19 de noviembre de 2017 - 00:00

El vino, factor clave en el acuerdo Mercosur - Unión Europea

Entre protección de Indicaciones Geográficas y marcas, hay 150 puntos a tratar en Bruselas junto a aranceles y cupos.

Como pocas veces antes en la última década para las negociaciones entre Mercosur y la Unión Europea, parece haber avances sustanciales.

El acuerdo de libre comercio, pese a la complejidad a la hora de compatibilizar intereses en un mar de posiciones arancelarias, tiene la firma relativamente cerca.

El 6 de noviembre fue el último encuentro en Brasilia y todo desembocará el 3 de diciembre en Bruselas, al cabo de dos sesiones en donde el vino adquirió peso específico propio; resta armonizar un tema álgido como el de la propiedad intelectual y terminar de avanzar sobre la faz comercial, entre la gradualidad en la quita de aranceles en Europa y el Arancel Externo Común (AEC) del 14% que aplica el bloque regional.

Más allá de que los negociadores admiten "voluntad política" para la firma, quienes participan de las gestiones en temas vitivinícolas adelantan que se tratará en principio de una carta-intención, y que la intrincada discusión seguirá a comienzos de 2018.

El primer amague de avanzar en preferencias arancelarias de acceso a mercados hacia el cero vino con una primera lista de la UE en la que se pide por el Chianti, Borgoña y Chablis y variedades como Prosecco, productos que no se elaboran en Argentina. "Sin dudas, una picardía", dicen los negociadores argentinos, quienes además asumen la dificultad de compatibilizar intereses con Brasil.

"La UE tiene avidez por el mercado brasileño, que a su vez pone cada vez más reparos. Otra objeción: la masa de subsidios de la UE para reconversión, destilación y promoción de los vinos, algo que junto al resto de los miembros del bloque debemos poner sobre la mesa", señala Carlos Fiochetta, gerente general de Coviar, desde donde monitorean el ritmo actual de importación de vinos que ya superó los 65 millones de hectolitros.

A la espera del próximo encuentro, la Corporación tiene pendiente un estudio del impacto  de una rebaja del AEC del 14% a 0%, en especial para la venta de vino argentino en Brasil.

Como subgerente de Estadísticas y Asuntos Técnicos Internacionales del INV involucrada en las negociaciones que tocan prácticas enológicas y comerciales, Claudia Quini se muestra medida respecto a los resultados hasta el momento.

“Se partió de casi 150 casos por resolver y aún falta avanzar. Luego de que el sector privado haga sus presentaciones habrá que esperar a que se considere si son o no pertinentes. Por ahora sumamos consultas al respecto sobre marcas y nombres genéricos”, dijo la funcionaria.

Según Quini, resta esperar lo que deje el próximo encuentro en Bruselas. Es que todos asumen que la voluntad política de los gobiernos propiciará la firma tarde o temprano.

Aranceles en la mira

Para las bodegas exportadoras, en tiempos de débil competitividad, dejar de pagar 13,10 euros por hl para vinos de hasta 13°, o 15,40 euros para los de mayor graduación será un salto grande. Es que, sobre el promedio que vende Argentina (u$s 35 FOB la caja) representa un 4,5%.

Aunque saben que hay que lidiar con la pretensión europea de llevar el AEC de 14% a 0 en el menor plazo posible.

A ese ritmo, Juan Carlos Pina, de Bodegas de Argentina y representante en la negociación comercial, cree que la voluntad política no pasará de una carta-intención para cerrar 2017. A su criterio, un acuerdo sería importante “para dejar de  pagar aranceles que no son muy elevados, pero que si con una mejora competitiva se logra volver a 22 o 23 dólares la caja, representarán un 7% y volverán a ser importantes”.

En cuanto a los números, el directivo es contundente, aunque con un dejo irónico cuando dice que “vamos a negociar siempre y cuando lleguemos en algún momento a arancel 0 en Europa. Hay que admitir que es el momento en que más se ha avanzado con intercambio de listas e incluso el logro de que se hable de vinos cuando Brasil no quería hacerlo; venimos de sonrisas y miradas y ahora, aunque no estamos de novios, al menos nos tomamos la mano”.

Barreras paraarancelarias, otra piedra en el camino

A través del Ministerio de Agricultura, el gobierno nacional ya le anticipo a la delegación argentina y al sector privado que “si se resigna el uso de una marca no habrá indemnización para nadie”. Una posición que pone en alerta al sector vitivinícola, que suma no pocos reclamos por roces con la reglamentación hasta ahora inflexible de la UE.

Pina no le quita trascendencia a las medidas paraarancelarias, como las trabas al uso de Reserva y Gran Reserva desde hace casi 10 años, o las observaciones sobre ciertos componentes: "Actualmente hay incertidumbre entre los exportadores. Tienen que negociar el costo de ingreso del producto entre prohibiciones, promoción y otros temas. Con acuerdo es difícil cambiar condiciones y les dará mayor seguridad jurídica, aunque la idea es tratar de alcanzar el libre comercio con la menor cantidad posible de heridos, algo así como lo que pasa con el granizo".

Aunque falta tiempo aún, los exportadores, anticipadamente, muestran recelo por el impacto en los precios que pueda generar una eventual “invasión” de vino francés, español e italiano, especialmente en el principal socio del Mercosur, y uno de los principales mercados para Argentina.

La comitiva nacional que participa de la ronda de negociaciones aún no lo proyecta en números, pero ensaya una quita gradual a 10 años como propuesta lógica al considerar que sería un plazo prudencial para morigerar un sacudón financiero y permitir la adaptación de los exportadores.

Mas allá del tira y afloje, hay una certeza y a la vez motivación para el sector vitivinícola: entre los principales países del mundo del vino, muchos de los cuales van ya por una renovación del vínculo comercial con el Viejo Continente, Argentina es el único sin acuerdo con la UE, desde donde la vocación es mostrar solidez de bloque económico luego de haberse resquebrajado con el Brexit. Aunque saben que no deberá ser a cualquier precio.

Próxima parada, diciembre

La ronda final del año está agendada para el 3 de diciembre en Bruselas (Bélgica). De llegar a un acuerdo, el Gobierno se entusiasma con hacer el anuncio en el marco de la conferencia ministerial de la OMC, que tendrá lugar en diciembre del 11 al 13 del último mes del año.

“De acuerdo a lo ocurrido hasta el momento, un acuerdo parcial es una posibilidad”, pronostica Quini con cierta confianza a pesar de la dura pulseada técnica.

Por su parte, Fiochetta sabe que la discusión por los aspectos vinculados a tarifas y cupos de ingreso que falta será aún más compleja. “Venimos de limar asperezas durante todo el año, pero entre posiciones arancelarias y toda la faz comercial aún quedan muchos puntos a tratar que seguramente obligarán a seguir negociando en 2018”, aventura.

Qué queda por discutir sobre las Indicaciones Geográficas

La ronda de negociaciones comenzó en marzo de 2017, cuando la UE entregó una lista de 342 Indicaciones Geográficas para ser reconocidas y poder ser usadas por los titulares europeos con exclusividad en el territorio de los cuatro Estados parte del Mercosur. De ese total, 141 correspondían a productos vínicos.

Un trabajo conjunto del Ministerio de Agroindustria, el INV y el Instituto Nacional de Propiedad Intelectual identificó 47 posibles conflictos con derechos privados de particulares legalmente adquiridos y vigentes en Argentina.

“Esto es, Indicaciones Geográficas de vinos sobre las cuales solicitaba exclusividad la UE, estaban registradas como marca por una empresa, es un homónimo, variedad de uva o una marca genérica en Argentina”, explicó Carlos Fiochetta, de Coviar.

A partir de ese trabajo se les solicitó a las empresas que señalaran si evidentemente había conflicto. El INV llevó las respuestas a la reunión de Brasilia días atrás a partir de una resolución que le da 30 días corridos a cualquier bodega que se sienta afectada para que lo justifique.

Otro aspecto involucra una lista de Expresiones Tradicionales (ej. Reserva, Gran Reserva, Vino Generoso, etc.) que la UE considera como tal y por las que también solicitó exclusividad. Muchas están registradas en Argentina como marca, corresponden a identificación de producto o son menciones de calidad.

Uno de los dos casos que ya se plantearon es el de la marca Toro, de Fecovita, que por ahora choca con su uso como denominación en España, y que la UE lo consideró un término a negociar. Emilia es parte de otra expresión (La Emilia Romana) que roza con la marca argentina de bodega Nieto Senetiner.

En total, 45 estarían en conflicto. Según Fiochetta, "sobre esto se ha trabajado para que Mercosur pueda seguir usándolas ya que, entendemos, no deben considerarse Expresiones Tradicionales".

Tal vez uno de los más resonantes es el que confronta a Rioja, que identifica a la región española productora, con La Rioja argentina. Según Claudia Quini, “la llave del acuerdo es que se acepte la coexistencia de IG”.

En cualquier caso, Argentina, por su entramado de DOCs e IGs,  es el socio Mercosur con más intereses puestos en la negociación. Y el criterio, como advierte Quini, es claro: la temporalidad de la entrada en vigencia de una u otra resulta determinante.

“Todo depende de la fecha. Hay marcas de más de 50 años preexistentes a las denominaciones”, asegura la experta en temas técnicos. Para ella, otro criterio clave que en medio de las discusiones se intenta imponer es la restricción del uso de la marca a un mercado y, en caso de un punto sin acuerdo, permitir cierta flexibilidad como la adaptación gradual en el uso de una marca.

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