El primer caso que recuerdo sucedió la desgraciada tarde del 28 de setiembre de 2010. El portal web de espectáculos Estilo llevaba pocos meses flotando sobre redes y -como aún hoy- aprendíamos a diario cómo es esto de contar noticias las 24 horas del día (la siguiente es la primera oración con la que se choca todo aquél que se anime a la práctica poco recomendable de entablar una conversación con un editor de un medio web: "aquí no hay cierre". Es el drugstore del periodismo, podría decirse).
Con los ojos pegados a esa catarata de caracteres llamada Twitter, esa tarde del 28, como les contaba, caímos en la cuenta de que un periodista porteño que nos merece todo el respeto, tuiteó que había fallecido la actriz Romina Yan, hija de Cris Morena.
De inmediato, enviamos un mensaje directo de Twitter para chequear el terrible dato, y el colega confirmó que la pésima noticia provenía de los familiares. Inmediatamente tipeamos el titular en una pc de Mendoza, a 1.000 kilómetros, en el site de Los Andes.
Y a los pocos segundos, escuchábamos cómo algunos medios porteños comenzaban a citar que un diario serio, como Los Andes, había confirmado la noticia. La noticia ya tenía entidad. Era, lo que se dice, una desgraciada noticia que nació, como noticia, de un grave error…
Funcionó la lógica de la primicia: el apuro por sobre el chequeo. Porque la confirmación de la información no tiene tiempo. Uno puede demorar segundos o días en asegurarse que algo es cierto o falso.
¿Por qué este colega no fue replicado en el canal que trabaja? (Él después me dijo que el departamento de espectáculos de ese canal tenía sus propias fuentes y esperaban sus propias aseveraciones).
¿Por qué debíamos fiarnos de él si no tenía relación con Los Andes? Y en el fondo, y antes que todo esto: ¿qué carajo importa dar un título -y más uno tan desgraciado como éste- un minuto antes o tres después?
Aquel día aprendimos que dimos a conocer una información verdadera antes que cualquier otro medio del país, pero que podría haber sido falsa porque, a ciencia cierta, no teníamos la confirmación de los familiares de manera directa.
Aprendimos ese día, como aprendemos todos los días, que la primicia, hoy por hoy, da poco y pide mucho. Muchísimo. Nos demanda que arrojemos sobre el paño las fichas de la credibilidad, el respeto y el profesionalismo.
Como dijo Roly López, editor de policiales de este matutino: "El error en el periodismo es algo que acecha permanentemente como una fiera en la oscuridad".
Es de buen periodista (y de buena gente) tratar de alejarse lo más que se pueda de esa fiera. Pero, en el fondo, sabemos que siempre vamos a convivir con ella... Porque, perdidos en un desierto de desinformación, gran parte de este trabajo consiste en determinar qué es un espejo y qué es un espejismo.
¿Consuelo de tontos?
A nivel mundial, medios prestigiosos repitieron como bobos que Omar Borkan había sido echado de Arabia Saudita por ser el hombre más guapo del planeta.
Que el creador de Mario Bros había confirmado que ese personaje de videojuegos fue pensado como “gay”. O que durante la Copa del Mundo, el jugador de Costa de Marfil, Die Serey, había llorado durante el himno de su país porque su padre había fallecido dos horas antes.
Todas estas noticias son más falsas que Judas y habían corrido por las redes y medios, sin ningún chequeo que las frenara, a la velocidad del ébola.
"La clave para no cometer esos errores es no caer en la inmediatez, olvidarse de ser los primeros en algo", comenta Michael McCutcheon, el editor de Mic.com en una entrevista publicada en Mediafactory.vc. Mic es el medio político on line que, con una estructura varias veces menor, compite de igual a igual con The New York Times o la CNN y se caracteriza precisamente por su dinamismo y velocidad para brindar las notas.
"El contenido es una combinación entre lo que habla la gente, es decir publicar lo más popular pero con un ángulo distinto, y lo que nosotros queremos mostrar, algún tema del que quisiéramos que hubiera debate, creamos agenda.
Trabajamos de esas dos maneras. Muy pocas veces caemos en esa dinámica de repetición de noticias virales", concluye.
Como ustedes saben, con la noticia de la muerte del intendente Víctor Fayad sucedió algo similar. La mayoría de los medios on line, incluido éste, la anunciaron antes de que hubiera ocurrido.
Por supuesto, en Los Andes no hubo mala intención (y suponemos que en otros medios tampoco). Se confió en una fuente que estaba en el lugar y dio por cierto algo que no había confirmado.
El título erróneo estuvo dos minutos en las pantallas de los dispositivos de nuestros lectores. Lo suficiente como para que en el seno de la redacción se produjeran varios debates y, por suerte, muchas conclusiones.
Lo suficiente como para faltar el respeto a los familiares de Fayad y a todos nuestros lectores. Lo suficiente como para confirmarnos, una vez más que, para que el periodismo no muera, hay que matar eso que conocemos como primicia.