El encierro real y simbólico de un grupo de mujeres, sus esperas interminables, las violencias estructurales y la fragilidad de un sistema penitenciario que no ofrece redención posible convergen en “Aquellos restos que quedaron de aquel día”, la nueva obra de Alejandro Conte que se estrenará este domingo 30 de noviembre a las 21 en SOETeM, Entre Ríos 334 de Ciudad (entradas en Entradaweb). Allí, en una playa de estacionamiento convertida en pabellón carcelario, el público será invitado a ingresar a un espacio hostil, gris, áspero, para convivir con las tensiones, los relatos y las heridas abiertas de un puñado de internas atrapadas en un sistema que no logra —o no quiere— transformarlas.
La historia se desarrolla en uno de los pabellones de una cárcel de mujeres, donde el tema central es “la condena en espera”: vidas suspendidas, rutinas que se consumen en la incertidumbre, decisiones que lastiman y que se toman desde un encierro que no es sólo físico. Para Conte, este punto es crucial. “El tema que atraviesa la obra es la condena en espera. Es que son mujeres que están todo el tiempo esperando una condena que no llega”, señala. Y esa espera, asegura, es ya de por sí un tormento. “Principalmente el encierro y la incertidumbre de que no te salga la condena ya es espantoso… no saber cuándo te van a juzgar en sí mismo ya es perverso.”
La obra nace como una segunda parte de un proyecto que Conte había escrito hace años, también centrado en una cárcel de mujeres. Esta nueva versión, dice, llega ahora porque el contexto —social, político, global— lo volvió urgente. “Me parecía que era necesario contarla en esta fecha… por cómo está la situación del mundo básicamente”, explica. No se trata sólo de un problema local ni circunstancial: los casos de violencia, los femicidios y las fallas estructurales de los sistemas penitenciarios son fenómenos que atraviesan fronteras. Y ahí, Conte reconoce una motivación íntima: “A mí los temas relacionados con la violencia de género y sobre todo la violencia sobre la mujer me atraviesan… Siento que es un tema que se habla y se habla, pero que no ha mejorado mucho la situación, sino que va empeorando.”
El contacto del director con la cárcel no nació de una investigación puntual, sino de una experiencia vivida. “Yo di durante dos años clases en una cárcel de mujeres”, cuenta. De aquel período se llevó historias, vínculos, observaciones, pero también una mirada directa sobre las contradicciones del sistema.
Ese entramado es justamente el que sostiene el proyecto: vidas que llegan al penal cargando violencias previas, carencias, abandonos. No se trata de un relato extraordinario, sino de un reflejo dolorosamente reconocible.
Conte advierte que, además del encierro y la espera, hay un elemento político ineludible: “Incluso está el hecho muy actual de que se están llevando presa a gente por las marchas… con esta derecha extrema que necesita meter en cana a quienes protestan en la calle.” La obra, así, ancla en un presente convulsionado donde los mecanismos de represión vuelven a activarse sobre los cuerpos más vulnerables.
Frente a la pregunta de si el público encontrará una salida en la obra, Conte es categórico: “No, no le doy salida. No porque tampoco se la encuentro.” Y aunque evita revelar el final, anticipa que la única salida posible “puede ser siempre extrema… Cuando un sistema no está funcionando, explota. Y explota por el peor lugar.” La contundencia de esa respuesta deja en claro que el foco de la obra no es redimir, sino mostrar: exponer las violencias, interpelar al espectador, incomodar.
En cuanto a la puesta, el dispositivo escénico también funciona como mensaje. La obra se realizará en la playa de estacionamiento de SOETeM —concreto, rejas, alambres, gris—, y el público ingresará como si fuera a visitar a un familiar preso. Conte lo define así: “La idea es que el espectador se encuentre básicamente en un espacio casi carcelario.” No se trata de imitar una cárcel, sino de recrear sus sensaciones: frialdad, aspereza, control. El diseño escenográfico utilizará elementos mínimos, dispositivos funcionales y una estructura de doble frente que permitirá que el público observe desde adentro, como si también estuviera atrapado.
A cerca de la selección del elenco, Conte dice que no fue solamente profesional sino afectiva: “Para los personajes me moví en torno al phisique du role y al cariño… si no existe el cariño o un afecto, para mí no funciona.” Esa decisión permea toda la obra, que nace desde la empatía, desde la escucha y desde la urgencia de narrar lo que no se cuenta.
“Aquellos restos que quedaron de aquel día” no busca consolar ni ofrecer respuestas fáciles. Es una obra que incomoda, que expone, que golpea. Una obra que ilumina esas historias que la sociedad prefiere no mirar y que nos recuerda que la violencia —cuando se naturaliza— se vuelve un lenguaje cotidiano. El estreno en SOETeM, en un espacio que reproduce la crudeza del encierro, propone un viaje sin alivio, pero necesario: un recorrido por los márgenes de un sistema que promete readaptación y justicia, pero que muchas veces sólo sabe sostener abandono y desesperanza.
Ficha técnica
Intérpretes: Susana Rivarola, Carolina March, Aldana Dutto, Ester Linco Lorca, Aldana Postizzi, Selene Búmbalo Lucero y Nahuel Cuello Alsina
Escenografía: Susana Rivarola
Producción y Dirección general: Alejandro Conte