Más gente vive en la calle: una cruel realidad

La pobreza y la indigencia, que colocan a tanta gente en la calle constituyen una de las grandes deudas de la democracia desde su recuperación. Ha transcurrido el tiempo suficiente para que la política, con la experiencia necesaria, pueda consensuar líneas de acción en el tiempo, independientemente del signo político que se encuentre ocasionalmente a cargo de la conducción del Estado.

Un estudio encarado por iniciativa oficial arrojó cifras preocupantes sobre la situación social en gran parte del país.

La información surgió del primer relevamiento nacional de personas en “situación de calle” realizado en abril. El trabajo dio un total de más de 9.400 ciudadanos “sin techo” en casi toda la Argentina, registrando Mendoza, puntualmente, 421 personas en tan precarias condiciones.

Lamentablemente, el dato no refleja toda la situación nacional, ya que cinco provincias, entre ellas Buenos Aires, de gran superficie y muchos conurbanos, decidieron no adherir y, por lo tanto, no participar del relevamiento.

Inevitablemente se puede deducir que hubo alguna especulación política que impidió que la totalidad de los distritos populosos del territorio nacional fuese relevada. La política y sus hábitos siempre dudosos.

Además, como también se informó, la cifra oficial fue cuestionada en esta provincia por la Fundación Puente Vincular, entidad que indicó que en 2025 tenían contabilizadas más de 1.000 personas sin lugar para vivir, por lo que consideran que las 421 censadas en esta oportunidad no coinciden con sus propias estimaciones, si se tiene en cuenta la actual situación económica y que oficialmente se admitió que en nuestra provincia la cifra anterior se duplicó.

No faltarán voces que indiquen que el problema de la gente que vive en la calle se registra en muchas ciudades y grandes capitales del mundo, lo cual es cierto. Generalmente, abundan los casos de personas afectadas por enfermedades de carácter psiquiátrico u otras afecciones mentales que recurren a dicha metodología de vida. Pero en el caso de la Argentina la alarma se enciende cuando se observa que muchos de los casos derivan de situaciones puntuales de franca decadencia social.

Como reiteramos cada vez que desde este espacio nos referimos al tema de la pobreza, la realidad muestra una situación social delicadísima, que actúa como flagelo y que suma muchos años afectando a buen parte de la sociedad argentina.

Es una dolorosa crisis en aumento a la que, gobierno tras gobierno, lamentablemente la dirigencia política no le encuentra una solución. Las estadísticas son elocuentes.

Y no dejaremos de recordar que la pobreza y la indigencia, que colocan a tanta gente en la calle, como hemos advertido, constituyen una de las grandes deudas de la democracia desde su recuperación. Ha transcurrido el tiempo suficiente para que la política, con la experiencia necesaria, pueda consensuar líneas de acción en el tiempo, independientemente del signo político que se encuentre ocasionalmente a cargo de la conducción del Estado.

Por lo tanto, en este momento puntual, en medio de un ajuste de la economía que no por ser necesario debe olvidar a los desprotegidos, se necesitan autoridades sensibles para aliviar la situación.

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