Enero es un mes laxo, falto de energía, y eso que es el primer mes del nuevo año cuando uno debería disponerse a ponerle todas las ganas para que el año comience con buen rumbo, con fuerza de voluntad.
Enero es un mes laxo, falto de energía, y eso que es el primer mes del nuevo año cuando uno debería disponerse a ponerle todas las ganas para que el año comience con buen rumbo, con fuerza de voluntad.
Sin embargo enero es sinónimo de descanso. No para todos, ya que están los sacrificados que laburan todo enero, pero lo hacen con cierto desgano en sus acciones.
Es que no dan ganas, che, no dan ganas. Por más que uno se empeñe en empujar el carro hacia adelante no tiene el énfasis que se necesita para mover ni un milímetro la rueda.
Enero es voz patrimonial del latín vulgar jenuarius, en latín clásico januarius, sustantivación del adjetivo procedente de la elisión de januarius (mensis) “(mes) de Jano”, dios romano protector de las puertas, pues el primer mes abre las puertas del año.
Pero por más que Jano sea un dios y por más que este abra las puertas, a uno no le da gana ni de manotear el picaporte. Nos sentimos desanimados cuando no inanimados y entonces todo lo que hagamos estará revestido por una pátina de apatía.
Por eso lo tomamos como sinónimo de vacaciones. Siguiendo con la etimología de las palabras “vacaciones” proviene del latín vacans, participio del verbo vacare: estar libre, desocupado, vacante (como un puesto de trabajo). Vacuus significa vacío, desocupado libre. Y así nos sentimos vacuos.
En Mendoza la cosa se extiende porque la actividad total, la plenitud en la marcha de los motores, recién se da después de la fiesta de la Vendimia; es entonces cuando nos predisponemos seriamente a encarar el futuro.
Las vacaciones pueden ser de distinto tipo: podemos pasarnos las vacaciones en casa rascándonos a dos manos, con el mate cerca mientras los pibes desparraman agua en la pelopincho. O podemos, si nos da el presupuesto, ir a estirar el esqueleto a otro lado que presente algún atractivo especial, aun dentro de nuestra misma provincia, porque tiene lugares la guachita como para pasar momentos inolvidables.
Por supuesto que hay gente que ha acumulado tanta guita ( yo no sé como lo ha hecho en época de crisis, pero hay) que se sube a un avión y va a otros países a buscar ese descanso reparador, bien atendida y con todas las comodidades. Pero son los menos. La mayoría de los argentinos no tiene guita ni para irse de cámping a la plaza del barrio y entonces se conforma con lo poco que tiene.
Es enero un mes muy especial, el inicio de un año que ya tiene el nombre signado 20-20. No puede esperar el año nuevo que uno le ponga toda la energía cuando venimos de soportar un 2019 que no ha sido fácil bajo aspecto ninguno.
Uno merece ese descanso que significa el primer mes y en él lo buscamos. Por eso mismo no hay grandes emprendimientos que comiencen en enero. No es para eso, vamos a dejarlos para más adelante cuando ya el año esté metido dentro del propio año y los esfuerzos sean más significativos.
Para colmo es un mes largo, que cuesta atravesar y más en una atmósfera de un verano que parece llegar sin clemencia en el clima.
Enero, el primer mes de un año que está próximo a comenzar, ojalá que sea como el primer escalón para empezar a subir.