Florencia Peña eligió la tranquilidad de la capital salteña para levantar una vivienda que rompe con el vértigo porteño. Junto a Ramiro Ponce de León y su familia, la actriz diseñó un refugio donde la arquitectura se rinde ante el paisaje de cerros y vegetación autóctona.
La casa se destaca por su estética funcional, centrada en materiales nobles como la piedra y la madera. Los ambientes interiores, amplios y bañados por luz natural, están decorados con muebles artesanales y piezas que remiten directamente a la filosofía oriental, una faceta poco conocida de la artista.
Filosofía zen y materiales nobles en la zona serrana
Este proyecto personal no es una simple casa de veraneo, sino una extensión de su búsqueda espiritual y la necesidad de habitar espacios esenciales. La elección de colores neutros y la distribución abierta responden a un mecanismo de diseño pensado para el descanso profundo y la contemplación activa del entorno.
La galería exterior funciona como el núcleo social de la propiedad, equipada con sillones rústicos y mesas de madera para recibir visitas en un clima distendido. Desde este punto se observa el jardín, que se extiende visualmente hacia las montañas y una laguna cercana, borrando los límites entre la construcción y la tierra.
El jardín infinito y la pileta custodiada por un Buda
El sector de la pileta es el corazón del relax familiar, donde destaca una gran estatua de Buda que vigila el solárium. En la cocina y el comedor, los ventanales de gran tamaño refuerzan esa conexión constante con el afuera, manteniendo la coherencia con el estilo de vida naturista que la familia consolidó en el norte.