26 de mayo de 2016 - 00:00

El regreso del antihéroe noventoso

"Mente implacable" intenta reconvertir a Kevin Costner en un próximo Liam Neeson, aunque enredándolo en una delirante trama al modo de los clásicos del género de acción de tres décadas atrás.

En un último esfuerzo para detener un diabólico plan, los recuerdos, secretos y habilidades de un agente de la CIA son implantados en un impredecible y peligroso convicto condenado a muerte (Kevin Costner) con la esperanza de que él pueda completar la misión que este tenía pendiente.

A pesar que en apariencia se parece mucho a las películas de acción de hoy, "Mente implacable", del israelí Ariel Vromen (con experiencia en documentales, cortos y videoclips y que se visualizó en la industria estadounidense con el thriller "The Iceman") es una suerte de publicidad que esponsorea a Costner como el antihéroe desbordado y duro a la usanza de Liam Neeson, una figura de acción ahora taquillera en Hollywood.

Pero a diferencia de las historias de violencia de un personaje oscuro, intimidante y pragmático, como los que Neeson encarnó en la saga "Búsqueda implacable", o el de "Caminando entre las tumbas", el convicto Jericho Stewart de Costner encaja mejor en los roles de los villanos de los años noventa, al modo John Travolta, Nicolas Cage o John Malkovich, aunque con un aire más sentimental.

En este intento de reinventar la carrera del sesentón que supo reinar en popularidad como galán de "Robin Hood" y "El guardaespaldas", "Mente implacable" recupera de esa imagen el formato cursi y de seudo ciencia ficción que también reinó en los noventa.

Es así: un investigador, el doctor Franks (Tommy Lee Jones) ha desarrollado un proceso para trasplantar recuerdos de una persona fallecida en el cerebro de otra viva.

Cuando surge la necesidad de recurrir a este experimento para sacarle los recuerdos al agente de la CIA Bill Pope (Ryan Reynolds), el Dr. Frank ya tiene al candidato perfecto;   un asesino psicópata prisionero en una cárcel de máxima seguridad.

Es que el jefe de la CIA Quaker Wells (Gary Oldman) necesita los recuerdos de Pope para encontrar a un hácker holandés (Michael Pitt), que se ha introducido en el sistema de lanzamiento de misiles  nucleares y que está a punto de vender sus claves a un anarquista español (Jordi Molla).

Ariel Vromen sale bien parado. Su cámara avanza hacia el movimiento y sortea los obstáculos absurdos de la trama, incluso cuando están fuera de control o se inmiscuye en enredos psicológicos relacionados con la interferencia de los recuerdos propios del prisionero y los del agente de la CIA.

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