El presidente Mauricio Macri salió de Puerto Madryn hacia el Brasil, tras 22 días de vacaciones, exultante por las expectativas de iniciar uno de los años más importantes en su carrera política ante el objetivo de reelección, pero pronto su ánimo desmejoró de forma notable.
Tras firmar acuerdos con su par Jair Bolsonaro, Macri regresó a la Argentina vía Chaco, donde empezó a percibir lo que él denomina “tormentas inesperadas”. Sólo en Santa Fe y Chaco hay 5,2 millones de hectáreas productivas inundadas. Esto, al igual que la sequía del año pasado, no estaba en las previsiones oficiales.
La desazón se pudo observar en el rostro del Presidente al visitar un centro de evacuados en la ciudad de Barranqueras. “Se fue devastado, muy preocupado porque esta situación agrava la situación de pobreza y miseria y afecta a la economía en general”, le contó a Los Andes un estrecho colaborador del gobernador peronista del Chaco, Domingo Peppo.
Al llegar a la Casa Rosada el miércoles, le entregaron un informe que lo preocupó más: según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) el 13,8% de la soja sembrada a nivel nacional padece “excesos hídricos”. Son unas 2,4 millones de hectáreas bajo agua en las que se podrían perder más de 6 millones de toneladas de la oleaginosa.
Y, tras reunirse con su Gabinete por primera vez en 2019 y pedirles a sus ministros que “se preparen” para enfrentar un año de trabajo más duro que el 2018, escuchó quejas de un sector que viene pidiendo espacio para el debate: los industriales.
Los dirigentes de la Unión Industrial Argentina (UIA) se comunicaron con el ministerio de Producción y Trabajo para expresar su decepción por la flexibilización del Mercosur acordada por Macri y Bolsonaro. “No somos competitivos para evitar perder mercados”, advirtieron.
Más duro y directo fue Miguel Acevedo, presidente de la UIA, quien en declaraciones a la prensa enfatizó: “El Gobierno dice que en marzo empezará el repunte de la economía, pero nosotros no lo estamos viendo así. Veo más voluntarismo que otra cosa”.
La respuesta la dio Nicolás Dujovne ayer, al ratificar que el modelo económico no es negociable. “Se puede importar sin que a uno le pongan un revolver en la cabeza para decirle que no puede. Estamos integrados al mundo”, acentuó.
El problema, retrucan en la UIA, es desentrañar qué poder de compra tiene una economía en estanflación. “El Gobierno ha destruido el mercado interno”, agregó José Urtubey, dirigente de la central fabril.
En la UIA reconocen que el Gobierno ha logrado estabilizar el mercado cambiaria y está corrigiendo el desequilibrio fiscal. Con la ayuda indispensable del FMI, Cambiemos ha conseguido la paz. Pero los industriales se preguntan si esa paz no es acaso la paz de los cementerios.
Tras mostrar su desencanto los industriales ya comienzan a plantear la necesidad de una alternativa electoral, que pueda seguir estabilizando la economía pero con políticas públicas más productivistas. Con el kirchnerismo no quieren saber nada. Las reuniones con precandidatos arrancarán pronto.
Al crudo panorama industrial, cuya utilización de la capacidad instalada habría caído por debajo del 60% en diciembre y enero, se suma el drama de las inundaciones y su impacto en las economías regionales.
Las tres semanas de intensas lluvias en el Litoral, con 500 milímetros en menos de un mes, acentuará la crisis de las economías regionales de la zona más pobre de la Argentina. Según Coninagro, ya se pueden estimar pérdidas por 2.200 millones de dólares.
Corrientes, Chaco, Entre Ríos y Santa Fe (y zonas de Tucumán y Santiago del Estero) registran producciones fundidas en emprendimientos que son encabezados por decenas de miles de familias que viven del autosustento. En las provincias litoraleñas ya se desecharon zapallo, sandía, melón, batata, mandioca y maíz porque las plantaciones llevan casi 20 días bajo agua y barro.