25 de mayo de 2013 - 21:46

Las elecciones en Irán

Una crónica de lo que se disputa en la República Islámica de Irán mediante las elecciones presidenciales que acontecerán el próximo 14 de junio, en un país donde el predominio de los sectores conservadores teocráticos va en aumento.

La decisión de este martes de prohibir la candidatura presidencial de Akbar Hashemi Rafsanjani, uno de los padres fundadores de la revolución y presidente en otra época, impactó a los iraníes, particularmente entre el 70% de la población menor de 35 años que creció cuando él servía en muchos puestos prominentes.

“Dicen que una revolución se come a sus hijos”, comentó el profesor Mehdi, de 27 años. “Pero, en el caso de Rafsanjani, la revolución se ha comido a su padre”.

La exclusión de Rafsanjani y otra piedra en el zapato de los conservadores, Esfandiar Rahim Mashaei, podría presagiar incluso mayores repercusiones, sostienen analistas y comentaristas.

Desde su fundación en 1979, la República Islámica se ha caracterizado por centros de poder opuestos que compiten de manera constante y, con frecuencia, públicamente; un toma y daca que le dio al ciudadano común y propietarios de negocios privados la habilidad de navegar entre grupos.

A menos que haya más sorpresas, el ganador de la elección de junio ahora será extraído de una lista de candidatos conservadores en el grupo dominante de Irán, una laxa alianza de clérigos musulmanes chiitas y comandantes de la Guardia Revolucionaria. Eso pondría a la última gran institución del Estado bajo su control; la primera vez desde la revolución de 1979 que todas las instituciones del Estado estarían bajo el firme control de una facción.

Los analistas han especulado por largo tiempo -y algunos clérigos conservadores han confirmado- que la facción gobernante está decidida a abolir el cargo de presidente, el cual ha servido como un movimiento de oposición bajo el actual presidente populista, Mahmoud Ahmadinejad, y el reformista Mohammad Jatami antes que él, quien pugnó por más libertades personales. Si bien no es seguro de ninguna manera, ahora es una posibilidad mayor.

Muy al menos, al parecer es posible que la decepcionante campaña electoral refuerce incluso más la alienación de las clases urbanas, las cuales integran un gran porcentaje del electorado y renunciaron en su mayoría a la política tras la represión de la insurrección de 2009, después de la reelección de Ahmadinejad, descartada ampliamente como fraudulenta. Un importante boicot de la votación podría socavar incluso más la legitimidad del gobierno, de por sí disminuida.

Los candidatos restantes reflejan las sombras de gris que ahora integran el círculo dominante de Irán, conocido como los tradicionalistas. De los ocho que fueron seleccionados -de entre los 700 aspirantes que se registraron- sólo uno, Hassan Rowhani, ex negociador nuclear, tiene posturas un poco diferentes a las tradicionalistas.

Tres de los candidatos calificados poseen vínculos directos con el líder supremo del país, Ayatolá Alí Jamenei: Gholam Alí Haddad Adel, cercano asesor y pariente político; Alí Akbar Velayati, su asesor de política exterior; y el máximo negociador nuclear de Irán, Said Jalili.

Un cuarto candidato, el alcalde de Teherán, Mohammad Bagher Qalibaf, se ha presentado

desde hace largo tiempo atrás como un tecnócrata pero la semana pasada hizo alarde en público de haber golpeado a estudiantes que protestaban cuando era comandante de policía.

Todos ellos dicen que están listos para reparar la economía a través de una “mentalidad revolucionaria” y resolver el altercado nuclear con las potencias occidentales convenciéndolas de que la posición de Irán es justa.

Si la historia se confirma, uno de los candidatos, posiblemente Rowhani, quien tiene estrechos vínculos con Rafsanjani, intentará extraer votos que habrían ido a los dos candidatos descalificados. De hecho, Rowhani ya ha dicho que si es elegido, lanzaría conversaciones directas con Estados Unidos, popular tema entre insatisfechos electores urbanos.

No hubo reacción inmediata de Rafsanjani. Una de sus hijas, Faezé Hashemi, quien fue liberada de prisión en marzo tras haber pasado seis meses ahí por “propaganda en contra del régimen”, no devolvió llamadas telefónicas en busca de comentario.

Mashaei dijo que combatiría la decisión. “Considero que mi descalificación fue injusta, y le daré seguimiento a través del líder supremo”, declaró a la agencia noticiosa Fars.

Apenas hace una semana, un columnista a favor de Rafsanjani, Sadegh Zibakalam, pronosticó que los miles de administradores gubernamentales, profesores universitarios y otras personas de clase media que apoyaron en otra época al ex presidente reformista, Mohammad Jatami, se formarían rápidamente detrás de Rafsanjani. “El sentimiento de felicidad, fervor y entusiasmo que creó el registro de Rafsanjani se convertirá gradualmente en los próximos días en una seria determinación a lo largo del país para presentarse a las urnas el 14 de junio”.

Más bien, todo parecía indicar que la descalificación de Rafsanjani marcaba el final de la aspiración de ellos a producir el cambio a través de las urnas, en vez de mediante protestas en las calles.

Para el mismo Rafsanjani, otro intento por ganar la presidencia a los 78 años de edad no solo parece imposible físicamente, sino también políticamente. La descalificación de este martes también parecía un repudio oficial a sus ideas de una economía liberal y más libertades.

Persiste el interrogante de qué hará Ahmadinejad ahora que su protegido, Mashaei, ha sido orillado. Su legado ha sido opacado por su cercana relación con Mashaei, a quien los tradicionalistas llaman “desviado” por lo que ven como sus liberales ideas sobre el Islam.

Se están lanzando cargos de corrupción en contra de muchos en su facción, en tanto la Guardia Revolucionaria ya ha dado indicaciones de que está preparada para hacer lo que sea necesario, incluido el arresto de allegados de Ahmadinejad, si sienten que la revolución está siendo amenazada.

LAS MAS LEIDAS