La falta de diálogo y la intolerancia

La falta de diálogo, las malas palabras, las indirectas disfrazadas de chistes, la burla constante, creerse la medida de todas las cosas y la intolerancia socaban irremediablemente el contrato social.

En la antigua tragedia griega la violencia (que jamás se representaba en escena) era el motor para que el público, por medio de la catarsis, purificara su alma y reencausara su vida, paradójicamente, la violencia era la que conducía el carro para la restitución del orden perdido.

En nuestra sociedad, la violencia no es restitutiva de la ley, es la norma y no la excepción para solucionar cualquier problema; la agresividad manifiesta desde el lenguaje, los gestos y las acciones conduce un vehículo con destino incierto que amenaza con detenerse en un lugar del que no hay retorno.

La falta de diálogo, las malas palabras, las indirectas disfrazadas de chistes, la burla constante, creerse la medida de todas las cosas y la intolerancia socaban irremediablemente el contrato social.

Creo que es momento de dejar de responsabilizar al otro o a algunas instituciones como la escuela (ella es la caja de resonancia de la sociedad) culpándolos de este flagelo. Debemos tomar el volante de este colectivo en el que todos estamos subidos, reconocer nuestras responsabilidades como individuos o familia y redirigirlo hacia un camino en el que la violencia no sea la única respuesta a la tragedia del mundo moderno.

* Lelia Musa. Docente y escritora.

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