Facundo Arana volverá a encontrarse con un personaje que conoce bien, aunque asegura que él ya no es el mismo. A partir del 9 de septiembre, el actor regresará en la cartelera porteña a "Visitando al Sr. Green" para interpretar nuevamente a Ross Gardiner, el papel que encarnó en 2005 junto a Pepe Soriano y que esta vez compartirá con Jorge Suárez.
“El personaje es el mismo. El teatro, también. El actor, claramente, no”, plantea en una entrevista publicada por Clarín. Y el propio Arana resume esa diferencia con una frase que condensa dos décadas de experiencia: “Soy un jugador con 20 años más en el lomo”.
El regreso a la obra no implica, entonces, una simple repetición. Para el actor, significa volver a Ross Gardiner con todo lo vivido desde aquella primera experiencia. Son 20 años de distancia, de trabajo, proyectos, cambios personales y nuevas búsquedas que inevitablemente modifican la manera de pararse frente a un mismo texto y un mismo personaje.
Facundo Arana: el galán, el actor y todo lo que vino después
Durante buena parte de su carrera, Arana estuvo asociado a la figura del galán de las telenovelas. "Muñeca Brava", "Padre Coraje", "Yago, pasión morena", "Sos mi vida" y "Vidas robadas" son algunos de los títulos que lo convirtieron en uno de los rostros más populares de la televisión argentina.
Detrás de esa imagen, sin embargo, había una rutina exigente. El actor se levantaba temprano, estudiaba las escenas, entrenaba y mantenía una dieta estricta. Incluso, recuerda haber atravesado momentos físicos complejos sin detener el ritmo de trabajo. “Tuve piedras en los riñones, un día me operaron a la noche y a la mañana siguiente fui a grabar”, cuenta sobre aquellos años en los que las oportunidades parecían sucederse sin pausa.
Hoy, Arana no reniega de aquella etapa ni de la etiqueta de galán que lo acompañó durante tantos años. Por el contrario, la incorpora a las múltiples facetas que reconoce en sí mismo: actor, músico, saxofonista, dibujante, aventurero, padre y escritor de cuentos para chicos. Una acumulación de intereses y experiencias que también explica desde qué lugar vuelve ahora al teatro.
El presente, asegura, le permite elegir con mayor libertad los proyectos a los que quiere dedicar su tiempo. Ya no le interesa, según sus propias palabras, “la vigencia histérica” de hacer por hacer, sino involucrarse en propuestas que le despierten una verdadera inquietud.
Una nueva relación con el paso del tiempo
A los 54 años, el espejo también parece devolverle una imagen diferente. Ya no se trata solamente de la apariencia física, sino de todo lo que ese cuerpo cuenta y representa.
“Me veo entero, me veo con mis brazos, mis piernas, me veo habiendo hecho todo lo que quise hacer en mi vida”, afirma. Al mostrar algunas marcas y cicatrices que lleva en los antebrazos, agrega con orgullo: “No hay una cicatriz que tenga al pedo”.
“Jamás en mi vida pensé que me iba a ver con 54 años en ningún lado”, admite. Sin embargo, cuando hace un balance de su recorrido, encuentra una vida atravesada por deseos que, en buena medida, pudo concretar. “Quise una familia y la tengo, quise ser actor y me dediqué a eso, quise escalar el Everest y lo logré. Es como si fuese un malcriado de Dios”, resume.
Un vínculo de dos décadas
En la entrevista también aparece su relación con María Susini, con quien comparte tres hijos. Al hablar sobre los casi 20 años de historia juntos, Arana es contundente acerca de lo que significó ese vínculo para él.
“Volvería a repetir cada segundo de esos 20 años, con la misma única persona”, afirma. Y agrega: “No haría nada que no la haya hecho sonreír”.
Al referirse a la paternidad y a la familia que construyeron, también destaca el lugar de Susini: “María hizo que mi paternidad sea fácil por la compañera que ella es”.
El regreso a Ross Gardiner
En "Visitando al Sr. Green", Arana interpreta a Ross Gardiner, un joven ejecutivo neoyorquino que, tras un incidente de tránsito en el que casi atropella a un hombre mayor, es condenado a visitarlo una vez por semana durante seis meses.
El Sr. Green es un viudo que vive solo y el encuentro entre ambos comienza como una obligación incómoda. Sin embargo, con el paso de las visitas, las diferencias generacionales y personales empiezan a dar lugar a un vínculo inesperado, que los lleva a revisar sus prejuicios y sus propias certezas.
Esta vez, Arana compartirá escena con Jorge Suárez, un actor al que observa con admiración y del que asegura seguir aprendiendo. A pesar de su propia trayectoria, mantiene la curiosidad de quien todavía se siente en proceso de formación.
“La búsqueda es algo que a mí me enloquece”, sostiene al hablar del trabajo actoral y de todo aquello que sucede antes de que el resultado llegue al escenario. Y al observar a Suárez, que además de ser actor es director y en esta oportunidad acepta ser dirigido, encuentra una nueva lección: “Eso es una clase de teatro”.