Marcelo Zentil - [email protected]
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“Los peronistas me terminaron haciendo un favor”. La frase, en medio de una reunión con sus colaboradores, reflejó un dejo de agradecimiento.
La eliminación del financiamiento estatal de las campañas y el adelantamiento electoral decididos por su archirrival y gobernador, Francisco Pérez, acorralaron a sus rivales en la interna, los dejaron sin margen. Al final, todo se dio como él lo planeaba desde hacía más de un año.
Alfredo Cornejo es el candidato a gobernador del radicalismo, el retador del peronismo en la pelea por la gobernación y el que, con su movida unificadora en la UCR, ha metido al PJ en un gran lío: armar una fórmula de unidad para no llegar a las PASO del 19 de abril con muchos candidatos que saquen pocos votos.
Estratega, ansioso, obsesivo, animal político, hasta un poco déspota, según describen quienes trabajan o han trabajado con él, Cornejo puede dar fe de que la tercera es la vencida. Buscó esta candidatura en 2007, pero el dedo de Julio Cobos no lo apuntó; volvió a intentarlo en 2011, pero acordó con Roberto Iglesias. Tiempista al fin, prefirió quedarse con el control del partido.
Ahora, a los casi 53 años (los cumple el 20 de marzo), el sancarlino que adoptó a Godoy Cruz como su casa hace casi tres décadas y que dedicó buena parte de su vida política a “construir poder” para otros, “rosqueó” esta vez sólo para él.
A su lado reconocen que hace un par de décadas no lo vislumbraban como gestor. “Tenía condiciones políticas pero no le veía perfil para esto que es ahora. Él construía para los demás”, se sincera un dirigente que lo conoce desde la juventud y suma: “Siempre fue combativo; nunca aceptó la hegemonía de los capitalinos en la Convergencia”.
Los capitalinos a los que se refiere son Víctor Fayad y Roberto Iglesias, las figuras de los ´90. Cornejo era parte del grupo que lideraba César Biffi, al que acompañó hasta 2001. Primero, como asesor legislativo y después, como secretario de Gobierno en Godoy Cruz. Luego asumió como senador provincial y empezó el proceso de despegue.
La metamorfosis
En 2003 vio en Cobos a un candidato con potencial y lo apoyó en aquella interna sin urnas contra Ernesto Sanz, el otro posible postulante. Con Cobos en la gobernación, la subordinación a Biffi quedó en el pasado y dio el salto a la "primera": tejió una estructura en la UCR que enfrentó al iglesismo y, a la vez, tejió el acuerdo con el kirchnerismo que llevó a su nuevo jefe a la Vicepresidencia. Pero esto terminó en un fracaso político del que ahora casi no habla.
Godoy Cruz apareció en 2007 como la plataforma ideal para lograr su objetivo: sacarse la imagen de rosquero para ser gobernador. Empezó un proceso de acumulación de poder y renovación partidaria.
La estrategia le dio resultados. “En 2009 teníamos 3 diputados de 20, ahora somos 13 de 21”, grafica un cornejista.
Hoy, hasta en el PJ reconocen hoy su gestión pero siempre hay peros. “La verdad es que recibió un municipio ordenado”, disparó uno de los peronistas que quiere enfrentarlo. “Ha demostrado por primera vez que, además de la rosca, sabe gestionar muy bien… un municipio”, chicanea una de las figuras del PJ con las que más habla.
“El Alfredo prioriza la razón por sobre la emoción. No es un nostálgico, un sentimental del pasado. Así como no le tembló el pulso para pasar por arriba a Biffi, tampoco le va a temblar con Cobos”, aclara alguien que trabajó con él en el gobierno cobista.
Y algo de razón tiene: Cornejo estaba dispuesto a ir a las PASO contra el ex vicepresidente si éste hacía caso a sus amigos del Este y “bajaba” a dar pelea por la gobernación. El intendente se tenía fe.
El método
"Es el más peronista de los radicales en la forma de construir poder", dicen en ambos partidos y no le escapa a la pelea en el barro, un dato que tienen muy en cuenta en el PJ.
Con los suyos también ejerce el poder y les muestra quién manda, a su modo. “Te pone en un círculo imaginario y te da libertad para moverte allí, pero no te vayás a salir”, cuenta uno.
Para reinar, divide: le gusta generar competencia entre los suyos. Cree que así gana la gestión. Por eso, cuando alguno asoma demasiado la cabeza, enseguida aparece una contrafigura que le disputa protagonismo.
Él es el jefe, pero también es amigo de muchos desde la época de la Franja Morada (comandó la Federación Universitaria de Cuyo) o la Juventud Radical, como el hoy presidente del Concejo de Godoy Cruz, Ricardo Triviño, y el concejal Jorge Pérez.
También sabe diferenciar las relaciones personales de las políticas. Cada vez que va a la cancha a ver a Godoy Cruz, lo hace junto a su amigo Sergio Biskupovich, un concejal de Godoy Cruz alineado con Biffi.
Después del amplio triunfo de la UCR en las legislativas de 2013, Cornejo se planteó los posibles escenarios y analizó a sus rivales internos. Sabía que con Enrique Vaquié podía llegar a un acuerdo y sería más difícil con Laura Montero, pero también creía que una fórmula con ella sería casi ideal en términos electorales. No veía a Cobos compitiendo en Mendoza.
“La decisión de jugar fuerte contra Cobos era porque sabía cuál iba a ser el resultado”, cuenta uno de los suyos.
“Podría haber conseguido lo mismo con otro método, con más persuasión, y prefirió llegar a los sablazos. En Tunuyán les llenó la cara de dedos a todos y eso en política se paga”, analiza uno de los jefes territoriales del peronismo. Agrega: “Es tan impulsivo como Pérez. Hay un momento en que deja de escuchar, es terco y da peleas que a veces no es bueno darlas”.
Las obsesiones
Si hay algo que altera al intendente es la incertidumbre, no controlar la situación. Eso se notaba y mucho en la previa del acuerdo con el vice. "Estaba terrible", dice uno de sus leales. "Ahora -contrapone- está relajado y feliz".
Para él la información es poder y a su lado se asombran de la cantidad de fuentes y datos que maneja. “Como Kirchner -aporta otro de los consultados- es un obsesivo de la información y los medios”, analiza otro de los consultados.
Logrado el acuerdo interno, ahora está convencido de que debe encabezar un gran frente electoral para pelear “mano a mano” con el oficialismo. Ha convocado, además de a los ya clásicos aliados de la centro izquierda (socialismo, Libres del Sur y Coalición Cívica), a la derecha: el PD y el Pro.
Cornejo se imagina unas primarias con dos o tres candidatos a intendente (incluido alguno de los aliados) en los departamentos que gobierna el PJ. Tiene tres obsesiones: Guaymallén, Luján y San Rafael, por eso allí es donde más se lo verá.
También buscará acordar las listas legislativas, aunque con límites. Por ahora, dicen a su lado, los macristas están “muy pedigüeños” y el PD tironeado entre la presión del PJ para que no acuerde y la necesidad de sobrevivir: renueva las dos únicas bancas que le quedan. El candidato no está dispuesto a ceder mucho. “Quiero gobernabilidad y no terminar negociando con los propios como ahora hace Pérez”, les ha dicho.
Pero esa apertura a la derecha es demasiado para algunos radicales. Uno de ellos, que lo conoce muy bien, tiene una teoría: “En los últimos tiempos, el Alfredo ha abrazado fuertemente el pragmatismo político. Él ya no cree en los partidos políticos y eso explica el frente que quiere armar”.
Pese a las críticas y los críticos, Cornejo teje y avanza, no quiere confiarse porque las encuestas lo ponen arriba y planea qué hacer en una provincia que considera ha entrado en un proceso de degradación. Sabe que si se equivoca en una puntada, ahora el que pierde es él, como nunca antes.