23 de noviembre de 2013 - 23:12

Especie prehumana prefería alimentos del bosque

Casi dos millones de años después de sus últimas comidas, dos miembros de una especie prehumana en el sur de África dejaron restos en sus dientes de lo que habían comido en esa época, así como durante toda una vida de buscar alimento.

Los científicos quedaron sorprendidos cuando descubrieron que estos homínidos al parecer vivieron casi exclusivamente de una dieta de hojas, frutos, madera y corteza. Si eres lo que comes, la nueva investigación y otros estudios recientes sugieren que hubo más diversidad en las dietas de los primeros prehumanos, tanto dentro como entre especies, de lo que se había entendido previamente.

Además, esto podría explicar parcialmente la diversidad física reconocida en fechas recientes entre la larga línea intermedia de homínidos pertenecientes al género Australopitecos.

El patrón dietario de la enigmática especie, Australopitecos sediba, descubierto hace cuatro años en las cuevas Malapa al noroeste de Johannesburgo, fue inesperado por varias razones. Contrastó marcadamente con datos disponibles para otros homínidos en la región y otras partes de África; consumían principalmente pastos y juncos de la sabana.

Al parecer, la dieta del Australopitecos sediba también era una cuestión de elección, no de necesidad. Otra evidencia de fósiles animales y sedimentos en el área indica la presencia en esa época de vastos pastizales en las inmediaciones. Sin embargo, estos homínidos, con sus esqueletos adaptados tanto para trepar árboles como para caminar erguidos, optaron por alimentarse en bosques contiguos.

En esto, destacaron científicos, su conducta fue más similar a la de los chimpancés modernos, que tienden a pasar por alto los pastos de la sabana, o quizá el homínido Ardipitecos ramidus, más simiesco, que vivió mayormente de alimentos duros hace aproximadamente 4,4 millones de años.

Un equipo internacional de científicos encabezado por Amanda G. Henry del Instituto Max Planck de antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania, informó este miércoles que la investigación respaldada sus hallazgos. Su documento fue publicado en línea por la revista Nature y aparecerá más tarde en edición impresa.

"Si estos individuos son representativos de la especie", escribieron los científicos, "el Au. sediba tenía una dieta que difería de las de la mayoría de los primeros homínidos africanos estudiados hasta ahora".

Aunado a eso, concluyeron que el "consumo inferido" de productos del bosque "incrementó la variedad conocida de los primeros alimentos de homínidos". Sin embargo, aún hay mucho que no se sabe o no está en claro sobre la especie descubierta en fecha reciente: cómo o si efectivamente está emparentada con los humanos modernos y justamente dónde encaja en el árbol familiar de los homínidos.

El descubrimiento, por Lee Berger de la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, de dos osamentas parciales -una mujer adulta, el otro un varón joven- fue la base para el anuncio hace dos años de la nueva especie homínida. Estos y al menos otro espécimen adulto indican que estos homínidos medían poco más de 1,20 metro y tenían pequeños cerebros, así como una mezcla de anatomías primitivas y más modernas. Berger fue uno de los autores del nuevo informe en la revista.

Muy pocos paleoantropólogos más coinciden con el alegato de Berger en el sentido que la nueva especie es el ancestro más posible que se conozca de los humanos arcaicos y modernos.
El grupo de Henry dijo que los estudios de fósiles adicionales de las cuevas Malapa "suministrarán un mejor entendimiento de la ecología dietaria del Australopitecos sediba".

Ian Tattersall, paleoantropólogo en el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York, quien no estuvo involucrado en la investigación, dijo que los hallazgos eran "muy intrigantes" y que la investigación es "un enfoque imaginativo y por varios frentes que te hace querer saber más sobre esta especie morfológicamente inusual".

"Para buena fortuna", agregó Tattersall, "los rumores dicen que hay más especímenes en camino". El equipo de Henry siguió tres líneas de investigación. Una fue un análisis de isótopos de carbono extraídos por láser del esmalte de dientes, una de las partes más duraderas y menos contaminadas del cuerpo, la cual también preserva firmas químicas de lo que fue comido en la juventud del individuo.
 
El tipo y cantidad de isótopos dejados por una dieta de hojas de árbol, fruta y corteza estaban bastante fuera del rango de aquéllos vistos en todos los homínidos sometidos a pruebas anteriormente; cuando menos 95% de comida del bosque.

Un segundo enfoque fue un estudio de microdesgaste dental, que puede revelar huecos, rayones y grietas dejadas por comidas duras consumidas poco antes de la muerte. Tattersall dijo que esto "no contribuye mucho a aclarar la situación, ya que, al parecer, difiere considerablemente entre los dos individuos".

Finalmente, partículas microscópicas de plantas, conocidas como fitolitas, fueron recuperadas del sarro dental por primera vez de un homínido muy antiguo (pero sólo de uno de los dos individuos). Los científicos dijeron que esto al parecer confirmaba la evidencia de carbono isotópico para dietas de tierra boscosa.

Benjamin H. Passey, geoquímico en la Universidad Johns Hopkins, quien condujo las pruebas que determinaron el alto radio de isótopos de carbono que indican una dieta mayormente de alimentos del bosque, explicó la razón por la cual la investigación revestía importancia para una comprensión de la evolución humana.

"Una cosa que la gente probablemente no nota es que los humanos, esencialmente, son comedores de pasto", dijo Passey en una declaración.

"Comemos pasto en la forma de los granos que usamos para hacer panes, tallarines, cereales y cervezas, y comemos animales que comen pasto. Entonces, ¿cuándo empezó nuestra adicción al pasto? ¿En qué punto de nuestra historia evolutiva empezamos a hacer uso de pastos? Sencillamente estamos intentando averiguar en qué punto de la cadena humana empieza eso".

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