Este volumen de dólares ingresaba al mercado y presionaba a la baja la cotización de la moneda norteamericana, aunque, en general, la mantuvo estabilizada un tiempo.
Es que el atraso del tipo de cambio estimuló los gastos de turismo (proceso similar al del kirchnerismo) mientras se abrían barreras a las importaciones e ingresó mucha mercadería y maquinarias aprovechando el dólar atrasado.
Esto generó un problema adicional, porque, además de pagar los intereses de la nueva deuda, había que solventar los gastos de turismo y proveer las divisas para las crecientes importaciones. Adicionalmente, el gobierno había permitido a los exportadores no ingresar las divisas, para no presionar más al mercado.
Pero el problema grave fue cuando, conociendo la situación internacional, se anunció una flexibilización de las metas de inflación, se estiró el plazo para terminar con el déficit fiscal y desde el sector político se “obligó” al BCRA a bajar las tasas de interés.
En ese momento comenzaron a salir los capitales internacionales y el problema se agudizó cuando el BCRA no permitía subir al dólar y ante una corrida internacional por la suba de tasas en EEUU se sacrificaron más de 8.000 millones de dólares inútilmente, porque el dólar subió y solo se tranquilizó ante el anuncio de la negociación con el FMI.
El presidente Macri reconoció que las condiciones internacionales habían cambiado, por la suba de las tasas de interés en EEUU y que por ello no era aconsejable tomar créditos en el exterior hasta que se tranquilice el panorama internacional.
Esto es real, pero que la situación en EEUU iba a estar mal se sabía desde el año pasado. De hecho, el ministro Caputo reconoció que habían cubierto el 70% del financiamiento en el primer trimestre. O sea, no era sorpresa.
Con estos elementos en la mano, el Presidente comunicó su decisión de solicitar un “financiamiento preventivo” al FMI. Dadas las pocas explicaciones existentes, uno puede suponer que sería una línea disponible para caso de necesidad pero no de utilización inmediata. Pero hay que esperar mayores precisiones, que hoy no se tienen.
¿Cambiaremos algo?
Los últimos anuncios hablan de un crédito “stand-by de alto acceso”, que se anuncia como una línea preventiva de rápido acceso. En principio, parece, se quiere dar a los mercados la seguridad que Argentina no pasará por un problema de liquidez para cumplir con sus obligaciones.
En este caso, el Estado tiene que solventar el déficit fiscal del año próximo, cercano a 2 puntos del PBI, y servicios e intereses de deuda por u$s 35.000 millones, la mayoría tomada en el gobierno de Macri.
Para esto puede tomar recursos en el mercado local, pero son letras del Tesoro a cortísimo plazo, y lo que se necesita es cambiar el perfil de la deuda para estirarla en el tiempo.
Lo importante es que el gobierno podría conseguir el financiamiento necesario hasta el fin del mandato de Macri pero, ¿qué pasará en el futuro?
Es en este punto donde aparecen los mayores interrogantes, porque si de algo estamos seguros es que la solución no vendrá haciendo lo mismo que hasta ahora.
Si bien el presidente Macri anunció que el préstamo era para seguir financiado el gradualismo, es muy probable que el Fondo ponga algunas exigencias en materia de reducción del gasto y baja de impuestos para impulsar el crecimiento de la economía.
Hasta ahora el gradualismo fue cómodo para el gobierno pero muy caro para la sociedad. Nadie se olvida del tamaño de la herencia recibida, pero se han cometido muchos errores y ahora nos encontramos frente a una situación muy compleja. Es probable que haya que pensar en algunas correcciones.
Temas de fondo y temas operativos
Entre los temas operativos hay que revisar algunas decisiones. Así como noviembre sobraban dólares, ahora hay un serio faltante porque las empresas no tienen necesidad de ingresar las divisas y pueden dejarlas fuera del país.
Esto fue una medida para que esas divisas no presionaran en momentos en que entraban muchos dólares financieros atraídos por el negocio de las Lebac.
Hoy han quedado muy pocos fondos foráneos y están faltando dólares. Es muy probable que el BCRA deba revisar aquella norma y volver a plazos normales en función de los tiempos comerciales, pero no regalar divisas en un momento donde el precio está influido por la demanda y la baja disponibilidad, ya que el BCRA, con inteligencia, decidió no vender más billetes físicos.
Una de las estrategias para poner en marcha la economía fue la obra pública y así como el gobierno nacional emprendió fuertes inversiones en autopistas, gasoductos o ferrocarriles, también transfirió recursos a provincias y municipios para que, en sus jurisdicciones, se ocuparan de obras de infraestructura básica, como agua y cloacas, alcantarillado y, en nuestra zona, obras de acequias, cordón o banquina y asfalto.
El tema es que la mayoría fueron financiados con recursos discrecionales y, es posible, que de esos fondos surjan los ahorros de los 30.000 millones anunciados por el ministro Dujovne.
Pero esto deberá clarificarse, porque además, por la última Reforma Impositiva y el Pacto Fiscal, las provincias y municipios están recibiendo más recursos, en términos reales, que antes, y es hora de que se apliquen a inversión y no a más personal.
El gradualismo tuvo un momento, en el que su pudo financiar, pero, como dijimos la semana pasada, hay que revisar el sistema porque ya es impagable y acelerar reformas, tanto en la asignación de recursos como en el tema administrativo.
La decisión de ir al Fondo es similar a tomar un martillo para romper un vidrio y sacar un matafuego. Salvo que haya recursos para volver a reparar el sistema, es la última alternativa. Ahora, hay que cambiar en serio.