¿Qué va a pasar con el Palacio Gargantini? ¿Será vandalizado y demolido como el Hotel de Cacheuta y el Ferrocarril Trasandino? ¿Se va a preservar meramente como fachada, como el Hotel de Villavicencio? ¿O se comenzará a utilizar como imagen corporativa del vino argentino, como fue su sentido original, y como hacen los grandes países vitivinícolas del mundo, particularmente Francia?
El tema es pertinente pensarlo ahora, porque hace unas pocas semanas, muchos mendocinos se sorprendieron al conocer este lugar que, hasta ahora, se había mantenido en la penumbra.
El palacio construido por don Gerónimo Gargantini es casi desconocido por los mendocinos. Fue levantado en Maipú, junto a la bodega "La Colina de Oro", que evocaba el nombre de su tierra natal, en Lugano, Suiza.
En efecto, junto con el Cerro de la Gloria, el F.C.Trasandino y el Hotel Termas de Cacheuta, el Palacio Gargantini fue una de las obras emblemáticas de los tiempos del Centenario, cuando Mendoza surgía como la "California de América del Sur", una tierra de gran futuro, capaz de convocar a decenas de miles de inmigrantes (30% de la población según censo de 1914).
Hace un par de semanas, en el marco de la Deco+, el Palacio Gargantini volvió a su esplendor. Después de un siglo de semi abandono, volvió a revertirse con el color, la vida y la luz que tenía en sus tiempos fundacionales. Fueron sólo tres días pero suficientes para llamar la atención de Mendoza y volver a encender la llama de la pasión por el mundo del vino y el arte.
En forma silenciosa, don Gerónimo volvió a hablar; su mensaje se hizo vivo de nuevo. Y ello llevó a repensar los orígenes de la gran industria de Mendoza.
La primera pregunta que todos se hicieron al ver el Palacio: ¿qué hace esta construcción allí? ¿Cuál fue el móvil que impulsó a un empresario del vino para realizar una inversión artística de esta naturaleza? ¿Qué mensaje quiso transmitir don Gerónimo Gargantini con esta obra de arte?
Gerónimo Gargantini fue uno de los grandes empresarios de la Argentina, en el período de expansión del capitalismo entre fines del siglo XIX y principios del XX. Su perfil es muy parecido a los que retrata la serie "Men who built America", emitida por The History Channel, que narra la historia de los grandes empresarios de EEUU en aquella época, como Cornelius Vanderbilt, John D. Rockefeller, Andrew Carnegie, J.P. Morgan y Henry Ford, quienes participaron activamente en la transformación de los Estados Unidos modernos.
La diferencia de percepción es notable. En EEUU los historiadores se dedican a explicar el éxito; por ello, estas figuras son valoradas y reconocidas. En cambio, en América Latina, los historiadores escriben principalmente para explicar el fracaso; en consecuencia estos perfiles son menos visibles.
Para entender a don Gerónimo Gargantini hay que comprender a aquellos empresarios de EEUU. Además de crecer con sus empresas, ellos tenían una fuerte conciencia de la responsabilidad social empresaria y dedicaban buena parte de sus recursos a fines de bien público, incluyendo el fomento del arte, los museos, bibliotecas y demás expresiones culturales,
Éste fue el sentido del Palacio Gargantini. Don Gerónimo tomó la decisión de invertir parte de su fortuna en una obra arquitectónica de clase mundial que sirviera de imagen corporativa para los vinos argentinos. 30 años más tarde, con esa misma filosofía, se levantó el Hotel de Villavicencio, como imagen del agua mineral. Un papel parecido cupo al monumento al Ejército de los Andes, en el cerro de la Gloria.
El palacio Gargantini en Maipú se distingue por su estilo Liberty Italiano, que representa al Arte Decó en Italia. En líneas generales, el Art Decó tiene mayor desarrollo de las líneas orgánicas pero en este Palacio también están representadas, tanto en los pisos como en los remates.
Don Gerónimo construyó este palacio entre 1906 y 1909, para vivir allí con su familia, y ofrecerlo como espacio para actos cívicos de relevancia pública. Un buen ejemplo fue la celebración del Centenario de 1910, con el presidente José Figueroa Alcorta y el gobernador Rufino Ortega.
Allí vivió don Gerónimo dos o tres años, entre 1909 y 1911. Allí sostuvo largas conversaciones con su hijo Bautista Gargantini, el cual se nutrió de las reflexiones de su padre, como preparándose para su posterior carrera política, empresaria y sociocultural. Fueron tres años decisivos, de compartir ideas, de confrontar proyectos, de soñar con el futuro.
El proyecto de don Gerónimo, de permanecer en Mendoza, se frustró. Algo ocurrió (todavía no explicado por los historiadores), y tuvo que cambiar sus planes: debió vender su parte a su socio, Juan Giol, y regresó a vivir a su Suiza natal.
Lo que vino después es conocido: Giol pidió un préstamo al Banco Español y Río de la Plata, que nunca pudo pagar. La empresa comenzó a declinar, hasta que fue comprada por el Estado provincial (1954). Vino entonces la gestión estatal: se desmanteló el Palacio, para convertirlo en oficinas administrativas. Sus muebles y cortinas señoriales fueron remplazadas por archivadores y máquinas de escribir. Los colores, por el gris; los vitraux por vidrios ordinarios. Un monumento estético se degradó en refugio de burócratas.
Tras la privatización de Giol (1989), este palacio fue transferido a la Municipalidad de Maipú. Con sus modestos recursos, la comuna logró preservar estas construcciones y evitó la vandalización, Además, el edificio ha sido reconocido como Monumento Nacional y Museo Nacional del Vino y la Vendimia. Pero su estado de conservación es lamentable y los pocos visitantes que llegan a verlo, se retiran frustrados por sus malas condiciones,
La pregunta es: ¿Qué va a suceder con este palacio? ¿Seguirá el destino del Gran Hotel Termas de Cacheuta y el Ferrocarril Trasandino? ¿O volverá a sus dorados años para proyectar la imagen del vino de Mendoza a través del arte?
