La decisión del presidente de la Cámara de Diputados de no renovar contratos que tuvieron vigencia hasta el año pasado generó otro cortocircuito entre el radicalismo y los demócratas, ya que el único diputado del PD en el espacio oficialista, Marcos Niven, perdió varios colaboradores a raíz de esa disposición.
La crisis se agravó porque Niven y la conducción partidaria, a cargo de Carlos Balter, interpretaron la decisión del presidente del cuerpo, Néstor
Parés, como la ejecución de una represalia supuestamente orquestada por el Ejecutivo, teniendo en cuenta la molestia que generó en el gobernador Cornejo el rechazo del PD al proyecto de ampliación de la Corte provincial.
Y para generar aun más intrigas, un grupo de demócratas que forman parte del Gobierno oficializaron, casi simultáneamente, el lanzamiento de una línea interna que buscará pelearle la conducción al sector de Balter en las próximas internas partidarias de marzo. Justamente, la postura con respecto a la gestión provincial es lo que produce esa grieta.
Imposible para el cornejismo mirar para el costado ante esta batalla entre demócratas. El sector que incursiona en la interna y que pretende hacerse de la conducción incluye a dirigentes de experiencia, como Richard Battagión, y de solvencia en la conducción de organismos complejos, como Josefina Canale. Otros nombres conocidos forman parte de la nueva línea, que parece tener entre sus objetivos alinear al centenario partido conservador sin lugar a disidencias con respecto a lo que se elabora en los despachos oficiales.
Para el estilo de hacer política que ejerce Cornejo, la inesperada puja intestina de uno de sus aliados resulta motivadora. El radicalismo prefiere no tener en lo sucesivo las actuales disidencias, lo que a priori le asegura el sector demócrata que lo acompaña más en la gestión.
Mientras tanto, los interrogantes a raíz de la crisis desatada son varios. ¿El único diputado del Partido Demócrata debe tener bloque propio o corresponde que sea uno más en el espacio mayoritario que integra? Como casi todo en política, el tema es discutible. Marcos Niven puede pretender un bloque propio porque no pertenece al radicalismo, ampliamente dominante en Cambia Mendoza. Pero, también es correcto contemplar que accedió a su banca como parte de una misma lista con radicales y otros sectores adherentes al espacio gobernante. Este es el argumento del cornejismo.
Más allá de estas especulaciones, no cabe ninguna duda que le asiste a Niven discrepar con las políticas del gobierno si su partido expresa diferencias, como en el caso de la nueva conformación de la Corte.
Antes y después. Sea cual fuere el resultado final de este entredicho, está claro que la confianza mutua parece haberse cortado en forma definitiva, más allá de que los demócratas díscolos hayan garantizado su pertenencia a Cambia Mendoza.
El Gobierno ya no confiará en la postura que surja de la banca demócrata cuando esté en juego algún proyecto que pueda depender del voto crucial que el actual quórum le otorga a Niven, salvo que luego de la interna de marzo otros vientos soplen en la conducción partidaria.
Otros en la mira. Mientras tanto, el cornejismo elaborará estrategias que apuntarán a una necesaria apertura hacia la oposición. El reciente tratamiento del Presupuesto de este año fue una muestra al respecto y las correcciones que en febrero deberán hacerse, como también a la Ley Impositiva, como consecuencia de los efectos del nuevo Pacto Fiscal con la Nación, pondrán a prueba una vez más esa idea de acercamiento al justicialismo, que desde ahora mucho más necesitará Cornejo para destrabar las discusiones legislativas complicadas.
Por esas vueltas de la política, el cornejismo se abre a la oposición peronista que hasta ahora no había necesitado. Es que el nuevo año le da la oportunidad al jefe oficialista de volver sobre algunos temas con los que no tuvo éxito político en 2017. El fuerte golpe que le significó no poder aprobar la ampliación de la Corte de 7 a 9 miembros, por el voto en contra de Niven y la ausencia justicialista, lo llevó a conseguir a través de los intendentes el respaldo justicialista que necesitaba en el recinto.
La experiencia reciente lo lleva al Gobierno a deducir que en el actual escenario le resulta más práctico negociar con parte del justicialismo que depender de los votos de sus aliados. Y a los intendentes del PJ, por su parte, les conviene asegurar recursos que disponga la Provincia porque -ya se ha dicho- los “caciques” saben, encuestas en mano, que seguirán siendo fuertes en sus territorios, pero toda apurada aventura para proyectarse en la provincia, pensando en 2019, les puede significar no llegar a esa meta y además ceder terreno en su ámbito.
Con ese panorama, ¿se darán las condiciones para que el oficialismo logre la aprobación de la ley que aumenta el número de jueces del máximo tribunal de la Provincia? No habría que descartar esa posibilidad.
La resistencia a los pretendidos 9 miembros no sólo fue del demócrata Niven y de un justicialismo que advirtió las fisuras oficialistas e hizo valer su número de legisladores para rechazar la iniciativa. En un comienzo hasta el Pro, conducido por el intendente De Marchi, expresó su sorpresa por la inconsulta iniciativa del Gobierno, pero pronto cambió de posición cuando los alfiles legislativos de Cornejo se apersonaron a las oficinas macristas y explicaron razones y formas de la propuesta. Enojo superado.
Probablemente esas mismas voces del oficialismo deban acercarse muy pronto a los despachos de los estrategas territoriales del PJ en busca del consentimiento para una Corte más grande. Ese posible guiño debería trasladarse al ámbito legislativo.
Los hechos han querido que el nuevo año encuentre al Gobernador, una vez más, en el centro de la escena política. Un lugar que por su impronta y su estilo de gestión difícilmente ceda en lo inmediato. Y la necesidad de negociación pone a la vista una faceta de Cornejo no siempre observada.