razonamiento con operaciones que parecen fáciles de resolver. Sin embargo, algunos ejercicios esconden una dificultad que lleva a muchas personas a cometer errores, incluso cuando todos los números involucrados son pequeños y no necesitan calculadora.
Uno de esos retos propone resolver 100 − 40 × 2 + 1, una cuenta que combina resta, multiplicación y suma. A primera vista, podría parecer que alcanza con avanzar de izquierda a derecha, pero existe una regla fundamental que determina qué cálculo debe realizarse primero para obtener el resultado correcto.
La jerarquía de operaciones establece un orden para resolver expresiones que combinan diferentes símbolos.
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Por qué el desafío matemático 100 − 40 × 2 + 1 genera confusión
La dificultad de esta operación no está en los números, sino en el orden en que deben resolverse los cálculos.
Cuando una expresión contiene diferentes operaciones, no siempre corresponde comenzar por el primer símbolo que aparece a la izquierda. Las matemáticas establecen una jerarquía que permite interpretar correctamente cualquier cuenta.
Luego, si continúan de izquierda a derecha, obtienen:
60 × 2 + 1 = 121
Aunque las cuentas individuales están bien realizadas, el procedimiento es incorrecto porque ignora la prioridad de la multiplicación.
Cuánto es 100 − 40 × 2 + 1
La respuesta correcta es 21.
Para llegar a ese resultado, primero hay que resolver la multiplicación y después continuar con la resta y la suma.
El procedimiento es el siguiente:
- Resolver la multiplicación: 40 × 2 = 80.
- Reemplazar el resultado: 100 − 80 + 1.
- Realizar la resta: 100 − 80 = 20.Completar la suma: 20 + 1 = 21.
Por lo tanto, la operación completa queda expresada así:
100 − 40 × 2 + 1 = 21
El error más frecuente consiste en comenzar por 100 − 40, sin tener en cuenta que la multiplicación debe resolverse antes.
Por último, solo queda resolver la resta y la suma en el orden correspondiente.
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La particularidad de este reto es que no exige conocimientos matemáticos avanzados. Basta con recordar una regla escolar para distinguir entre un resultado que parece lógico y el que realmente corresponde.