Probablemente, las víctimas eran gobernantes de pueblos cercanos que estaban en guerra con Uxul, ubicado al sur de México, o gobernantes destronados del mismo pueblo, según los investigadores.
El descubrimiento de la fosa común en una cueva artificial se suma a la evidencia de que la brutal guerra, tortura y sacrificio de prisioneros ampliamente representados en el antiguo arte maya eran prácticas reales, dice Nicolaus Seefeld, arqueólogo de la Universidad de Bonn, en Alemania, y miembro del equipo que hizo el descubrimiento.
De las dos docenas de esqueletos descubiertos en el lugar a principios de este año, el equipo pudo determinar que al menos 13 eran hombres y dos eran mujeres. Su edad de muerte osciló entre 18 y 42 años. "Algunos tenían inserciones de jade en los dientes, lo que pensamos que significa que eran miembros de alto status dentro de la clase gobernante", señala Seefeld.
"Todos fueron decapitados, y sus huesos esparcidos", subraya Seefeld. Los huesos de los cuellos de las víctimas tienen cortes de hacha, y varios de los cráneos presentan marcas de hachazos y garrotazos.
Los cráneos estaban apilados a cierta distancia de los esqueletos en la cámara mortuoria, una caverna rectangular de 32 metros cuadrados utilizada en algún momento para almacenar agua.
Entierro al desnudo
Las víctimas fueron enterradas sin ninguna de las ofrendas o joyas típicamente vistas en los sepulcros reales, aparte de algunos fragmentos de cerámica que permitieron a los investigadores fijar aproximadamente la fecha de su masacre.
En ese entonces, Uxul era aparentemente gobernada por una dinastía local, aunque más tarde cayó bajo el control de Calakmul. Esta última ciudad fue la superpotencia del periodo clásico maya, que terminó después del 800 d.C. con el abandono generalizado, o colapso, de las ciudades llenas de pirámides de Centroamérica.
"Muy probablemente eran soldados asesinados luego de haber sido capturados en la guerra, o de lo contrario [eran] los gobernantes locales luego de haber sido usurpados", opina el arqueólogo Arthur Demarest, de la Universidad Vanderbilt, en Nashville, quien no formó parte del equipo que hizo el descubrimiento.
Originalmente, Seefeld investigó el lugar del entierro buscando el sistema de agua de la ciudad, que fue abandonada antes del 800 d.C., a principios de la era del colapso maya. En lugar de una cisterna, encontró los esqueletos enterrados bajo 2 metros de arena y una capa de arcilla. "La cueva alguna vez proveyó agua a los residentes de élite de las proximidades, pero no sabemos si hay alguna conexión con la gente que vivía allí", sostiene Seefeld.
Por ahora, el equipo espera que el análisis de isótopos químicos de los huesos revele si las víctimas decapitadas eran nobles locales o invasores capturados durante una guerra entre ciudades mayas.
Los resultados se conocerán en noviembre, agrega Seefeld, y ofrecerán más información sobre quién ganó y quién perdió esta lucha particularmente feroz.
