El coro de jóvenes comienza su concierto entonando una bella obra de los siglos XV-XVI, perteneciente al Cancionero musical de Palacio, de Juan del Enzina. Si ponemos atención a la letra, oímos: “Más vale trocar placer por dolores / que estar sin amores…”; el coro continúa desgranando los versos de tan bella canción para decirnos “No teme tormento / quien ama con fe / si su pensamiento / sin causa no fue /; habiendo por qué /, más valen dolores / que estar sin amores”.
Nos ponemos a pensar en el contenido de la letra escuchada e, inmediatamente, surge la pregunta de qué significa esa palabra ‘trocar’ del primer verso. Acudimos al diccionario académico y encontramos varias acepciones para este verbo, que se puede conjugar sin cambiar la vocal de la raíz o conjugarlo como lo haríamos con ‘contar’, esto es’, diptongando la ‘o’ por ‘-ue-‘. Los dos primeros valores significativos se relacionan con ‘cambiar’, ya sea como dar o tomar por otra cosa, ya sea como mudar. En esta idea de cambio, se insiste en que las cosas que se cambian sean de valor similar: “Está habilitado ese horario para trocar mercadería”. Con esta acepción, se vincula el sustantivo ‘trueque’, que designa el intercambio directo de bienes y servicios, sin mediar la intervención de dinero: “En aquellos años de crisis, se habilitó el trueque en los sectores más humildes de la población”. También se vincula con esta idea la expresión ‘a/en trueque de’, con valor de locuciones adverbiales, que significa “cambiando una cosa por otra”: “Te regalaría mis libros a trueque de tu colección de discos”.
También se usa ‘trocar’ para indicar cambio de moneda, aunque este es hoy un uso arcaico; sí vale la acepción de “cambiar de vida”: “Ha trocado aquella existencia tan frívola por otra de mayor recogimiento y disciplina”. Y en esta línea de cambio, se da también la acepción de “mudarse, cambiar enteramente”, como verbo pronominal y referido a una cosa: “Se ha trocado su mala fortuna en estos últimos meses”.
En la vida cotidiana y usado como pronominal, ‘trocarse’ puede indicar que se permuta el asiento con otra persona: “Cuando viajo en avión, siempre hay un amable compañero que me trueca el asiento”.
La familia de palabras de ‘trocar’ incluye, entre otros, vocablos como ‘trocable’, ‘trocada’ y ‘trocadilla’; el primero es un adjetivo, cuya terminación nos está indicando que el objeto al cual le atribuimos esa cualidad es permutable por otra cosa: “Quizás ese medallón sea trocable por una pulsera”. ‘Trocada’, en cambio, solamente aparece en la locución adverbial ‘a la trocada’, que indica “en sentido contrario del que suena o se entiende”: “No lo vea así, pues es a la trocada”. Otro tanto ocurre con ‘trocadilla’, que integra la locución ‘a la trocadilla’ y que es equivalente en uso y significado a la locución precedente.
Quien es capaz de efectuar un trueque es un ‘trocador’, mientras que la acción de trocar o trocarse se designa con el sustantivo ‘trocamiento’; si la acción no se realiza bien, esto es, si se hace trocando las cosas o diciendo lo que no es, se dirá que se ha obrado ‘trocadamente’.
Hay dos verbos relacionados con ‘trocar’ y muy emparentados entre sí: ‘trastrocar’ y ‘trastocar’. ¿De dónde provienen y qué significan? Siempre nuestra fuente de consulta es el diccionario académico, que nos da para ‘trastrocar’ la indicación de que proviene del prefijo ‘tras-‘ (“al otro lado”) y ‘trocar’ (“cambiar”); su significado es “mudar el ser o estado de algo, dándole otro diferente del que tenía”. También nos dice el diccionario que es irregular en su conjugación, pues se conjuga como ‘contar’. En cambio, ‘trastocar’ es totalmente regular en su conjugación y toma los significados de “trastornar o alterar algo, perturbarse”. El ilustre etimólogo Joan Corominas nos dice que el más antiguo de los dos verbos es ‘trastrocar’, que aparece registrado ya en el siglo XVI (hacia 1540), mientras que ‘trastocar’ es mucho más moderno pues aparece en el siglo XIX. En la actualidad, no solamente coexisten sino que se usan en forma indistinta, aunque el Panhispánico nos advierte que ‘trastocar’ no forma diptongo en los tiempos de presente: “Los valores se trastocan en el mundo actual”. En cambio, ‘trastrocar’ diptonga en las formas cuya raíz es tónica: “Algunos términos se trastruecan hasta cambiar totalmente su significado”. Los sustantivos de acción que corresponden, respectivamente, a estos verbos son ‘trastoque’ y ‘trastrueque’.
Un rápido paseo por el mundo refranesco nos arroja solamente dos paremias no demasiado conocidas, en que el valor de ‘trocar’ es el de permutar una cosa por otra. El primero reza “Ir a trocar y no tener qué, a muchos suele acontecer”, que se relaciona con la falta de recursos de una persona, tanto materiales como espirituales, lo cual no le permite ofrecer algo valioso a cambio de otra cosa; hay falta de humildad, no reconocida, deseo de aparentar riqueza por parte del que va a efectuar el trueque, característica bastante común entre la gente engreída o pagada de sí misma. El segundo tiene que ver con el cambio monetario, pues dice “Trocar un real por otro no acrecienta dinero”, en que se advierte que el cambio debe dejar siempre un beneficio para poder acrecentar la fortuna.
Finalmente, para cerrar de modo simétrico, volvemos a los versos iniciales de Juan del Enzina: “Más vale trocar placer por dolores / que estar sin amores”, versos en los que el poeta, sabiamente, elige sufrir y padecer penurias, pero vivir enamorado antes que dejar transcurrir la existencia, lleno de placeres, pero sin conocer el amor. Completan este pensamiento los versos que dicen: “Es vida perdida/ vivir sin amar /, y más es que vida / saberla emplear: / mejor es penar / sufriendo dolores /que estar sin amores”.