Domingo Cavallo no es santo de mi devoción. Si me apura, le digo que en muchos aspectos me siento en las antípodas de su pensamiento. Pero eso no tiene nada que ver con el salvajismo de Quebracho que quiero repudiar en esta columna.
Domingo Cavallo no es santo de mi devoción. Si me apura, le digo que en muchos aspectos me siento en las antípodas de su pensamiento. Pero eso no tiene nada que ver con el salvajismo de Quebracho que quiero repudiar en esta columna.
Las imágenes de esta semana son inquietantes. Todo lo que ocurrió fue producto de un concepto patotero y autoritario que conceptualmente tanto fogoneó este gobierno.
Le resumo los hechos en dos palabras. Domingo Cavallo y Javier González Fraga se disponían a dar una charla en la Universidad Católica. Iban a debatir ideas como gente civilizada.
Y todo intercambio de ideas siempre es bienvenido, siempre enriquece escuchar el pensamiento del otro por más polémico que sea.
Un muchachote que se cree el dueño absoluto de la verdad se abalanzó sobre el ex ministro de Economía del peronismo menemista y de la alianza socialdemócrata y no llegó a agredir físicamente a Cavallo porque el moderador de la mesa redonda se lo impidió con su propio cuerpo.
Los gritos eran desaforados. Buitre, hijo de puta, traidor a la patria. Nada que no griten todo el tiempo los muchachos oficialistas. Después otros tres fanáticos la emprendieron a los huevazos contra el economista.
Cavallo se tiró al suelo. Cuerpo tierra, utilizó el escritorio como trinchera. Las fotos son muy tristes. Cavallo, le guste o no su orientación ideológica, es profesor en Harvard y fue muchos años ministro de gobiernos, que, insisto, les guste o no, fueron elegidos democráticamente por el voto popular.
Cavallo no se rindió y avanzó con su charla, que tuvo un par de interrupciones más de otros personajes que al parecer no tienen mucho para decir. Que se conforman y se sienten revolucionarios evitando que otros hablen.
¿Se imaginan si esos talibanes llegan alguna vez al poder? Sólo entienden la libertad como la libertad de decir lo que ellos quieran y de que nadie más pueda hablar.
Si ellos se colocan en el lugar de la patria, si son la encarnación de todo lo bueno, el resto de los humanos son la antipatria, los cipayos, los buitres, en definitiva.
La siembra de cizaña y odio del gobierno nacional caló muy hondo culturalmente en muchos sectores y nos va a costar años recuperar el respeto democrático por el diálogo racional y la celebración de la disidencia.
Esa es la democracia, consensos y disensos. El discurso único que prohíbe expresarse al que piensa distinto, es autoritarismo y dictadura.
Quebracho es un grupo violento que anda por la vida atacando con sus caras tapadas, con palos y en distintos momentos, incendiando todo con bombas molotov. Por eso su líder, Fernando Esteche, está en la cárcel.
Porque fue uno de los autores del ataque que prendió fuego a la casa de Neuquén para repudiar al entonces gobernador Jorge Sobisch y en repudio al asesinato feroz del maestro Carlos Fuentealba. Pero Esteche es mucho más que eso.
Es un hombre de confianza y simpatía ideológica del cristinismo extremo que representan Luis D´Elía, Hebe de Bonafini y Florencia Saintout, la decana de la facultad de Periodismo de La Plata.
En ese lugar, Esteche era profesor (sí, escuchó bien: ¡profesor!) y en ese lugar subió al escenario cuando en el colmo de la irracionalidad se premió a Hugo Chávez por su defensa de la libertad de prensa.
El grupo Quebracho siempre está sospechado de ser apto para todo servicio y de encauzar su antisemitismo irreductible de acuerdo a quien financie sus actividades.
El gobierno o los espías de este gobierno utilizaron sus servicios para atemorizar gente en algunas ocasiones. Esta es la relación de los agresores de Cavallo con el grupo mas dogmático del cristinismo.
Pero lo tragicómico de lo que pasó esta semana en la Universidad fue que el agredido, Domingo Cavallo, también tuvo una gran relación con el matrimonio Kirchner.
Cavallo siempre elogió a Néstor como su mejor alumno. Privatizó el Banco de Santa Cruz y apoyó la privatización de YPF. Por eso Cavallo lo premió con la entrega de regalías mal liquidadas que después se convirtieron en los tristemente célebres fondos de Santa Cruz que se esfumaron en el aire. Nadie vio nunca un papel de un banco, una boleta de depósito, un certificado del plazo fijo con los intereses correspondientes.
Pero Cavallo también fue apoyado por Cristina en mi programa de televisión antes de las internas del justicialismo porteño. Beliz, Cavallo e Irma Roy eran los candidatos y Cristina dijo que los tres eran sus amigos y por lo tanto apoyaba a todos.
Ya pasé ese video alguna vez y próximamente lo voy a volver a pasar. Porque hoy Cristina y sus muchachos satanizan a Cavallo pero ocultan cuando lo endiosaban.
Por eso esta semana, los gritos, los insultos, los huevazos son la expresión de los dolores que nos quedan y, por lo tanto, son las libertades que nos faltan. La cobardía de un escrache. El salvajismo de Quebracho (Gentileza Radio Mitre).