En la primera quincena de julio se registraron incendios de viviendas humildes en distintos puntos del Gran Mendoza y en la Zona Este, siniestros que dejaron a las familias afectadas en las peores condiciones de subsistencia.
El porcentaje de hábitats en pésimas condiciones en distintas zonas de nuestra provincia es alto y por ello el fantasma del incendio destructivo está muy presente.
En la primera quincena de julio se registraron incendios de viviendas humildes en distintos puntos del Gran Mendoza y en la Zona Este, siniestros que dejaron a las familias afectadas en las peores condiciones de subsistencia.
Los hechos se registraron en Las Heras, San Martín, Guaymallén y en el área de la ruta 82, jurisdicción del distrito Las Compuertas (Luján de Cuyo).Son episodios que se vienen repitiendo con alarmante frecuencia y que ocurren en asentamientos de casas precarias por una combinación de instalaciones eléctricas clandestinas o defectuosas, el uso de fuentes de calor inseguras (velas, braseros y estufas) y la alta inflamabilidad de los materiales de construcción empleados en esas unidades, todo esto agravado por la densidad habitacional que facilita la rápida propagación del fuego.
Todo tiene que ver con las carencias económicas que sufren vastos sectores de la población que ocupan unidades habitacionales de muy baja calidad e inseguras por los materiales empleados para levantarlas.
En los casos registrados, la consecuencia de los incendios son el total desamparo en que han quedado los grupos familiares. Incluso en uno de los hechos un hombre joven, de 35 años, tuvo que ser internado en terapia intensiva, víctima de graves quemaduras al quedar atrapado por el fuego en una vivienda insegura, en El Bermejo (Guaymallén).En la situación de los siniestros registrados en Las Compuertas (km 25), las llamas afectaron tres hogares y dejaron a familias a la intemperie. Los vecinos, mientras llegaban los bomberos voluntarios de Luján, intentaron iniciar el combate con los matafuegos manuales que se suele tener en las casas, comprobando dramáticamente que los extintores, que habían sido sometidos a control y recarga, no funcionaban.
El trasfondo doloroso de estas desgracias, que esperemos no se repita, aunque las bajas temperaturas seguirán, tiene una contrapartida. En la mayoría de los hechos narrados hubo una solidaria respuesta de la población, con la donación de distintos elementos para los damnificados. También por la intervención de las direcciones de asistencia social de los municipios.
La forma de mejorar la situación que describe esta columna, sería conseguir una mejora progresiva en la infraestructura en los denominados barrios populares, que son los asentamientos donde se producen estos incendios por el uso de materiales altamente inflamables.
Con la existencia de por lo menos 360 barrios populares en Mendoza la realidad es muy complicada. El porcentaje de hábitats en pésimas condiciones es alto y el fantasma del incendio destructivo, muy presente.
Deberían reanudarse proyectos de infraestructura en esos lugares, consistentes en redes de agua, cloacas, electricidad y asfalto.Es verdad que la asistencia federal se ha retirado, pero la provincia dispone de la ley 9.428, que creó el Comité Provincial para la Integración Socio-Urbana para coordinar trabajos con fondos propios y mesas barriales.