Daniel Quiroga, referente del teatro mendocino: "Intento crecer en cada uno de mis espectáculos"
Tras más de 40 años de oficio, Daniel Quiroga va por un nuevo desafío: se instalará por un tiempo en Lima (Perú), en una ausencia que se hará sentir en el teatro local. Sus planes, su forma de ver el humor y qué espera del futuro.
Por unas horas más, antes de bajar el telón y ausentarse de la escena local por un tiempo,Daniel Quiroga vuelve a subirse al escenario con " Hola. Estoy bien...!": un unipersonal que no se esconde detrás de personajes ni artificios, sino que disecciona cómo estamos como sociedad, y que viene presentando desde hace meses en simultáneo con otros títulos como "Monólogos para Raquel", "¡Volvió Roberto!" y "Tony Usman".
Sí: Quiroga es una fábrica de personajes, de historias y de emociones. Podría decirse, incluso, que debe estar entre los cinco actores mendocinos más prolíficos y constantes: fin de semana tras fin de semana, se convirtió en un clásico en sitios hoy desaparecidos como el recordado bar Los Angelitos, muchas veces acompañado por su tío y eterno colega, Ernesto "El Flaco" Suárez. ¿Su marca? Humor filoso, complicidad y capacidad camaleónica. Por eso es evidente que su ausencia se sentirá.
La cita es este sábado 21 de febrero en el Teatro Quintanilla, en una función especial que funciona como despedida (al menos por ahora) de los escenarios. Y no es una despedida solemne ni melancólica. “Esta ausencia para mí es una pausa, también es una búsqueda y es un desafío ”, nos dice Quiroga, sin dramatismo pero con la honestidad de quien sabe que moverse también es una forma de crecer. Concretamente, nos cuenta que se instalará en Lima (Perú) para hacer talleres y también funciones de sus obras. "Además, intentaré que dirijan un trabajo que escribí", apunta entusiasmado.
"Hola. Estoy bien...!" va en sintonía con otras obras de su larga carrera: se construye como un encuentro frontal con el público. Se permite hablar de los pequeños mundos personales, de las contradicciones cotidianas y de esas anécdotas que, vistas en retrospectiva, cambian de significado.
- “Hola. Estoy bien..!” juega con una ironía muy cotidiana: ¿en qué momento sentiste la necesidad de hacerte la pregunta de cómo estamos realmente?
- Evidentemente, "Hola, estoy bien...!" juega con la ironía de cómo estamos realmente. Y esa necesidad la voy sintiendo, la voy palpando cotidianamente. Es una mirada hacia adentro, ver cómo uno se ve y cómo proyecta en el otro, generando una mirada más global para poder hacer un buen análisis de todo lo que nos pasa en lo personal y cómo influye en el otro.
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- Imagino que para mucha gente el espectáculo debe ser catártico. ¿Lo ves así sobre el escenario?
- Sí, en el espectáculo la gente se siente súper identificada, porque por lo que hablo en cada uno de los pequeños monólogos, la gente ha atravesado una situación similar y es ahí cuando empiezan a compartir conmigo esa angustia, siempre dicha desde la ironía y el humor.
- Después de más de 40 años de trayectoria, ¿qué avances ves en el teatro independiente mendocino y qué deudas quedan?
- En el teatro mendocino quedan un montón de cosas por hacer. También ha crecido muchísimo la gente que ha comenzado a hacer teatro independiente. Hay que tener en cuenta que la mayoría del teatro acá, casi un 100% podría decir, es desde la autogestión, independientes. Hay algunas salas que en algún momento dependieron, del INT, no sé cuál será la situación de ahora, pero nosotros desde la autogestión como trabajadores de la escena teatral es todo un compromiso, es todo un esfuerzo, es toda una batalla que se da continuamente y sin apoyo del Estado. Hay quienes te dicen: "bueno pero elegiste ser independiente", pero yo creo que hasta en esa independencia en la cultura del teatro debería estar el Estado presente. Yo creo en un Estado presente.
- Este espectáculo funciona también como una despedida temporal de Mendoza. ¿Cómo vivís ese “hasta luego” con el público que te acompaña desde hace décadas?
- El público generado... Bueno, ha sido un placer poder generar este público no solo para mí, sino para el teatro en general. Si bien uno tiene una forma de trabajo que atrae ese sector, creo que también abre puertas para que esas mismas personas vayan a ver otro tipo de propuestas. No me gustan las despedidas, ni tampoco lo tomo así, simplemente lo tomo como un simple receso.
- ¿Esta ausencia es una pausa, una búsqueda, un desafío nuevo o todo junto?
- Esta ausencia para mí es una pausa, también es una búsqueda y es un desafío. Creo que a esta altura de mi carrera también ir a tomar talleres a otro lugar que me interesa para retroalimentarme me parece a mí, me parece que está bien porque intento mantener a ese actor vivo, intento recrearme, intento ofrecer cosas que a la gente la vaya sorprendiendo año tras años. Hay que tener en cuenta que mi carrera ha sido únicamente de subirme al escenario, básicamente el 80%, y hacer un espectáculo unipersonal cada un año es todo un trabajo. Por ahí la gente no ve el trabajo de afuera, lo ve resuelto en un espacio, pero es todo un trabajo. Y es luchar constantemente con tu propia creatividad y con tu propia posibilidad de hacer algo mejor. Y no es fácil, es como un hit de música: ¿cómo lo superás? Es todo un tema. Pero bueno, esa es la búsqueda y creo que es el trabajo del actor.
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- El humor atraviesa toda tu obra. ¿Qué te permite decir el humor que quizás desde otros lenguajes sería más difícil?
- El humor permite decir las más grandes barbaridades. Desde siempre en la historia de la humanidad: puede hablar de tragedia, puede hablar de abusos, puede hablar de miseria... Puede hablar de un montón de cosas muy, muy fuertes. El teatro ha existido así, es un reflejo de lo que nos va sucediendo a nosotros como los artistas, como en la pintura, como en las ruinas, las pinturas prehistóricas. Es un libro, es una cosa que va quedando, que va diciendo, que va haciendo pensar, haciendo que la gente se reformule. Desde la "commedia dell'arte", o en la figura del bufón, que en los palacios se reían de los propios reyes y del propio poder, y el propio poder se reía al mismo tiempo de eso. Esa es la fuerza del teatro, la fuerza del humor.
- A lo largo de tu carrera construiste un vínculo muy fiel con el público. ¿Sentís alguna responsabilidad especial cuando sabés que la gente vuelve a verte una y otra vez?
- Hay una responsabilidad siempre personal y creo que de cualquier trabajador de subirse al escenario y hacer lo mejor que se pueda. Depende de un montón de cosas. O sea, yo sí intento crecer en cada uno de mis espectáculos. Que la gente, más allá de ver a Daniel Quiroga, vaya viendo cambios: que pueda hacer cosas dramáticas, que pueda hacer personajes, que pueda hacer stand-up, que pueda hacer obras para niños. Siempre me he considerado así y es lo que trato y sigo demostrando.
- Si tuvieras que definir este momento personal y artístico en una frase, ¿cuál sería?
- La frase sería "hay que seguir creciendo". En lo personal y en lo artístico, porque el actor no puede separarse de lo personal me parece. Sí, pueden haber personajes y todo, pero siempre hay una cosa ahí que hace que el hecho sea un hecho vivo. Esa sería la frase: "seguir creciendo y retroalimentarse constantemente".
Breve biografía
Daniel Quiroga es una de las caras más reconocidas y talentosas de la escena teatral de la provincia. Trabajó desde muy joven y encontró en el teatro una verdadera profesión. Actor, autor, mimo, director y docente teatral, como él se define “multiuso”, Daniel, desarrolló su carrera en diferentes universidades, centros y talleres culturales de Argentina y Latinoamérica.
A los 18 años viajó a Ecuador, en plena época del proceso militar en Argentina, en compañía de su tío, el actor Ernesto Suárez, quien le aportó las primeras herramientas teatrales importantes a través del grupo Juglar. Al regresar, decidió empezar a vivir del teatro y formó, junto a Gustavo Álvarez, el grupo de mimo Pierrot.
En la década del ‘80 se convirtió en un referente local de la disciplina y su camino siguió por el lado del humor, con clásicos como “Educando al Nene”, entre otras comedias de la escena local. Con más de 40 años de trayectoria, Daniel Quiroga se ha transformado en uno de los referentes consagrados de nuestra provincia. En las tablas, Daniel Quiroga ha brillado como actor, autor, mimo y director.
La ficha
“Hola. Estoy bien...!”
Unipersonal de humor con Daniel Quiroga.
Fecha: Sábado 21 de febrero. Función despedida.
Hora: 21.30.
Lugar: Teatro Quintanilla. Plaza Independencia.
Venta de entradas generales por EntradaWeb. Quienes tengan menos de 25 años y quieran disfrutar del espectáculo podrán hacerlo con entrada libre y gratuita presentando su DNI en la taquilla del teatro. La promoción estará sujeta a cupo.