14 de diciembre de 2012 - 23:50

Encontraron en Alvear una langosta gigante de 15 cm

El insecto apareció en el parral de una casa. Lo exhiben vivo en el Museo de Historia Natural.

La aparición de una langosta de 15 centímetros se convirtió esta semana en la flamante atracción del Museo de Historia Natural “Salvador Calafat” de General Alvear.

El ejemplar fue descubierto por un vecino el miércoles en el parral de su casa; el hombre la encerró en un frasco y la entregó a la encargada del museo, Ana Laura Poli, para que fuera exhibida.

Bautizada “Josefina” por el personal del lugar (aunque no saben a ciencia cierta si es macho o hembra), el insecto fue colocado en un frasco más grande con algunas hojas para que se alimente (“Pero no come nada, debe estar deprimida”, comentaron), y puede ser visto junto con el resto de la exposición habitual.

“Tiene un ciclo de vida de 240 días así que no sabemos hasta cuándo puede durar. Por ahora la exponemos viva y después la vamos a disecar”, contó Poli. “Ya nos han traído otros ejemplares antes, pero no tan grandes”, aseguró.

De la especie Tripodacris collaris, esta langosta es conocida en la Argentina como “Tucura quebrachera”. Se alimenta de forrajes y hojas y llega a tener una longitud de hasta 24 centímetros con sus potentes alas extendidas, y por su tamaño puede confundirse con un ave cuando remonta vuelo.

Propia de lugares cálidos y húmedos, es común hallarla en el norte del país o ciertos sitios de Córdoba, pero es la primera vez en muchos años que se detecta una langosta de esas características en el sur provincial, aunque los investigadores del INTA desestimaron que pueda existir un riesgo de invasión para la cosecha, ya que esa clase de insectos difícilmente puedan reproducirse en la zona.

De contextura gruesa y con el último par de patas protegido por espinas, son pocos los predadores que se atreven a atacarlas. Desde 2007 han sido detectadas esporádicamente en algunos departamentos del norte de Mendoza, pero siempre en forma individual. Por lo general, suelen llegar en camiones de transporte de verduras y frutas.

Según los archivos del INTA, la última vez que este tipo de insectos asoló Cuyo fue en 1948, devastando cosechas enteras. “Cuando llegaba la manga de langostas era peor que una tormenta de piedra. En cinco minutos no quedaba nada más que el palo de la viña”, recuerda Antonio (71), que nunca olvidó cómo toda la familia intentaba combatir la plaga. “Éramos chicos y nos daban cacerolas y cucharas de madera para que saliéramos a hacer ruido y las ahuyentáramos. Nos divertíamos como locos”.

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