6 de octubre de 2019 - 00:00

El valor de la vaca - Por Jorge Sosa

Ya hemos ponderado con énfasis a la vaca, animal generoso que se entrega plenamente a nuestras veleidades gastronómicas y de otras naturalezas.

Es increíble transitar los caminos de la pampa húmeda y ver  las cabezas de ganado algunos con el resto del cuerpo y todo. El ganado que no es aprovechado es una contradicción, porque es ganado perdido.

Lo dijimos alguna vez, la vaca debería estar en nuestra bandera, o a lo menos en el escudo nacional, en vez de un palito y un gorro frigio un tenedor sosteniendo una costilla. Alguna vez se hará justicia con esto.

También forma parte de nuestra educación, porque en algún momento en la escuela primaria, le dan como tema de redacción a los párvulos, la vaca. Es notable la influencia de la  vaca en la instrucción escolar.

La ponderó Martín Fierro (vaca que cambia ‘e querencia / se atrasa en la parición); la enalteción Güiraldes en su magnífico “Don Segundo Sombra”, es parte integral de nuestra más rica literatura.

En el folklore argentino ocupa un papel fundamental, basta con recordar los versos que Atahualpa Yupanqui encerró en su canción “El arriero va”.

Por supuesto que una de sus notoriedades es el asado que nos provee para nuestro deleite gastronómico. El asado es la comida nacional y nada lo reemplaza a la hora de lajuntada. El asado es un instrumento social, aúna a la gente alrededor de una parrilla y sirve para que contemos nuestras cuitas o repartamos alguna anécdota sonriente que seguramente alegrará el momento.

Muchos hay que no pueden estar sin la juntadita de todas las semana para deleitarse con el resultado de una vaca occisa. Se inmolan las vacas para satisfacernos. Uno se regocija frente a una parrilla que sostenga una punta de espalda, una  entraña, un asado de tira, unas mollejitas. Se nos hace agua la boca con solo nombrar las posibilidades.

Alguna vez deberían hacer una estadística para conocer la cantidad de vacas inmoladas que han sido necesarias para fundar la argentinidad. Nos sorprenderíamos con los millones.

En cada plaza argentina, al lado del busto del prócer elegido para la plaza, debería haber una estatua de una vaca, si alcanza la plata con ternero y todo.

Como dije da gusto cruzar por los caminos de la Pampa Humeda y ver la proliferación de vacunos que siembran las llanuras. Es injusto llamarlos bovinos, porque si bien tienen cara de tristes, no son bobas. Saben para que están y se resignan a su suerte.

Pero resulta que ahora no solamente nos satisface su placidez de pradera, porque aún fenecida nos sirve para otros menesteres. Ahí está Vaca Muerta que significa todo un horizonte de progreso para nuestro país.

Hemos matado a muchas vacas y todas debían tener su valor pero al valor de vaca muerta nada se le compara.

Esto viene a completar las bondades de este animal que heredamos de los torvos conquistadores y que encontraron en nuestro país un ambiente adecuado para reproducirse.

La vaca en todo su valor, ahora aparte de la leche nos da el petróleo y como con el petróleo se hace el plástico, también nos da el vaso de plástico  que sostiene la leche.

Es un animal único e incomparable. En los billetes nuevos hay animales de nuestra fauna que tal tengan su lugar ganado pero es toda una ingratitud que no haya una vaca.

LAS MAS LEIDAS