Ralph Fiennes protagoniza “El menú”: “Mi personaje es un purista que perdió el alma y eso me atrajo”

La inquietante película, en la que comparte elenco con Anya Taylor-Joy, es uno de los sucesos del año. Plantea una crítica social despiadada contra los ricos y la “comida elitista”.

Ralph Fiennes protagoniza “El menú”: “Mi personaje es un purista que perdió el alma y eso me atrajo”
Ralph Fiennes y Hong Chau en El Menú. Foto cortesía de Searchlight Pictures. © 2022 20th Century Studios All Rights Reserved.

Ralph Fiennes, indiscutiblemente uno de los actores más importantes de su generación tanto en teatro como en cine, interpreta un protagónico aterrador en “El menú”, el último filme que todavía está en cartelera en las salas más importantes de Mendoza, y en el que comparte pantalla con la talentosa actriz británico-argentina Anya Taylor-Joy.

La trama se centra en una pareja que viaja a una ignota isla a disfrutar de los platos preparados por un prestigioso chef, que esta vez sorprenderá a sus comensales con un ingrediente inusual. Sin embargo, más allá de la sinopsis, la historia plantea una mirada aguda acerca del consumo de los grupos minoritarios que concentran el mayor capital a nivel mundial y que pueden acceder a este y otros lujos.

The menu bajo a dirección de Mark Mylod y producción de Adam McKay.
The menu bajo a dirección de Mark Mylod y producción de Adam McKay.

En el filme, solo doce comensales pueden tener acceso al exclusivo menú de gastronomía molecular del chef Slowik (Ralph Fiennes), cuyos ingredientes se cultivan, se cuidan y se preparan con la misma meticulosidad con que se sirven. Todo, por supuesto, a un precio exorbitante.

Ralph Fiennes comenzó como actor de Shakespeare en el National Theatre, a donde regularmente regresa, y en la Royal Shakespeare Company del Reino Unido. Luego hizo su debut en la pantalla a los 30 años en una versión cinematográfica de “Cumbres borrascosas” (1992). Su interpretación de un oficial nazi en “La lista de Schindler” (1993) y del conde Almásy en “El paciente inglés” (1996), películas nominadas a los Premios Oscar, estableció su reputación mundial, y su aterradora encarnación de Voldemort en las películas de Harry Potter lo hizo famoso.

Sus otras elecciones cinematográficas son sorprendentemente variadas, ya que van desde la popular comedia romántica “Sueño de amor” hasta adaptaciones de obras literarias como “El ocaso de un amor” y “El jardinero fiel”, o desde la extravagante y exitosa película de Wes Anderson “El gran hotel Budapest” hasta la icónica franquicia de James Bond, en la que interpreta a M, el jefe de Bond.

También dirigió la película “Coriolanus: Enemigos a muerte” (2011), que fue aclamada por la crítica, interpretando también el papel titular, y luego dirigió dos películas sobre artistas excepcionales: “The Invisible Woman”, sobre Charles Dickens, y “The White Crow”, sobre Rudolph Nureyev. Pero nunca está lejos del escenario: su proyecto actual es “Straight Line Crazy”, de David Hare, que acaba de estrenarse en Nueva York después de haber estado en cartel a sala llena en el Bridge Theatre de Londres.

En esta entrevista con la Agencia Feedback PR cuenta cómo construyó el personaje y reflexiona acerca de cambiar la pasión por la obsesión.

-¿Cuál fue su reacción cuando leyó el guion, que es bastante excéntrico?

-Me gustó justamente su excentricidad. Me pareció una propuesta bastante extrema. Este chef que perdió el alma y se convirtió en algo totalmente diferente a lo que inicialmente lo motivó a ser cocinero. Me gustó toda la situación, con esa clientela que se siente con derecho a cualquier cosa. Y el chef me pareció extrañamente compasivo, aunque hace cosas terribles. Me cayó bien, en cierto modo. Me gustó el papel por el arco narrativo del personaje, que pasa de ser un gran chef narcisista y controlador a alguien que se pone en contacto con su creatividad en la cocina con su yo más joven, cuando cocina una hamburguesa con queso al final. Me gustó todo el trayecto que recorre.

-¿Qué fue lo que hizo que le gustara?

-Lo que me gustó fue el camino que recorre este hombre, que es tan distante, tan indiferente. Cuando te ofrecen un papel, no hace falta que te guste el personaje. Es el arco del ser humano, la progresión dramática de sus estados mentales, cuando conoce a esta chica que le presenta un desafío. Me pareció un guion ingenioso, inteligente. Me gustó el juego de poder. Además, me pareció que él era un purista que perdió el alma, y eso me atrajo.

-¿Hizo un análisis del personaje antes de aceptar?

-A mí me gustan las cosas por intuición, por instinto. No analizo las cosas, me dejo guiar por lo que siento. Este era un guion inteligente, divertido, sorpresivo y tenía el potencial de ser una buena obra de conjunto coral.

-¿Qué le parece que el chef Slowik ve en Margot? ¿Por qué se siente atraído por ella?

-Bueno, al principio no se siente atraído por ella, desconfía de ella. Es cuando ella lo desafía y él la conoce más, que le parece detectar una similitud entre ellos. Él siente muy profundamente que está haciendo un servicio, que está al servicio. Él los llama “paleadores de basura”: la gente que sirve a los demás. Tiene una actitud de “allí están ellos y acá estamos nosotros”. Creo que se ve a sí mismo como un sirviente de su clientela, a la que desprecia profundamente. Y creo que él siente que ella está del lado de él. Aunque el trabajo que tiene no es gratificante para ella, él la ve como una aliada.

-¿Cuál le parece que es el mensaje de la película en relación al consumo y la gente que cree que tiene derecho a todo?

-Creo que se burla de la gente que está obsesionada por pagar precios ridículos por comida y que pierde la cabeza por la elaboración extrema de la comida, por la obsesión quisquillosa con la presentación de la comida. De la gente que está dispuesta a pagar sumas exorbitantes de dinero por eso. También es una sátira del tipo de chef que hace ese tipo de comida. Es una burla a la cocina elitista. Pero los tipos de personajes representados también son divertidos. Es un guion muy ingenioso y (el director) Mark Mylod logró actuaciones extraordinarias de todo el mundo. Es entretenimiento. Pero no sabemos lo que va a pasar, así que también es una especie de thriller o casi una película de terror.

-Es una obra clásica de cuarto cerrado. ¿Qué efecto tuvo en ustedes estar todos juntos en el mismo set?

-Bueno, estábamos como grupo yo diría que el 85 por ciento de la película, y la rodamos mayormente en secuencia. Era parecido a la atmósfera de una compañía teatral. Y Mark Mylod generó un gran espíritu de colaboración. También fue muy hábil para representar la olla presión de emociones que afectaban a toda la clientela, el pánico creciente, la sensación de estar atrapados, la lenta intensificación de su inquietud y de su miedo. Gran parte de esa atmósfera la logró siguiendo a todos los personajes durante todo el transcurso de la película. Ellos llegan confiados y con cierto grado de soberbia. “Aquí estoy yo, en este restaurant de lujo”. Hay una cierta jactancia. Luego comienzan a inquietarse. Mucho de lo que se ve representado proviene menos de nuestra sensación de estar atrapados, dado que estábamos en un set de filmación, y tiene más que ver con la manera en la que Mark quería mostrar un pánico creciente.

Ralph Fiennes y Hong Chau en El Menú. Foto cortesía de Searchlight Pictures. © 2022 20th Century Studios All Rights Reserved.
Ralph Fiennes y Hong Chau en El Menú. Foto cortesía de Searchlight Pictures. © 2022 20th Century Studios All Rights Reserved.

-En el film se nota que el chef empezó en el negocio desde mucho más abajo, siendo aparentemente una persona feliz. Ahora está amargado y desilusionado, a pesar de haber obtenido todo lo que quería en la vida. ¿Cómo se imagina que llegó a este punto?

-Una referencia útil fue la autobiografía de un chef que se llama Grant Achatz, que tiene un restaurant en Chicago llamado Alinea. Uno de los episodios de la serie de Netflix “Chef’s Table” es sobre él. Grant Achatz se crió en una cafetería, o ayudaba en la cafetería de sus padres en el medio oeste, y lentamente se fue obsesionando con la cocina y la capacitación en restaurantes de lujo de California. Cuando era joven, entró al mundo culinario desde un lugar humilde, y cuando él tiene muchísimo éxito y su cocina es considerada especial, diferente, aparece gente que quiere invertir en un restaurante.

Como actor, empecé con idealismo por el teatro y la actuación, y traté de mantenerlo, pero a veces uno se vuelve bastante cínico por la manera en la que el mundo quiere un producto y uno se queda atrapado en fines de semana de estreno y taquilla. Y todo eso forma parte de cómo funcionan las cosas.

Pero quizás como chef, podrías sentir que ahora que tienes buenas críticas y que la gente viene al restaurante, hay algo que perdiste. Perdiste el contacto con la simpleza de cocinar para que la gente disfrute la comida, perdiste la conexión puramente humana con eso. Se convirtió en una especie de caparazón de otra cosa.

-Hay una tensión entre el deseo de alcanzar la excelencia y el deseo de hacer simplemente algo que a uno le gusta hacer. ¿También le pasa como actor?

-Bueno, creo que buscar la excelencia puede implicar una especie de desconexión, si hay algo llamado “perfección” que uno puede lograr alcanzar. Yo creo que no existe tal cosa. Claro que Slowik dice exactamente eso: “Nosotros buscamos la perfección, pero la perfección no existe”. Esa parte del diálogo me llegó, porque, obviamente, somos humanos, somos complicados y cometemos errores. No existe la interpretación “perfecta” o la comida perfecta. Todo es lo que es en el momento. Y creo que eso es lo que le pasó al chef. Se le amargó el idealismo.

Ralph Fiennes y Hong Chau en El Menú. Foto cortesía de Searchlight Pictures. © 2022 20th Century Studios All Rights Reserved.
Ralph Fiennes y Hong Chau en El Menú. Foto cortesía de Searchlight Pictures. © 2022 20th Century Studios All Rights Reserved.

-Con un personaje como Voldemort, supongo que no hace falta encontrarle el corazón, pero al chef Slowik sí. ¿Es más difícil?

-A mí no me ayuda pensar en alguien como “malo”. Si me siento a ver la película, lo veo: “Ah, ese es el malo”. Pero no puedes actuarlo así. Cuando la gente trata de ver “Quién es el malo, quién es el bueno”, me frustra, porque creo que todos tenemos lo malo y lo bueno adentro. Y creo que la gente puede desviarse hacia su lado “oscuro” o hacia su lado “maligno”, pero puede tener dentro el germen de algo hermoso, y viceversa.

Y así es que había un joven chef llamado Slowik a quien le encantaba cocinar hamburguesas. Y sabía cocinar otras cosas, fue mejorando cada vez más y terminó obsesionándose con la belleza de la comida y en lo que se podía transformar. Luego perdió de vista esto y se convirtió en algo relacionado con el producto y con el éxito y con tener las mejores críticas y los mejores restaurantes: “Hoy vino tal estrella de cine, y vino tal crítico de tal publicación y gané esta estrella Michelin”. Y se desconecta de lo inicial.

Todos sabemos lo lindo que es cuando alguien te invita a su casa y te prepara una comida, porque te quieren cocinar en su casa. Eso es lo instintivo, lo natural, lo espontáneo. Si vemos el paralelo en el mundo escénico, sería cuando alguien se levanta y te canta algo, o alguien dice un monólogo de Shakespeare, espontáneamente, no porque tengan que probar nada. Peter Brook, el director de teatro que acaba de morir, escribió el mejor libro que existe sobre el teatro “The Empty Space, 1968″. Ese libro para mí es la Biblia, te enseña cómo hacer para mantenerte en contacto con tu inocencia.

Ralph Fiennes y Hong Chau en El Menú. Foto cortesía de Searchlight Pictures. © 2022 20th Century Studios All Rights Reserved.
Ralph Fiennes y Hong Chau en El Menú. Foto cortesía de Searchlight Pictures. © 2022 20th Century Studios All Rights Reserved.

-¿Qué piensa del culto del personal que trabaja con el chef? Viven en una isla, duermen en esas hileras de camitas en un dormitorio común y se alinean con su locura. Es como “El señor de las moscas”, ¿no?

-Sí. Se podría argumentar que el guion podría haber explorado un poco más la relación que él tiene con su personal y cómo es la vida de esas personas. Pero sí, es un culto. Por eso él tiene tanto poder. Es una persona con una gran capacidad de controlar y manipular a la gente. Y creo que hay chefs que generan ese tipo de intimidación. Aunque hay otros que se dan cuenta de que pueden ser mucho más abiertos. No les hace falta tener ese tipo de control mesiánico que tiene Slowik.

//Agencia Feedback PR

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