Muchos economistas se preocupan por la situación económica vigente, otros por el precio y/o trabas del dólar, algunos por los índices económicos, también por las ecuaciones econométricas y las fijaciones de precios y salarios. Pero muy pocos se preocupan o discurren sobre el orden de los fenómenos económicos.
Los que analizan y traducen las acciones económicas en funciones matemáticas, dirían que el interés por el conocimiento del orden de los fenómenos económicos tiende a cero. Sin embargo, el conocimiento del orden de los fenómenos económicos es esencial para toda política económica, para el entendimiento de los resultados y el bienestar social.
La importancia del orden de los fenómenos económicos radica en que su dominio permite medidas acordes para el desarrollo y conocer la causa de los acontecimientos. Por el contrario, el desconocimiento del orden de los fenómenos hace incurrir en falsas creencias, tales como expresar que “Tenía el poder que le otorgó la victoria”.
Es un craso error, el poder no le fue otorgado por la victoria sino la victoria por el poder. Si no hubiera tenido poder, es decir, fuerza, dominio o facultad para hacer algo, no hubiera conseguido la victoria. Ese es el orden de este fenómeno.
También en materia económica hay un orden lógico y natural. Los fenómenos económicos tienen secuencia y válvulas de ajuste. El yerro del orden de los fenómenos económicos altera negativamente los resultados.
Todos los hechos económicos están encadenados: cada eslabón se relaciona con su anterior y su posterior. Todos los hechos económicos tienen su causa; no surgen de la nada; ningún hecho económico es espontáneo. Todo hecho tiene su causa y su consecuencia.
Normalmente se dice: tiene el precio que determinó su costo cuando, por el contrario, la ciencia económica enseña que el costo es resultante del precio de los insumos y no viceversa. Primero aparece la necesidad, después el juicio de valor, luego la ponderación del precio y por último la decisión de asumir o no el costo de la satisfacción.
La errónea creencia de que se puede alterar el orden de los fenómenos perjudica la actividad económica, como sucedió con la ley de Convertibilidad, que produjo desocupación, recesión, inflación y la caída del gobierno. Su autor creyó que fijando el precio de las divisas se estabilizaba la economía.
La estabilidad es imprescindible para lograr el desarrollo económico. Pero la estabilidad no es el punto de partida y por lo tanto no se puede decretar a priori de la causa que la determina. La causa de la estabilidad es el equilibrio, que proviene a su vez de precios verdaderos, que son las válvulas que regulan la producción, el consumo y la actividad económica.
Otro ejemplo fue la racionalización industrial previa a la Segunda Guerra Mundial, considerada como el medio eficaz para desarrollar las capacidades de producción. Fracasó por no respetar el orden natural económico.
Otra prueba del equívoco y desconocimiento del orden natural de los fenómenos económicos fueron los dichos del vicepresidente del Banco Central de la República Argentina en el año 1989, quien aseguró que el rol fundamental del Banco era hacer que la estabilidad del poder adquisitivo fuera una herramienta y no un fin. Y acotó: ya tenemos ancladas dos variables: el tipo de cambio y la tasa de interés. Lo que ancló fue el país.
La crisis mundial de 2008 tuvo su origen en las fijaciones del precio de la tasa de interés por los Bancos Centrales de EEUU y de la UE, disminuyendo primero para facilitar y aumentando después para restringir, el acceso a créditos hipotecarios.
El colapso económico argentino se debió a erróneas medidas públicas que no permitieron que la producción de ciertos bienes se adaptara a las necesidades sociales por trabas en sus precios.
La economía social tiene leyes naturales que inevitablemente se cumplen, como en física la ley de gravedad, las estaciones del año, el día y la noche. La estabilidad universal es una consecuencia inmediata del equilibrio de las fuerzas del Universo y su causa, las leyes que la rigen; la estabilidad económica es la consecuencia inmediata del equilibrio económico, y su causa, correctas reglas de juego.
La génesis de la economía social (la necesidad humana), la ley del valor económico, el equilibrio natural y el orden de los fenómenos son pilares (columnas) que permiten el conocimiento de los hechos presentes y futuros. La implementación de medidas económicas permite conocer desde los cimientos, como al buen constructor, los resultados de la obra.
Toda actividad económica tiene su causa. El punto de partida es la necesidad humana; su consecuencia, actividad económica. Si la acción es colectiva implicará disminución del bien adquirido, lo que influye inevitablemente en el precio del producto, motiva su producción, activa la ocupación laboral, incrementa el consumo e incentiva aún más la actividad económica.
Cuando la necesidad humana es trabada, como la adquisición de dólares o el comercio interior y exterior, sucede todo lo contrario. El buen constructor diría que dichos cimientos provocarán serios problemas al edificio, que finalmente se derrumbará. También los gravámenes impositivos son trabas a la satisfacción de necesidades. El orden de los fenómenos económicos es la secuencia de leyes que impone la naturaleza.
La primera ley de las leyes económicas es la condición humana denominada necesidad. La segunda es la limitación de todos los recursos; algunos muy abundantes, como el oxígeno de la atmósfera terrestre, otros muy escasos, como la esmeralda, pero todos limitados.
Ambas condiciones -necesidad y escasez- determinan el valor económico sujeto a un orden de secuencia que no es reversible. Si se modifica el precio no se modifica su causa: la necesidad ni la escasez del bien. Se modifica la actividad económica, que se traba y disminuye.
El orden de los fenómenos implica para un favorable funcionamiento económico reglas de juego justas, que consoliden la armonía social y provoquen equilibrio, requisito necesario para lograr estabilidad y con ello progreso y desarrollo.
Modificar el precio verdadero altera el orden de los fenómenos, y es tan grave que, como vimos precedentemente, puede producir una crisis mundial o, en el mejor de los casos, perjudicar el bienestar social.