“Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo”.
“Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo”.
La frase de Groucho Marx, uno de los humoristas más famosos del siglo XX, podría describir el trance en el que cree encontrarse Cristina Fernández de Kirchner (CFK).
Aquejada de laringofaringitis, la Presidenta decidió no asistir a los actos por el Día de la Independencia en Tucumán, tal vez para no arriesgarse a comprobar que, a cielo abierto, su figura ya no es venerada como cuando la muchachada de La Cámpora celebraba sus palabras y mohínes desde los patios internos de la Casa Rosada o, mejor aún, para asegurarse estar bien repuesta para los compromisos internacionales de los próximos días.
El primero es la visita, el sábado 12, del presidente ruso, Vladimir Putin, que estará en Buenos Aires unas pocas horas, camino a Fortaleza, Brasil, donde el 15 y el 16 se celebrará la IV Cumbre de los jefes de Estado de los Brics, grupo que reúne a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, “potencias emergentes” del siglo XXI.
Tras la reunión de Fortaleza, los líderes Brics se correrán a Brasilia para recibir a los presidentes de los países de la Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas), invitados por la anfitriona, Dilma Rousseff. Esta tenida, en la que participará CFK, refleja la intención de Brasil de mostrarse como el gran líder sudamericano de un grupo (los Brics) que busca su lugar en un tablero internacional en pleno reformateo.
Luego, el sábado 19, CFK recibirá en Buenos Aires a uno de los líderes con los que habrá antes interactuado en Brasilia, el presidente chino, Xi Jinping.
Reservarse para esos encuentros y dejar de lado los fastos del 9 de Julio en Tucumán es, al mismo tiempo, una muestra de prioridades y un desaire. Es dudoso que al presidente de Uruguay, (Pepe Mujica), al de Bolivia, (Evo Morales), al de Ecuador, (Rafael Correa), o incluso al de Venezuela, el cuestionadísimo y tambaleante Nicolás Maduro, los halague participar de un acto encabezado por el vicepresidente procesado (y en trámite de multiprocesamiento) Amado Boudou.
Pero, claro, aún menos halagüeño hubiera sido que los recibiera el tercero en la línea de sucesión presidencial, el presidente del Senado, Gerardo Zamora, un ex radical y ex gobernador de Santiago del Estero que, antes de asumir funciones en Buenos Aires, se aseguró políticamente dejar la gobernación provincial en manos de su esposa, Claudia Ledesma Abdala de Zamora. La pareja va en camino de superar las peores hazañas del juarismo, régimen feudal que, se suponía, Zamora iba a dejar atrás. Pero volvamos a la Presidenta y sus expectativas internacionales. Tanto de Putin como de Xi Jinping espera recursos, promesas de inversión y apoyo y contención de cara a la difícil negociación con los fondos buitre y la posibilidad de un nuevo default de deuda pública argentina, con epicentro en Nueva York, el principal centro financiero mundial.
Putin, que acaba de condonar a Cuba una deuda impagable, es la llave del ingreso de Gazprom, el gigante del gas y petróleo ruso, a alguna sociedad con YPF, cuyas cuantiosas necesidades de inversión se ven dificultadas por el litigio con los fondos buitre. Gazprom tiene grandes recursos de capital, aunque está lejos de ser un líder en el área más promisoria de YPF: los llamados “hidrocarburos no convencionales”.
Pero Putin no es un tipo fácil y tiene fresco que en la licitación por las represas del sur argentino (bautizadas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic), la rusa Inter Rao, que iba asociada a Eleprint, empresa de muy buenas migas con el kirchnerismo (construyó, entre otras cosas, el hospital y el aeropuerto de El Calafate, y varias obras en sociedad con JR Construcciones, del grupo que administra el “hotel boutique” de los Kirchner en El Calafate), al final quedó de lado.
Esa licitación, en la que cada grupo incluía a algún “amigo” K, aunque se descontaba el triunfo del que incluía a “Austral Construcciones”, de Lázaro Báez, al final fue para el consorcio encabezado por la china Gezhuoba, asociada a Electroingeniería, ubicua firma cordobesa también cercana al corazón y los bolsillos kirchneristas.
CFK espera de Xi Jinping la confirmación de créditos por 10.000 millones de dólares para financiar la construcción de las presas patagónicas y la modernización del Belgrano Cargas, la línea ferroviaria de transporte de cargas de mayor potencial de la Argentina, de la que su gobierno dijo que se haría cargo en 2008, a través de OFSE (Operadora Ferroviaria Sociedad del Estado) una de las dos empresas estatales ferroviarias creadas ese año (el crisnerismo cambió luego de idea, puso al frente del Belgrano Cargas a Graciela Coria, la esposa de Gerardo Pedraza, convicto como autor intelectual del asesinato del militante trotskista Mariano Ferreyra, y, ya en la gestión de Randazzo en Transporte, volvió a la idea de gestión estatal con inversiones y financiamiento chino).
Con todo, es probable que la mayor expectativa de la presidenta sea el anuncio que los Brics formalizarán en Brasil: la creación de un “fondo de reserva” por 100.000 millones de dólares, suerte de FMI paralelo, no “neoliberal”, en el cual apoyarse si fracasan las gestiones de Kicillof para evitar el default en Nueva York.
Ese tipo de iniciativas son especialmente seductoras al imaginario kirchnerista, que concibe la riqueza no como un proceso de inversión, trabajo, tecnología y esforzada creación de valor, sino como una mera acumulación de billetes. No hace mucho, cuando los petrodólares chavistas parecían abundar, la misma concepción alumbró el anuncio del “Banco del Sur”, cuya presidencia soñaba para sí la exministra Felisa Miceli (producto de entusiasmos de ese tipo resultan fenómenos como la aparición de bolsas cargadas de billetes en los baños ministeriales).
Mientras busca su Eldorado de divisas y de reservas escondidas en las entrañas de una Vaca Muerta, la Presidenta sigue ignorando los problemas de fondo de la economía argentina: gasto y déficit galopantes, inflación en alza, recesión tozuda, caída del salario real, pérdida de empleos, escasez de inversión, falta de competitividad. Todo eso se agravó en los últimos dos años, mientras el precio mundial de la soja, el principal producto de exportación de la Argentina, oscilaba entre 500 y 520 dólares la tonelada. ¿Qué sucederá ahora que los futuros de la soja marcan 420 dólares?
Nadie en el Gobierno parece pensar en esas cosas. La apuesta es al Brics, un acronismo creado hace más de diez años por Goldman Sachs al que los miembros originales pluralizaron agregando la S de Sudáfrica. En su afán anticipador, Goldman Sachs hasta hizo pronósticos del Mundial de fútbol. Acertó los ocho ganadores de octavos de final y los cuatro de cuartos pero dijo que la final, el domingo, iba a ser entre Brasil y Holanda.
No deja de ser paradójico que la Presidenta se entusiasme por sumarle la A de Argentina a un grupo surgido de un acronismo pergeñado por un banco norteamericano que pronosticaba que la Selección nacional perdería con un equipo cuya figura se llama Arjen Robben.
Un kirchnerista le llamaría antipatria.