"Me dirigiré a ustedes, estudiantes. Querría decirles que no cedan cuando se les diga que la inteligencia está demás, cuando se pretenda probar que es lícito mentir para triunfar.
"Me dirigiré a ustedes, estudiantes. Querría decirles que no cedan cuando se les diga que la inteligencia está demás, cuando se pretenda probar que es lícito mentir para triunfar.
Querría que no cedieran ante la incidia, la violencia, la abulia o la charlatanería.
Entonces, quizás, en una nación libre y apasionada de verdad,
el hombre volverá a sentir ese amor y respeto por el hombre,
sin lo cual el mundo no será otra cosa que una enorme soledad".
Albert Camus
El politólogo y filósofo italiano Giovanni Sartori nos alerta sobre los peligros que atentan contra nuestra débil democracia: los poderes políticos discrecionales, autoritarios e incontrolables, las estructuras de los medios de comunicación, el poder político de la televisión, la sociedad teledirigida, la tensión entre los hechos y los valores, la ratio del mercado, el silencio de los intelectuales y la ignorancia de los ciudadanos.
Vivimos un año electoral, con escenarios complejos, confusos y graves. Sostener la democracia exige una justicia libre, comprometida con valores republicanos, un gobierno con claras estrategias sociales y económicas, un Congreso que dejó de ser honorable y representante de la ciudadanía, para transformarse en un lugar de “refugio” de muchos corruptos amparados en fueros, sobredimensionado, lugar donde se produce poco y se negocia todo. El clientelismo sostenido por un Estado benefactor ha minado las posibilidades del esfuerzo y el trabajo. La inconmensurable corrupción de la era K, las estrategias de la Cámpora que cambiaron los hechos y relatos setentistas por relatos de “compromiso ciudadano” que ya solo los violentos nostálgicos apoyan, o los jóvenes que no conocen ni se interesan por historias pasadas, son ahora las cartas de presentación de las listas de candidatos elaborados por esa enajenada del poder que fue nuestra presidenta.
La corrupción atraviesa a empresarios, políticos y sindicalistas naturalizando el “sistema de coimas”, dinero que va a parar a los bolsillos de los que hoy desde la prisión pretenden ser legisladores y representantes devotos del Santo Padre. Mientras los dineros del pueblo no aparecen, y seguramente sirven para mantener el aparato político organizado por Cristina y sus obsecuentes seguidores o para pagar los altos honorarios de los estudios de abogados que los defienden y representan. Existen, todavía, varios feudos provinciales y municipales, construidos en base a este sistema espurio y al fraude disimulado con dádivas, que mantienen el poder por años.
¿Hay algo más monstruoso que el ansia del poder lleve a la utilización de los hijos para encubrir robos, mentiras y negocios sucios? Sin duda, los ejemplos emblemáticos son la exmandataria, Hebe Bonafini y Milagro Sala.
En algún lugar leí que Hobbes opinaba que el poder actuaba como un ansiolítico para borrar el miedo, el terror y la culpa. Serán estos estados de conciencia los que trata de disimular la expresidente con sus discursos carentes de toda lógica, ese disfraz con el pretende engañar al pueblo.
Estamos en un momento histórico, una grieta entre dos formas de interpretar la política: un abismo que es dramático, pero que después de las elecciones, puede ser trágico.
Es cierto que es, también, un escenario difícil de la economía, en la cual los verdaderos trabajadores y sus familias tienen serios problemas para cubrir la “canasta familiar”, pero ante esta crisis se ofrecen algunas esperanzas. Lamentablemente, el común de la gente no entiende las complicadas tramas de la economía y las finanzas. Mostremos, entonces, qué pasa con países populistas, como Venezuela y verán como la vida ciudadana se convierte en un infierno de hambre, torturas y crímenes. Recordemos qué sucede cuando se pierde la memoria de la “época ganada” de los K, donde la corrupción ha llegado a ese punto más alto, la mentira, la hipocresía, el “todo vale”. Ya tenemos relatos surrealistas de candidatos presos, que no son presos políticos, sino ladrones y corruptos compra votos con bolsas miserables para los más miserables obsecuentes o simplemente para los que necesitan trabajo verdadero y no limosnas a cambio de votos.
Necesitamos ejemplos republicanos: que los legisladores no vendan pasajes y trabajen por la patria; que los Baradel, Palazzo y Moyano dejen de vivir como reyes y de arrogarse la voz de los trabajadores que no representan y que solo manipulan según sus interese propios y familiares; que los jueces actúen simplemente con justicia y oportunidad temporal; que los docentes enseñen a sus alumnos el valor de la Constitución y el respeto a los valores ciudadanos y familiares; que los padres se hagan cargo de la educación de sus hijos, que los ciudadanos aprendan a respetar las leyes y a convivir en paz, sin violencia y sin miedo, solo con responsabilidad y honestidad.
Tenemos una gran oportunidad: el deber de ejercer el voto, es un acto de libertad ciudadana que esta vez decidirá si se elige la esperanza o el caos.