Los industriales vitivinícolas nuevamente en el ojo de la tormenta. En el gobierno hay malestar porque los empresarios no quieren comprar la misma cantidad de uva que el año pasado, pero además están enojados porque calculan que el 10% de los 300 millones de litros de excedente vínico es importado y lo compraron para no pagarle al productor local el precio más bien alto que fijaba el mercado.
La reunión que se produjo el viernes pasado entre Cornejo y las cámaras vitivinícolas, sirvió para que el gobernador pusiera los puntos sobre las íes. Más allá de las alternativas en las que trabajó el gobierno para enfrentar la crisis, su discusión e instrumentación; no hay que dejar de tener claro que lo que hizo Cornejo fue demostrarle autoridad política a un grupo de empresarios que, al decir del gobernador, las "quieren todas para ellos, no paran nunca, son una máquina de pedir".
Atrás quedaron las épocas en que algunos llamaban para que les sacaran resoluciones a su favor en el ministerio de Economía y si no salían maltrataban a funcionarios. Ahora tuvieron que escuchar como Cornejo les contaba las faltas en las que han incurrido según él. También en el gobierno hay enojo por los interlocutores poco oportunos para tratar la crisis, se quejan de que algunos no tienen la entereza para estar al frente de las negociaciones en las reuniones, sumados a un par de arlequines con micrófono que no ayudan "al bien común".
"Recurren al Estado cuando están en problemas y el interés particular siempre prima por el general para ellos, y yo defiendo el interés general", repite Cornejo cada vez que puede a quien quiera oirlo. Recordemos que hay 11 mil productores que esperan resultados. No lo dicen, pero en este punto están todos a favor, kichnernistas, peronistas y gobierno, al entender que la política y el rol del Estado es ése, buscar el bien común y eliminar beneficios. Pasó otro round entre Cornejo y los bodegueros, quizás el último de su gestión.
El gobernador que venga, tendrá que entender bien de qué se trata la vitivinicultura y los intereses que hay a su alrededor. No será fácil para el próximo, y deberá evitar delegar la política vitivinícola en las entidades gremiales empresarias, como lo dice un ex ministro de Economía radical. Es que todos sabemos que los funcionarios pasan y los dirigentes de las cámaras quedan. Por ahora, habrá que ver si la Fiesta de la Vendimia hará que se aflojen las tensiones.