16 de febrero de 2019 - 00:00

Epidemia de vendimias - Por Jorge Sosa

La Fiesta de la Vendimia está adquiriendo proporciones mucho más amplias que las que ya tenía (que no eran pocas).

Las fiestas departamentales son cada vez más ambiciosas y juntan una tracalada de gente impensada en tiempos anteriores. No se fijan en gastos los intendentes y contratan a importantes puestistas para hacer una fiesta sobresaliente.

Y lo logran. Este año se han realizado fiestas departamentales que compiten con la vendimia central en magnitud. La Fiesta de Junín, por poner un ejemplo, ya viene dando que hablar desde hace algunos años y el despliegue realizado durante la ceremonia es realmente espectacular, como que de espectáculo se trata.

También tuvo su encanto, su emoción, su asombro, la Fiesta de San Rafael, donde el viento fue el protagonista.

Se cuentan historias, se preparan coreografías, textos especialmente escritos para la fiesta, escenografías de grandes volúmenes que llenan los ojos de sorpresas.  Es decir: fiestas que siguen la línea trazada por la más grande de todas que es la que se realiza en el Frank Romero Day.

Es buena época de cosecha para artistas, cantantes y bailarines por la cantidad de trabajo que se les ofrece y en esta época eso ya es un motivo de buen agrado, de satisfacción en lo artístico y en lo económico.

Pero no nos quedamos sólamente con las fiestas departamentales. Ahora también en los distritos se está adoptando esta modalidad y es una modalidad creciente.

Todo comienza cuando algunos vecinos del barrio le proponen a una niña que se destaca por su belleza, que participe  en el acontecimiento.

La familia se transforma. La nena ya es una muchachita, y puede ser reina de la Vendimia. La posibilidad los seduce y entonces comienzan los preparativos para competir dignamente. De allí todo estará ligado con la fiesta y cualquier acción que se desarrolle en el barrio, por el motivo que sea, ha de tenerla presente a la muchacha, con una banda sobre el pecho y tratando de borrar un pizarrón imaginario a modo de saludo. La muchacha se ha transformado en un espacio notable del barrio y la vida cambia para todos.

Es notable el fervor con que las barras se manifiestan en las celebraciones. Carteles, pancartas, globos, y cantos especiales para acompañar a la chica elegida.

Y en la mente de ella se presenta un escenario enorme con un despliegue inusitado de luces y efectos sonoros y más de treinta mil personas presenciando lo que puede ser su futura coronación, el logro máximo: el de reina nacional.

Desde diciembre hasta fines de febrero Mendoza vive una algarabía vendimial que no termina, que cada semana tiene una cita nueva. Estamos empapados de Vendimia y se la vive en cada barrio, en cada pueblo.

No creo que haya en el país una fiesta tan extensa, tan abarcativa. Ahora Mendoza está impregnada de festividades, no paran, y muchos operadores vendimiales andan rebotando de escenario en escenario.

Quería escribir sobre esto porque es único, una manifestación colectiva que apunta hacia el encuentro fundamental, la gran fiesta que ha concitado la admiración del mundo entero.

Transitamos por una epidemia de Vendimia y eso le hace muy bien a nuestras raíces, a nuestras tradiciones y a las formas que tiene Mendoza de decirle que sí a la alegría.

Esta noche seguramente habrá alguna. Si puede ir, seguramente volverá cantando la “Virgen de la Carrodilla”.

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