9 de noviembre de 2019 - 00:00

El mito relativo a que la siembra de nubes disminuye la precipitación - Por A. de la Torre

Como es ya bien sabido, la siembra de nubes con pequeñas partículas para mitigar el daño que pueda producir el granizo, se basa en la simple pero ingeniosa idea de “agregar núcleos a las nubes”. Esto es, los núcleos “extra” multiplican el número de partículas de granizo que se produce en forma natural, pero cada piedra será mucho más pequeña. De esta manera, al caer desde la base de las nubes llegarán a tierra sin provocar daño; si es que no se derritieron antes durante su caída.

Aunque haga pensar en el brujo de la lluvia, otra modificación posible del tiempo es el incremento de precipitación nívea y pluvial. Precisamente, el método utilizado en este caso se basa exactamente en la misma idea y en el mismo procedimiento: sembrar las nubes con pequeños núcleos, iguales a los usados por el Sistema de Mitigación del Granizo, que formarán una gran cantidad adicional de pequeñas gotas de nube y de agua. Éstas, una vez alcanzado un tamaño suficiente, caerán de la base de las nubes para llegar al suelo y regar las cosechas.

Trabajo reciente 

Un trabajo científico publicado en la revista Atmospheric Research en 2014 por el Dr. Tom DeFelice, en colaboración con investigadores de EE.UU. e Israel, avala lo que acabamos de decir. En él se examinan los resultados de experimentos realizados en tres regiones de EE.UU. durante invierno y verano. En ellos se somete a prueba el posible incremento de precipitación y, en particular, la hipótesis común de que la siembra de nubes reduce la precipitación en regiones adyacentes a las áreas de terreno que son el objetivo de la siembra (esto se conoce como la teoría de “robar a Pedro para pagar a Pablo”).

Uno de los aspectos más sorprendentes de esta investigación, es que, además de los efectos de precipitación extra logrados sobre el área sembrada (aumentos entre 5 y 15%, quizás mayor para algunos sistemas convectivos), tanto para proyectos de siembra de invierno como de verano, se produce un bonus. El mismo consiste en una extensión espacial de los efectos positivos de siembra, que puede extenderse a un par de cientos de kilómetros para proyectos de siembra orográfica de invierno y en presencia de nubes convectivas de verano. Es decir, los efectos colaterales de la siembra contribuyeron a un incremento adicional de precipitación en las áreas linderas. Como analogía, si me duele un poco la cabeza, una aspirina, como es de esperar, me reducirá además del dolor de cabeza, el dolor de muela que antes tenía.

De acuerdo a esto, como consecuencia de la siembra de células de tormenta durante el verano para mitigar el daño que pueda producir el granizo, debería a lo sumo esperarse, tanto en zonas sembradas como en zonas aledañas, un incremento de precipitación, tanto de lluvia como de pequeñas e inocuas partículas de hielo.

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