Paso todos los días por la Basílica de San Francisco, como recorrido que realizo con mi nieto, alumno del San Buenaventura. Lo que veo en la pequeña explanada que está al final de la escalinata de la Iglesia es un asentamiento de hombres y mujeres muy jóvenes, con algunos niños pequeños arriba de colchones.
El panorama es verdaderamente espantoso ya que, además de encuadrarse en la figura de “usurpación de espacio público”, al no haber presencia estatal, se agrava y extiende hacia las otras escalinatas que conducen al templo: hombres muy jóvenes pidiendo limosna para comer y durmiendo todo el día sin hacer nada.
Los niños que salen del colegio en compañía de sus padres o abuelos deben presenciar y "naturalizar" este panorama que las autoridades parecen ignorar siendo que es notoria su presencia porque el asentamiento de estos indigentes cada vez es más numeroso.
La suciedad y los restos de sus heces han conformado una costra que es un verdadero foco de infección en las escalinatas, que debería estar libre de usurpaciones. La pregunta que surge es más que obvia: ¿A qué se debe que las autoridades miren para otro lado y no hagan nada para reubicarlos en espacios de rehabilitación o contención?
* Isabel Baccarelli. Profesora de Literatura jubilada.