El cuidado, como competencia integradora de cuidarse a sí mismo, a los otros y al entorno, es un paradigma que produce calidad educativa, con inclusión y felicidad. Es un concepto que nace con una mirada ética desde lo femenino -cuidar y ser cuidado- que enriquece y amplía la postura ética tradicional de obligación y deber.
La pedagoga y filósofa Nel Noddings es la primera en incorporar el concepto de cuidado en los procesos educativos y le señala dos características fundamentales: atención y desplazamiento motivacional, donde la primera refiere a sentir empatía por el otro y la segunda a actuar en consecuencia a la emoción percibida.
Entonces, una práctica educativa de cuidado implica empatizar con el prójimo -que no sólo es ponerse en el lugar del otro sino mirar desde su marco de referencia- para luego involucrar todos los medios que permitan transformar imposibilidades contingentes adversas. Un cambio de estas características no sólo avanza en mutar los mecanismos punitivos tradicionales sino que busca construir una escuela que democratice la información, la deliberación, las decisiones y la acción; que signifique las reglas desde la comunidad; que profundice el aprendizaje emocional y empoderamiento de todos los actores escolares, para que genere vida y cultura política escolar, como resultado de sus interrelaciones.
Cambiar el paradigma punitivo por uno restaurativo, como propone la ética del cuidado, permite recuperar al victimario, ya que víctima y victimario deben reconocer que se rompió un vínculo ético y, por ende, definir la manera de repararlo, comprendiendo por qué el acto cometido se desvió de la norma: se acuerda un pacto de solución a las dificultades que motivaron la agresión para recuperar la paz. Dentro de este marco se comprende el pedido de Kiara, la niña de ocho años, golpeada por sus compañeros en una escuela de Berazategui: "Quiero volver a mi escuela y preguntar a los chicos por qué me pegaron".
En su inocencia, Kiara se enmarca en el paradigma del cuidado, cuando reclama "quiero que me expliquen", porque el diálogo entre víctima y victimario es parte necesaria de la reconstrucción del vínculo ético roto. Los adultos, en cambio, reclaman otras respuestas: si los victimarios serán expulsados o si Kiara deberá cambiar de escuela. Ante el deseo de Kiara de obtener una justicia restaurativa, la sociedad le sigue ofreciendo y reclamando una justicia punitiva.
Las transiciones son siempre difíciles. No es preocupante que el discurso se tiña con lo punitivo y describa estos nuevos enfoques como facilistas o que deterioran aún más las reglas sociales. Lo que no debería suceder es que se eluda el debate. Un proyecto institucional de una escuela pública de Mendoza investigó sobre las prácticas escolares que cuidan y encontró que permiten ampliar la mirada sobre el quehacer de la escuela y poner en el centro del análisis la calidad de las prácticas de enseñanza-aprendizaje, el estilo de las relaciones que se establecen entre los actores escolares y los espacios de participación de los actores escolares.
Calidad de las prácticas de enseñanza-aprendizaje
Es frecuente, en las escuelas, que se lean las prácticas de enseñanza aprendizaje en forma estadística: sólo es señal de alarma si un curso manifiesta un nivel alto de desaprobados. Con la ética del cuidado, el acento se pone en la mejora personal sostenida de niños y jóvenes para lo cual se vuelven sustantivas las buenas prácticas de enseñanza aprendizaje, el control del trabajo no autoritario, la ayuda, atención y preocupación por el proceso de aprendizaje y la educación en valores trascendentes.
Calidad en el estilo de las relaciones que se establecen entre los actores escolares
En las instituciones escolares se establecen parámetros e instancias de control, para verificar que -como señala la canción infantil- "cada cual cumpla su juego". Son mecanismos de control basados en la desconfianza que debe desarticularse para entrar en una pedagogía del cuidado o, mejor aún, recuperar la sabiduría infantil como nos recuerda otra canción: "Dios quiera que el hombre pudiera volver a ser niño un día para comprender".
En un cuarto grado de la escuela mencionada, los alumnos organizaron un debate ante reiteradas pérdidas de útiles escolares. Decidieron rotular sus útiles y poner una caja en el aula, donde fuera posible colaborar con lápices, gomas, sacapuntas, etc., de modo que quien lo necesitara pudiera tomarlo de la caja.
La primera medida de rotular les permite evitar confusiones, por lo que no infieren mala fe en la toma de útiles ajenos sino posible distracción; con la segunda solución, asumen una circunstancial necesidad de sus compañeros y la satisfacen voluntariamente para que ellos no se vean obligados a tomar útiles sin permiso.
Ahora bien, si la reunión se hubiera realizado con padres cansados de que sus hijos pierdan útiles en la escuela, las conclusiones ¿tendrían este tenor o serían punitivas? Para la ética del cuidado, la calidad en las relaciones escolares es observable y se puede mejorar según tres aspectos: actitud, que implica un modo de hacer diligente y con humor; relaciones fluidas que evitan quiebres de comunicación por prejuicios o falta de información, y promoción de integración de los alumnos por parte de los adultos de la escuela.
La ética del cuidado también considera y valora la capacidad afectiva: amistad, contención y comprensión; la estructura edilicia que no siempre es cordial con alumnos y profesores y la apertura institucional, en sentido de libertad, respeto y buen trato al hacer y opinar. Calidad de los espacios de participación de los actores escolares
En las escuelas, las acciones participativas exigen de mucho esfuerzo. Las prácticas de cuidado se traman en la cultura participativa de los actores escolares, abriendo espacios de participación en las decisiones y empoderándolos para que ocupen su lugar y se apropien de sus propios actos de trabajo.
La escuela es el lugar privilegiado de aprehensión de códigos socio-lingüísticos de paz y convivencia respetuosa. Con la ética del cuidado se mejora la calidad educativa, que implica más que aumentar horas de matemática y lengua o incluir educación social y emocional. La educación, como sistema complejo que se refleja en los aprendizajes de los alumnos, exige abordajes sistémicos que involucren todas sus dimensiones.
En palabras del sociólogo Leonel Narváez, premio Educación para la Paz de la Unesco: "La calidad de la educación del futuro se medirá por la capacidad de educar para la paz y para la convivencia".
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Diana Cristina Sosa - Magister en Planificación y Política Social. Coordinadora para la Argentina del Programa Internacional de Medición y Pilotaje de la Pedagogía del Cuidado