4 de septiembre de 2014 - 00:00

Es la inflación, Cristina

La presidenta sigue celebrando cifras que deberían preocuparla como estadista y debería comprender como rentista. El gasto público diario es hoy superior al de hace once años por mes. La leve distancia con la hiperinflación.

En la noche del lunes 1 de setiembre, al hablar ante el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM), la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se congratuló del acuerdo alcanzado, que llevará el SMVM a 4.400 pesos a partir de este mes y a 4.716 en enero de 2015.

Adelantándose cuatro meses a los hechos, la presidenta comparó esos 4.716 pesos con el mínimo de 200 que regía en junio de 2003, primer mes completo de la presidencia de Néstor Kirchner, para concluir que se trata de un aumento de 2.389 por ciento.

En verdad, los 4.400 pesos de mínimo de setiembre representan un aumento nominal de 2.100% respecto de junio de 2003 y, con la suba de enero, el acumulado será de 2.258% respecto de junio de 2003.

Pero más importante que el erróneo porcentaje que citó la presidenta, seguramente debido al cálculo apresurado de alguno de sus asistentes, es el dislate que dijo a continuación:

"Y la pregunta que uno también debiera hacerse y creo que tienen que hacerse todos los argentinos y está bueno que así sea, (es) qué cosas han aumentado, en estos años, 2.389 por ciento. Por cierto, podemos hablar de la inflación. Calculemos que la inflación hubiera sido cien por ciento de inflación, por año, o sea le sumamos al Congreso Nacional, más el Congreso de Chile, el Congreso de Paraguay, el de Bolivia y Brasil y llegamos a una inflación del cien por ciento anual. Bueno nos estaría dando 1.100 por ciento y estamos con un salario que subió 2.389 por ciento. Esto para terminar con algunas discusiones y, sobre todo, con algunos latiguillos y slogans y cuestiones que uno escucha permanentemente, sin mayor asidero económico, sin mayor sentido común y sin mayor sentido lógico porque los números allí están".

Dejemos de lado el sarcasmo con el que la presidenta buscó desacreditar el "índice Congreso" que cada mes presentan legisladores de la oposición tomando el promedio de inflación estimado por varias consultoras privadas. Lo que cuenta aquí es que, según Cristina, si los precios aumentaran 100%  por año, en 11 años acumularían un aumento de 1.100 por ciento.

Más que un error matemático, se trata de una fenomenal muestra de incomprensión de la realidad. Cuando los precios aumentan, lo hacen sobre valores sucesivamente mayores, que van empequeñeciendo, hasta hacer irrelevante el punto de partida. Un bien (o un índice) cuyo valor se duplica cada año, en dos años no aumenta 200, sino 300%, y en tres años no aumenta 300, sino 700%, y en cuatro no 400, sino 1.500 por ciento.  En once, calculó el economista Lucas Llach, la inflación acumulada supera el 102.000 por ciento. Maravillas del "crecimiento exponencial".

CFK no sólo debería saberlo por su responsabilidad como presidenta, sino también por experiencia. Porque, más allá de los métodos, ¿cómo se explica, si no, que una fortuna familiar de $ 2 millones en 2002, antes de que los Kirchner llegaran al poder, hoy probablemente sobrepase los cien millones (Cristina declaró $ 55 millones de fortuna personal en 2013, luego de haber cedido la mitad del patrimonio matrimonial, tras la muerte de Néstor Kirchner, a sus hijos Máximo y Florencia), un aumento superior al 5.000 por ciento?

Vale la pena, igualmente, seguir con el desafío implícito en la frase presidencial. ¿Qué cosas aumentaron tanto entre 2003 y 2014, como para compararse con el aumento del Salario Mínimo?

La respuesta no es muy difícil: el gasto público.

En mayo de 2003, el último que puede definirse como "la era pre-K" (Néstor asumió el 25 de ese mes, en el 30 aniversario de la asunción del "Tío" Cámpora) ), el gasto primario del sector público nacional (esto es, excluidos los intereses de la deuda y la parte del gasto de las provincias no financiada por transferencias de la Nación) fue de 3.891,3 millones de pesos. En junio de 2014, último para el que la secretaría de Hacienda suministra cifras oficiales, el monto (siempre excluyendo los intereses de la deuda, que la presidenta decidió pagar saqueando los fondos del BCRA y de la Anses)  fue de 107.989,4 millones de pesos. Un aumento de 2.675 por ciento respecto de mayo de 2003.

Suponiendo, conservadoramente, un aumento de 10% entre junio y setiembre, la suba acumulada sería ya de 3.000%. En otras palabras, el gobierno de Cristina gasta hoy, por día, más de lo que el sector público nacional gastaba por mes cuando los Kirchner llegaron al poder. Con otro empujoncito de 10% para enero de 2015, el aumento acumulado del gasto primario superará el 3.250 por ciento, contra el 2.258% (no 2.389%, como dijo CFK) del salario mínimo.

Por ahora, la inflación, aunque alta, no se espiraliza, en buena medida porque, por el cepo cambiario y tasas de interés nominalmente atractivas (aunque inferiores a la inflación), quienes tienen algún margen de ahorro no pueden hacerse fácilmente de dólares y el resto de la población es incapaz de seguir o cuanto menos remisa al consejo presidencial de "consumir, consumir".

Lo que separa la situación actual de una hiperinflación no es la medida del gasto público ni de la emisión monetaria que, aunque importantes, lo son menos que el factor decisivo: que todavía haya suficientes argentinos dispuestos a tener en su bolsillo o en sus cuentas bancarias pesos que cada día valen menos.

Esa levedad, por ahora soportable, que los economistas llaman "demanda de dinero", separa una situación mala (recesión, alta inflación, desempleo en aumento, erosión salarial, problemas sociales, inseguridad) de otra mucho peor.

Despiértese, presidenta. La inflación está corroyendo no sólo el poder adquisitivo sino también los cimientos de la economía y la vida cotidiana. Si usted sigue esmerándose en desligarse de responsabilidad, en denunciar conspiraciones y buscar culpables fuera de su propia gestión, devorará definitivamente también su presidencia.

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