El viento de frente obliga a recalcular - Por Rodolfo Cavagnaro

Desde fines del año pasado Argentina comenzó a experimentar una clara modificación de los vientos externos. Así como cuando asumió Néstor Kirchner no solo había viento de cola, sino que, además, se habían alineado los planetas en un escenario que, con suerte, se puede repetir cada 200 años, ahora el escenario es totalmente inverso.

Este nuevo esquema hace que los funcionarios traten de salir a explicar los hechos, intentando justificar que “viene de afuera” para eludir responsabilidades. Mientras tanto, el ciudadano común mucho no entiende porque esto se mezcla con los aumentos de tarifas, la inflación y un nivel de actividad que se mueve mucho más lento de lo que todos quieren.

Las características de ese viento de frente vienen del plano internacional y ya se visualizaban cuando Donald Trump asume la presidencia de EEUU.

El flamante mandatario anunciaba, entonces, que aplicaría una política de protección a su economía y comenzaba cuestionando acuerdos como el Nafta, que lo unía a México y Canadá.

Esa decisión se complementó con una importante rebaja de impuestos, para estimular la economía, que le generó un gran aumento del déficit fiscal, que se comenzó a financiar con emisión de deuda. En ese momento no se sentía porque la Reserva Federal ayudaba a monetizar la economía comprando esa misma deuda.

Ya el año pasado la Reserva Federal anunciaba que aumentaba las tasas y lo hizo tres veces. En esas oportunidades hubo algunos reacomodamientos, pero no muy significativos porque las tasas aún eran bajas, pero se anunciaron tres movimientos más este año. En febrero pasado se hizo el primero y el mercado espera para junio una nueva suba que dejaría en 2% la tasa de los bonos a 10 años.

Mientras esto ocurría, en Argentina el gobierno de Mauricio Macri seguía con su estrategia gradualista y el déficit fiscal se programó reducir en varios años para no causar problemas a la población. Mientras tanto, ese déficit se fue financiando con colocaciones de bonos en el exterior que, a su vez, alimentaban el mercado de divisas e impedían una correcta fluctuación de la moneda.

Para contener la inflación, el Banco Central aceleró la colocación de Lebac, un instrumento creado durante el gobierno anterior, y era un mecanismo por el cual el gobierno tomaba los pesos que emitía para financiar al gobierno, más los que debía entregar cuando compraba divisas.

Para estas colocaciones de letras se usó la tasa de interés como un atractivo para absorber pesos excedentes en el mercado. La estrategia de la tasa es que debía ser superior tres o cuatro puntos a la tasa de inflación esperada. Esto daba rendimiento positivo real y durante muchos meses vino dando resultados.

Hasta diciembre, el gobierno se manejó con un sistema de metas de inflación que era muy exigente, obligaba a tener tasas reales positivas muy altas. El 28 de diciembre, en una conferencia de prensa, el equipo económico planteó una reformulación que implicaba una relajación de dichas metas, estirando en un año más el plazo para terminar con el déficit fiscal.

Esto generó un punto de quiebre porque, además, coincidió con una corrida de las tasas en EEUU que fue utilizada por los inversores como una oportunidad para salir ya que, además, el BCRA había bajado la tasa y dejaba de ser atractiva. Muchos aprovecharon a pasarse al dólar, que estaba barato, y ahí comenzó el recorrido hasta nuestros días.

El frente internacional

En el plano internacional el tema se recalentó cuando se conocieron datos de un crecimiento robusto de la economía de Estados Unidos, con una caída del desempleo muy importante ayudado por la reducción de impuestos muy fuerte y una suba del déficit que lo llevó a demandar cada vez más dinero.

Frente a este panorama, se generó una suba de la tasa en los bonos largos a 30 años, que ya rozó el 3%. En este panorama, los inversores comenzaron a dejar los mercados emergentes para pasarse a bonos norteamericanos y así se produjo una revaluación del dólar y la consiguiente devaluación de todas las monedas del mundo, desde el euro y el yen hasta monedas de la región, como el peso mexicano, el chileno y el real.

Si bien la Reserva Federal por ahora no volvió a subir la tasa y se calcula que lo hará en junio, la tasa corta vinos a 10 años sigue siendo baja (1,75%). Esto significa que aún estamos lejos de un escenario de crisis, pero es probable que vayamos en ese sentido, y esa es la lectura preventiva que se debería hacer para prepararse para la llegada de tal escenario. Las grandes crisis mundiales se dieron cuando esa tasa llegó al 5%.

La respuesta argentina

La Argentina está entrampada con un fuerte déficit fiscal, que es la principal debilidad y no es asumida con la gravedad que tiene. Hasta ahora, para solucionarlo, el gobierno solo apeló a ajustar al sector privado quitando subsidios a las tarifas (algo que se debía hacer) pero no ajustó el gasto del Estado, y aunque hay pequeñas rebajas impositivas, no alcanzan y el problema es cada vez más grave. Hasta ahora se financió el déficit con deuda externa, pero ya no hay capitales disponibles, por lo que el ministerio de Finanzas apela a financiarse en el mercado interno. Pero el sistema financiero nuestro es  muy pequeño, y todo lo que el Estado tome implica restarle crédito al sector privado. O sea, para financiar al Estado se paraliza la economía.

Hoy el gobierno debe revisar rápidamente su estrategia. Se debe terminar en forma urgente con el déficit fiscal porque no se puede financiar y hay que bajar todos los elementos inflacionarios. Pero además, es necesario bajar el gasto porque la economía necesita reducir de manera rápida la carga impositiva para que se reavive el nivel de actividad.

En cuanto al dólar, hasta ahora el Banco Central estuvo conteniendo su precio, pero la corrida internacional hace imprescindible que la autoridad monetaria no intente frenar sus consecuencias vendiendo reservas. Estos procesos, propios de mercados libres no son una especulación contra el peso sino un movimiento internacional en favor del dólar. Hay que dejar que el precio se acomode conforme al mercado. Intentar frenarlo con reservas es como querer parar con el cuerpo un camión lanzado a gran velocidad. Suicida.

Lo grave es lo que ocurre en el Congreso, donde los legisladores opositores intentan sacar una ley para frenar o retrotraer los precios de las tarifas. Ninguno está midiendo el costo fiscal de la medida y solo quieren sacar rédito político generando expectativas infundadas en la población. Si el gobierno accede, la corrida sobre el dólar sería incalculable y la estampida inflacionaria ahogaría cualquier esperanza.

Una verdadera locura. Y el Presidente avisó que si la ley sale será vetada, y está muy bien. Algunos le dicen que gastará parte de su capital político, pero ese capital está para eso. Se acumula para ser gastado en el momento que haga falta. Y este es uno de ellos.

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