11 de mayo de 2018 - 00:00

Enojados con el gobierno, espantados con la oposición - Por Carlos S. La Rosa

Frente a cada error que comete el gobierno nacional, la oposición comete uno peor.

Se viene repitiendo sistemáticamente desde que asumió Mauricio Macri, pero en los últimos meses se  ha incrementado notablemente: frente a cada error que comete el gobierno nacional (errores que distan de ser pocos y van in crescendo) la oposición comete uno peor que acaba neutralizando el enojo popular frente al gobierno, o trasladándolo a ella.

Es que la gran mayoría de la oposición, por más que esté dividida en  infinidad de opciones, proviene del peronismo que gobernó antes. Y a pesar de las enemistades manifiestas entre ellos, hay dos cosas que los unifican: primero, a medida que se acercan las elecciones, tienden a olvidar sus cuitas y a votar juntos, con lo que a la postre acaban conducidos por la más extrema de las opciones, la que propone Cristina. Y segundo, aunque las críticas que le hagan a Cambiemos sean justas, en tanto obvian toda autocrítica por el estado en que dejaron el Estado, acusando a Macri desde una inexistente virginidad política, el pueblo tiende a indignarse más con ellos que con el gobierno, por su manifiesta hipocresía.

Así ocurrió, antes de las elecciones de 2017, con el caso Maldonado. La sociedad se solidarizó con el joven desaparecido y criticó el supuesto accionar de Gendarmería. Pero cuando vio que la oposición más que justicia o verdad lo que quería era aprovechar la desgracia para ganar las elecciones, se fue alejando, hasta que todo culminó a favor del gobierno cuando se descubrió que el muchacho nunca estuvo desaparecido.

Pero allí, al menos, no toda la oposición peronista actuó con la misma irracionalidad, sino sólo la K. Sin embargo, luego de los comicios, dos sectores supuestamente enfrentados a morir, como el kirchnerismo y el massismo, se unieron para tratar de voltear la reforma previsional. En principio, como ocurrió con Maldonado, la gente simpatizó con la crítica porque temía que se redujeran los haberes a los jubilados. No obstante, cuando vieron el dantesco espectáculo de marginales destrozando veredas y lanzando pedradas feroces a policías desarmados, mientras que en el recinto una oposición alucinada pedía que cesara la represión policial (?), la mayoría de la opinión pública, sin por ello simpatizar con la reforma macrista, se horrorizó con el accionar de estos opositores, por lo cual aun habiendo descendido Macri en popularidad, ellos descendieron más. Un récord que requiere mucha torpeza.

Y a pesar de todo, esta semana insistieron. No se cansan de horrorizar a los enojados. Cada vez con más fervor. Esta vez no fue sólo el massismo y el kirchnerismo, que ya parecen hermanitos de leche, sino que el resto de los peronistas considerados “racionales” también se les unieron para intentar frenar el aumento tarifario. Sin embargo, los peronistas “racionales” y los más “racionales” de los massistas, defendieron la irracionalidad propuesta con mala conciencia. Y se les notaba. Es que sabían que lo que estaban votando era un despropósito. Incluso hasta los mismos kirchneristas, si volvieran al gobierno, no darían marcha atrás con estos aumentos. Pero como todos saben que eso no ocurrirá porque Macri vetará la ley, no les importa jugar con la ilusión popular con tal de que el gobierno pague todo el costo y así se deteriore para los comicios de 2019.

Lo que otra vez no previeron es que el pueblo, aún enojado con el aumento tarifario, derivó gran parte de su enojo y lo transformó en furia e indignación contra el oportunismo opositor que pretende ganar votos simulando seguirle la corriente a la sociedad, como si ella estuviera compuesta por un parva de tontos. Sólo que los mentados “tontos” se dieron cuenta de todo. Y en una de esas, el veto con que pretenden desgastar a Macri hasta quizá lo termine fortaleciendo por demostrar firmeza ante tanta tontería.

Ahora viene el debate por el FMI, donde nuevamente el gobierno lleva todas las de perder frente a la opinión pública. Salvo que esta surrealista oposición termine, por enésima vez, salvando al oficialismo.

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