21 de mayo de 2015 - 11:52

Encuentran las esculturas favoritas de Hitler que estaban desaparecidas desde 1989

El conjunto escultórico representa caballos en tamaño natural. El genocida apreciaba la obra desde su despacho en la Cancillería de Berlín.

Un conjunto escultórico que recrea caballos en tamaño natural, creado por Josef Thorak para el disfrute personal del dictador Adolf Hitler, fue encontrado en un almacén de Bad Dürkheim, en Renania Palatinado, tras permanecer desaparecido desde 1989.

En el galpón permanecían ocultas las esculturas que hipnotizaron a Hitler, los caballos de tamaño natural esculpidos por uno de sus autores de culto, Josef Thorak (1889-1952) y por los que hace pocas semanas se ofrecía en el mercado negro hasta cuatro millones de euros, informa el periódico El Mundo.

Las obras fueron diseñadas para que el líder nazi pudiese verlas desde la ventana de su despacho, en la Cancillería de Berlín.

Thorak, junto a Arno Breker, es considerado como el creador y máximo exponente de la escultura oficial nacionalsocialista.

Había estudiado Cerámica en Viena y comenzó a ganar fama por haber decorado el castillo imperial. El distinguido historiador de arte de la época, Wilhelm von Bode, director de los museos berlineses, escribió una monografía sobre su obra y la Colección Municipal de Berlín compró una de sus esculturas en 1928.

La propaganda traspasaba las fronteras alemanas y en 1941 una delegación de artistas franceses visitó su taller a instancias de Hitler.

Entre sus miembros estaban Despiau, André Dunoyer de Segonzac, André Derain, Kees van Dongen, Othon Friesz, Maurice de Vlaminck y Henri Bouchard.

Este último, director de la Ecole des Beaux-Arts, escribió a su vuelta: "El Estado alemán desea el bienestar de sus artistas. Estos ya no son víctimas de los críticos... Les han donado estudios para que construyan los monumentos representativos de una humanidad gigantesca y heroica que el Estado les encarga. Así honra un gran país a sus artistas y a sus obras, su cultura intelectual y la dignidad de la existencia humana, un país que ha reconocido el arte como necesidad histórica".

Hacia 1943, los bombardeos aliados aconsejaron proteger las obras y Hitler ordenó trasladar los caballos de Thorak junto a otras esculturas a un taller que tenía Breker a solo 20 kilómetros de Berlín.

Allí es donde fueron encontradas las obras de arte nazis por el Ejército Rojo y pasaron a formar parte, a partir de 1950, de la decoración de un campo de deportes del ejército soviético en Eberswalde, localidad cercana a Berlín.

Las autoridades del Berlín comunista permitían visitarlas a estudiosos del arte y a periodistas con permiso especial, pero no dejaban fotografiarlas.

En enero de 1989, la historiadora del arte Magdalena Busshart publicó un artículo sobre las esculturas en el diario Frankfurter Allgemeine y seguramente fue aquella publicación la que alertó sobre el alto valor de unas piezas que permanecían casi abandonadas.

Semanas después, una lectora de ese mismo periódico escribió una carta al director en la que advertía de que las esculturas ya no se encontraban en el lugar indicado.

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