Cuando un elefante mató en 2007 a una masái que recogía leña cerca del Parque Nacional Amboseli, en Kenia, un grupo de jóvenes de la tribu tomó represalias hiriendo con lanzas a uno de los animales.
"No fue el que había matado a la mujer", dice Graeme Shannon, un ecólogo del comportamiento de la Universidad Estatal de Colorado, en Fort Collins. "Fue simplemente el primer elefante que encontraron; un joven macho a la orilla de un pantano", indica.
Los masáis le clavaron lanzas y, terminada su ira, volvieron a sus casas. Posteriormente, el animal murió debido a sus heridas.
Los elefantes experimentan este tipo de matanzas esporádicamente. Sin embargo, los ataques suceden con suficiente frecuencia para que los elefantes aprendan que los masáis (y particularmente los hombres de la tribu) son peligrosos. Los elefantes de la región de Amboseli son tan conscientes de esto que hasta pueden distinguir entre el maa, la lengua de los masáis, y otros idiomas, dice un equipo de investigadores que informó de sus descubrimientos en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias.
Poder de discriminación
Los resultados se suman a "nuestro creciente conocimiento de las habilidades discriminatorias de la mente del elefante, y sobre cómo toman decisiones y cómo ven su mundo", dice Joyce Poole, una experta en elefantes de ElephantVoices, en Masai Mara, Kenia.
Efectivamente, estudios previos han demostrado que los elefantes de Amboseli pueden distinguir entre los ganaderos masáis de túnicas rojas y los kamba, sus vecinos agricultores de vestimenta más discreta, simplemente por su olor y color de ropa.
Los elefantes también saben que caminar por las aldeas durante los fines de semana es peligroso, así como asaltar los cultivos en luna llena.
Son igualmente conscientes de su otro depredador principal, los leones, y en base a sus rugidos saben cuántos hay en una manada y si hay un macho (la mayor amenaza porque puede derribar a una cría).
Y saben exactamente cómo responder ante leones que rugen cerca: ahuyentándolos con una carga.
Huir o pelear
Curiosamente, cuando los elefantes de Amboseli se topan con una vestimenta roja, como las que visten los masáis, también reaccionan agresivamente. Pero emplean una táctica diferente cuando perciben el olor de un masái: huyen. Sin embargo, percibir el olor de un kamba les molesta mucho menos.
"Tienen respuestas de comportamiento muy claras en todas estas situaciones", dice Karen McComb, una ecóloga del comportamiento de la Universidad de Sussex, en el Reino Unido. "Nos preguntábamos si reaccionarían distinto a diferentes voces humanas", indica.
Para averiguarlo, ella y sus colegas reprodujeron grabaciones de masáis y kambas entre familias de elefantes, así como de mujeres y niños masáis, diciendo una simple frase en su idioma: "¡Mira, mira allí! ¡Viene un grupo de elefantes!"
Durante un período de dos años, realizaron 142 de esas reproducciones con 47 familias de elefantes, poniendo cada vez una voz humana diferente a través de un parlante oculto a 50 metros de los animales. Filmaron las reacciones de los elefantes ante las diversas voces humanas, incluyendo la voz de un masái que alteraron para que sonara como de mujer.
Tan pronto como una familia de elefantes escuchaba hablar a un masái adulto, la matriarca no dudaba, dicen los investigadores. "Se retira instantáneamente", explica Shannon. "Pero es una retirada silenciosa. A veces hacen un ruido sordo y quizás también busquen olerlo, pero lo hacen mientras se van retirando y juntándose en formación defensiva. Es un respuesta muy distinta a cuando escuchan leones", considera.
En contraste, las voces de los kamba no causaron una reacción defensiva ni remotamente tan fuerte. Los elefantes no consideraron a los kambas una amenaza seria.
"Para nosotros es fácil hacer esa sutil discriminación, pero hablamos lenguaje humano", señala Richard Byrne, un biólogo cognitivo de la Universidad de St. Andrews, en Escocia. "Es interesante que los elefantes también puedan detectar las diferencias características entre los idiomas", considera.
Temor a los hombres, no a los niños (ni a las mujeres)
Los elefantes de Amboseli también estaban tan suficientemente sintonizados con el idioma masái que podían diferenciar entre las voces de las mujeres y los niños y las de los hombres, raras veces dando la vuelta en señal de respuesta. "Las mujeres y los niños masáis no matan elefantes", señala Shannon. Y los elefantes tampoco fueron engañados con la voz alterada del hombre; cuando la escucharon, se fueron inmediatamente.
"La toma de decisiones de los elefantes es muy precisa", considera McComb, "e ilustra cómo se han adaptado hasta donde pueden para coexistir con nosotros. Prefieren huir que liarse con un depredador humano", dice.
Uno se pregunta por qué los elefantes no se retiran cuando los cazadores furtivos los atacan.
"Desafortunadamente, habrá cosas a las que no se pueden adaptar, cosas como la habilidad de los humanos para perseguirlos con armas automáticas o envenenamientos masivos", acusa McComb. "Y en esas situaciones tenemos que protegerlos, o finalmente los perderemos", agrega.
