Como peatón y ciclista, tengo derecho a la defensa contra nuestra principal amenaza en Mendoza: los choferes del transporte público que usan el acelerador como un gatillo.
Como peatón y ciclista, tengo derecho a la defensa contra nuestra principal amenaza en Mendoza: los choferes del transporte público que usan el acelerador como un gatillo.
Por ejemplo, se paran en un cruce con semáforo en rojo y recargan con el pie derecho. Quince o veinte segundos después, cuando calculan que está por dar el verde, disparan.
No cuenta si en ese instante el confiado transeúnte vaya cruzando con amarillo, o incluso todavía con verde. Ellos dan por hecho, por obligatorio, que la potencial víctima correrá para llegar a salvo a la vereda. A veces, el de a pie no reacciona a tiempo o el freno llega tarde, y ocurre la desgracia.
A este tipo de micreros lo que más les importa es cumplir con el horario del recorrido, terminar a tiempo sin apercibimientos e irse a su casa.
En el medio, puede que se relajen parándose para conversar con otro colega, ventanilla a ventanilla, a mitad de cuadra. O jugando una picadita en una calle de barrio, si es que los pasajeros se ven apichonados y no existe riesgo de motín a bordo.
Por su lado, un buen porcentaje de los taxistas es igualmente agresivo. Por caso, si están apurados por “sacar” un viaje, si vienen embalados y ven que el semáforo está por cambiar de verde a rojo, ¡en lugar de frenar, aceleran!
Que uno venga caminando o pedaleando por la senda peatonal es para ellos un detalle menor. Es que parten de la lógica de que peatones y ciclistas son un mero obstáculo en “su” calle. O sea: hay que sortearlos, no respetarlos.
A la regla de que el peatón tiene prioridad se la limpian con la franela.
En estas circunstancias de amenaza a la vida es cuando ejerzo mi derecho a defenderme con lo que tengo a mano: el dedo medio enhiesto en el puño cerrado.
El fuck you es una reacción ingenua, comparada con el ataque: es que no ando llevando un palo en la bici, como sí se jactan de portar en el baúl, para casos extremos, algunos de nuestros enemigos al volante.
Imagino que al leer estas líneas los acusados se declararán inocentes, alegando la imprudencia y conducta temeraria de los acusadores (a quienes me honra representar, aun a riesgo de represalias contra mi persona; si algo me pasa, ya saben quién fue).
Sin embargo, su coartada se caerá a pedazos el día que los jueces de tránsito (que los hay) dictaminen viendo los videos de las cámaras de seguridad de las esquinas y apliquen multas acordes al intento de atropello.
Ya sé que para eso falta mucho, pero tal vez esta advertencia sirva para que los cowboys motorizados del centro mendocino empiecen a sacar el pie del gatillo.
Mientras, los ejércitos de peatones y ciclistas armados sólo con nuestros cascos y luces obligatorias adelante y atrás seguiremos blandiendo nuestro inofensivo fuck you, como aquel chinito que paró una columna de tanques con la mano, en la plaza Tiananmén de Pekín.