El gesto simbólico de la entrega de las llaves de la ciudad al Rey Momo inaugurará hoy en Río de Janeiro, Brasil, los festejos oficiales del mayor carnaval del mundo, aunque este año en 22 ciudades del sur del país la fiesta fue cancelada a raíz del incendio en una discoteca que dejó 238 muertos.
Entre hoy y el miércoles próximo Río de Janeiro abandonará sus rutinas habituales para entregarse totalmente a las celebraciones comandadas por el monarca del Carnaval, que arrastra a millones de personas a bailar en las calles.
Este año, sin embargo, no todo Brasil estará de fiesta.
Al menos 22 ciudades del Estado de Río Grande do Sul cancelaron el Carnaval, a raíz del incendio ocurrido el 27 de enero en la discoteca Kiss de la ciudad de Santa María, que causó la muerte de 238 personas, en su mayoría jóvenes universitarios, informaron las autoridades.
Pero en Río de Janeiro, aunque el corso oficial comienza hoy, ya se presentaron, en algunos barrios, al menos un centenar de comparsas, arrastrando a miles de personas.
En el corso central, el año pasado, el grupo más antiguo de Río, Cordao do Bola Preta, reunió a 2,2 millones de personas en las calles céntricas de la ciudad y espera superar este récord mañana.
En tanto, en el noreste del país los bailes de carnaval serán aún más multitudinarios, ya que millones de personas bailarán frenéticamente en las calles día y noche al ritmo del "axé music", en Salvador de Bahía y del "frevo", en las ciudades de Recife y de Olinda, en el Estado de Pernambuco.
Pese a la creciente competencia de las ciudades nororientales, Río de Janeiro sigue siendo la capital del Carnaval brasileño, gracias principalmente al monumental desfile de las escuelas de samba, un espectáculo de brillo, lujo y color que todos los años atrae a miles de turistas y a millones de televidentes de todo el mundo.
El Carnaval también equivale a una auténtica pesadilla para miles de cariocas que huyen de la batucada, los ríos de cerveza y todos los excesos que caracterizan a la mayor fiesta a cielo abierto del mundo.
El gobierno de Río de Janeiro calcula que unos seis millones de personas -incluidos 900.000 turistas- participarán este año de los seis días de fiesta. Pero hay miles de cariocas que, por motivos religiosos o porque detestan el barullo y las multitudes, aprovechan los días feriados para escapar de la "cidade maravilhosa" (ver aparte).
Para Ana Carolina Mascarenhas, una estudiante de 18 años, el Carnaval no es sinónimo de diversión sino de reflexión. Es evangélica, y pasará por tercer año consecutivo el Carnaval en un retiro espiritual organizado por la Iglesia Maranata en Xerém, a 50 km de Río (ver aparte).