El empleo en Mendoza revela tres tendencias interesantes: pasamos de la destrucción a la creación de empleo, pero con importantes disparidades sectoriales; existe un “boom” de empleo independiente; la informalidad no cede y seguirá siendo el eje del debate.
Aire para el mercado laboral
El año que acaba de cerrar terminó con una creación positiva de empleo privado registrado (asalariado) cercano al 1%. La tendencia no es lineal, comenzamos el primer semestre con un crecimiento nulo, y hacia el segundo semestre primó una tasa de crecimiento cercana al 2%. La intensidad de creación de empleo fue en aumento; sin embargo, su gradualidad aún no permite compensar la caída sufrida en 2016.
A su vez, el crecimiento económico esperado para este año (cercano al 3,5%), y las consultas recientes realizadas sobre más de 250 empresas de Mendoza auguran un 2018 positivo. Según el Ministerio de Trabajo, este año el 16% de las empresas esperan aumentar su dotación de personal, el 4% la disminuiría y el resto la mantendría estable. La creación neta esperada en el empleo (empresas con aumento menos empresas con reducciones de personal) muestran niveles de optimismo que no se advertían desde el año 2011.
En definitiva, a un ritmo lento y posiblemente sostenido, el mercado de trabajo viró su tendencia y comenzó a generar empleo. El gradualismo general del mercado esconde asimetrías sectoriales. El sector de la construcción acciona de locomotora del crecimiento, servicios acompaña, industria cae.
Estas tendencias sectoriales responden a cuestiones coyunturales y estructurales. Las actuales señales macro son más favorables para actividades relacionadas con servicios (y no tanto para industria o agro); mientras que la política fiscal y financiera impulsan un elevado crecimiento de obras públicas y privadas.
No obstante, más allá de estas características coyunturales, el cambio tecnológico está creando una nueva matriz de empleo en Mendoza que tiende a profundizarse. Hace 20 años, más de la mitad del empleo privado en blanco de Mendoza lo aportaba el sector de bienes (agro e industria principalmente); actualmente este sector perdió 10 puntos de participación y la nueva matriz es 40% bienes y 60% servicios. A futuro nuestros empresarios declaran que esta tendencia se profundizará, y las ganancias de productividad en la industria, energía, minería y agro serán posiblemente a expensas del empleo; mientras que las ganancias de productividad en los servicios serán generadoras netas de empleo (estudio realizado por la UNCuyo en 2017). En definitiva, servicios sostendrá cada vez más nuestra matriz ocupacional.
El empleo independiente
Los trabajadores por cuenta propia representan a 1 de cada 4 trabajadores en Mendoza. Este grupo, que había permanecido prácticamente estable entre 2013 y 2016, en 2017 creció por encima del 10%.
Sucede que los sectores más dinámicos en la actualidad son aquellos que concentran más empleo independiente. El 80% del empleo independiente se genera en la construcción, el comercio, y los servicios privados. En la medida que sean estos sectores los que más traccionan, es esperable que siga creciendo esta modalidad ocupacional.
Por otro lado, dentro del grupo de trabajadores independientes ocurre algo interesante. En abril de 2016 se oficializó el cobro de la Asignación Universal por Hijo (y otras asignaciones por discapacidad, nacimiento y ayuda escolar) para familiares de monotributistas. Se eliminó una inicua discriminación que existía sobre este segmento de trabajadores, que estaban marginados de estos beneficios. Ello motivó un intenso crecimiento en la cantidad de monotributistas, muchos de los cuales ejercían su actividad desde la informalidad y no se registraban para no perder la Asignación Universal por Hijo. Este aspecto tiende a reducir la informalidad sobre este grupo de ocupados.
En definitiva, el empleo independiente es significativamente más dinámico que el asalariado, y gana 2 puntos de participación en el mercado laboral con un sesgo hacia la formalidad.
La informalidad en debate
A pesar del mayor incentivo a la formalidad en el empleo independiente, los mismos representan sólo un cuarto del mercado laboral; en los tres cuartos restantes la informalidad no da tregua.
Sucede que los sectores que empujan el crecimiento ocupacional son los que mayor incidencia de empleo informal poseen (construcción, restaurantes y hoteles, comercio) mientras que el empleo en aquellos sectores con menores niveles de informalidad crece muy marginalmente (industria, transporte, comunicaciones, servicios públicos). Como resultado, la informalidad tiende a crecer.
En este contexto, la Reforma Tributaria aprobada recientemente avanzó en una reducción gradual de las contribuciones patronales, buscando promover más competitividad y formalización. A su vez, este año se pretende avanzar con estímulos al blanqueo de trabajadores no registrados. Esta iniciativa no es nueva, se implementó en 2009 y 2014; con nulos efectos sobre los niveles de informalidad de Mendoza. El desafío será esta vez diseñar una mejor política que las implementadas en el pasado.
La informalidad no sólo se relaciona con la demanda de trabajo (empresas que crean empleo informal), sino también con la oferta ya que existe una elevada proporción de trabajadores no calificados. Según el Ministerio de Trabajo, el 13% de las empresas de Mendoza no logran cubrir los puestos vacantes. Existe un déficit de calificaciones para los tiempos que corren.
En definitiva, gradualmente, Mendoza vuelve a crear empleo con perspectivas que pueden resultar positivas; pero con aspectos a considerar respecto de los sectores capaces de sostener el empleo, las modalidades de contratación y la calidad del empleo. Qué implicancias tiene esto en términos de las políticas educativas, laborales y de fomento productivo son dilemas sobre los cuales vale reflexionar.