2 de febrero de 2019 - 00:00

El sol mendocino es un sol sostenido - Por Jorge Sosa

El escudo mendocino tiene un sol en la testa y no sé cómo no se derrite con tanto calor.

El verano apabulla. Su calor nos aplasta de tal manera que no nos dan ganas de nada ni de nadie. Andamos reptando por el planeta sin rumbo fijo y sin objetivos, simplemente andamos. O “duramos”, debería decir. El sol es el sol en todos lados, creo, pero tiene distintas maneras de manifestarse.

El sol que reciben los habitantes de Alaska es más bien un sol menguado, tibio, poco expresivo en sus luminosidades. Hay soles atemperados como en nuestra Patagonia, y está el sol mendocino, que puede compararse con otros soles pero que tiene una energía particular.

El sol mendocino no alumbra sólamente, también ataca. Lisa y llanamente nos somete, y menos mal que aquí la humedad es modesta, sino se haría insoportable salir de casa a cualquier hora del día.

En la escala musical de Mendoza el sol es un sol sostenido, o un directamente un la. Es un sol que desentona con la vida. El escudo de Mendoza tiene un sol en su cumbre, y yo no sé cómo no se derrite todo el escudo con semejante calor en la testa.

Por eso el verano es recibido por el mendocino con precaución. Puede que incluya esos días insoportables que obligan a caminar más apurado cuando un espacio soleado se pone delante de nuestros pasos.

Le decimos “solcito” a la persona amada, cosa que nos puede llevar a usar Pancután si la abrazamos. Más bien deberíamos decirles “solazo” si es por describir lo que ocurre con el Astro Rey.

Y hablando de reyes, esta es una monarquía que molesta, que se hace insoportable cuando el verano se instala con nosotros. El  otoño es más democrático, todos pueden disfrutarlo.

Ante tamaño sol la temperatura sube como la espumita de la cerveza y entonces no solo abruma el sol directo, también lo hace el sol indirecto y se hace difícil estar donde quiera que uno esté.

La canícula es la temporada más calurosa del año. Dice una definición: “Al caernos la canícula encima nos deja como perro sin aliento, echados a la sombra”. Pues la palabra latina “canícula” significa “perrita” y designa a la estrella Sirio en la constelación del Can Mayor cuyo nacimiento coincide con la época más calurosa del año. El solsticio más calentón, el solsticio del verano.

El hombre inventó algunos elementos para amortiguar la canícula, como el vetusto y primitivo abanico, que ya lo usaban los egipcios cuando el sol era su dios, así que debían bancarse con alguna dignidad los mandatos de su designio.

También inventó el ventilador. Ya los egipcios usaban una especie de ventilador manejado a mano y después mediante poleas, pero la versión que nosotros usamos la inventó el estadounidense Schuyler Skaats Wheller (apellido que complica bastante la lectura de esta nota), allá por 1886.

Posteriormente apareció la versión moderna del acondicionador de aire, que permite amortiguar la torridez del ambiente pero te ocasiona unos boletones de luz que te arruinan toda la economía del mes.

Por  todo lo dicho Mendoza adoptó la costumbre de la siesta, porque con ese solazo sobre la testa no hay valiente que se atreva a salir a la la intemperie.

El sol cuyano, que interviene  en varias tonadas, pero  con la diferencia de que las tonadas se cantan de noche.

LAS MAS LEIDAS