4 de noviembre de 2017 - 00:00

El mito que no fue

La desaparición forzada de Maldonado, para los que así denominaban al enigma, era un título de preferencia más que de averiguación.

Quienes malician la historia con la teoría del complot optan por la relatividad de la sospecha, no por el rigor de la indagación; prefieren la apuesta a la conjetura.

Paradójicamente, aunque eligen lo pasmoso antes que lo comprobable, no creen que el hombre llegó a la luna; que haya culturas más y menos avanzadas; que Putin sea imperialista, etc.

Las explicaciones míticas, adoptando héroes de conductas ominosas (como El Che), les son caras. También defienden causas para la discriminación de los pueblos, como reivindicaciones secesionistas.

En Chile y nuestra Patagonia apoyan la rebelión mapuche. ¿Cómo esquivan la refutación de centurias sujetos al derecho de España, Chile y Argentina? Forzando el instituto de la imprescriptibilidad penal de los genocidas. La resurrección de culturas primitivas, en cualquier caso, ya declinadas durante su gobierno, la reclaman hoy, revolucionariamente. Hasta legislaron en Mendoza la expropiación del territorio de Lavalle y Santa Rosa, para dárselos en propiedad comunitaria a descendientes de Huarpes. Mientras, los mendocinos parecían vacas mirando pasar el tren.

Esas reivindicaciones adolecen una expiración homérica. Además contrarían los artículos 16 y 17 de la Const. Nacional Argentina; la igualdad ante la ley y la propiedad privada. Con sólo invocar descendencia Huarpe, obtienen un status diferente al resto de los argentinos. Sin otro argumento que el resguardo de idiosincrasias singulares. ¿Habrá algo más mitológico? Si se enteran los sajones expulsarán a los normandos del Reino Unido. Y la estirpe celta de la antigua Galia reclamará a los herederos de los conquistadores romanos la devolución del territorio actual de Francia. ¿Fábula o disquisición válida?

Éstas son las lóbregas disquisiciones a que obligan fatigosamente estos entusiastas de la teatralidad, escépticos del progreso y desdeñosos de la comprobación. Inveterados anti liberales, míticos luchadores contra el racionalismo. Portadores de creencias indiferentes a la recolección de datos ciertos, prefieren gobernar sin Indec.

Eligen posturas. Portan la fastuosidad del progresismo más escéptico pero padecen un pesimismo contra toda evidencia. Apadrinados por el post modernismo, mixturan post-marxismo con el psicoanalismo de los menos irrefutables herederos de Freud. Elaboran peregrinas teorías para conformar su relato.

Les impresionan los lugares comunes, como Chávez en la ONU exorcizando a Bush: "Aquí estuvo Satanás, ¡Huele a azufre!" Asombra que retórica tan modesta impresione a alguien. Sólo en el Teatro, donde los actores simulan ser lo que no son, y el público finge creerles. Ese público remplaza mediante el complot de la previsible ausencia de bondad de los poderosos, las infinitas causas de la Historia (sujeta a la imprevisibilidad de la suerte).

Sintéticamente: desechan la multiplicidad causal. Y lo azaroso también, ¿Por qué no? 
Los prejuicios engendrados en frustraciones -colectivas o individuales, de clase o personales- exigen un enemigo para volcar odios e impotencias. Ese resentimiento explica todo por el conflicto. Como Laclau. En La Razón Populista formula la antinomia amigo-enemigo adoptada por el gobierno precedente. Hoy la grieta se explica binariamente. En mi época le llamaban maniqueísmo.

También recaen en la doctrina de Carl Schmitt, jurista del nazismo, que explica la política por la opción de decidir entre amigo y enemigo. En lugar de entender la guerra como la continuación de la política por otros medios, aglutina guerra y política. Profundamente antiliberales consideran un vicio la cualidad del consenso en la pluralidad propuesto por el parlamentarismo. Disfrutaban de la escribanía, levantando actas de instrucciones.

Aunque explicar así la realidad necesita de creencias, y lo mitológico es muy extraordinario, también simplifica mucho las interpretaciones. Desdeñan las pruebas adversas. El sistema de partidos sería enemigo de la comunidad; que se debe la unanimidad del mito nacional y popular. Como la democracia republicana expulsa los mitos, resuelve rivalidades bajo el imperio de la ley, por consensos, prefieren la comunidad a la sociedad.

Un olvidado oportunista rumano de principios del siglo XX, Mihail Manoilescu, fue más claro. Escribió Le Parti Unique, proponiendo el corporativismo proteccionista contra la libertad de comercio internacional. Propuso el partido único para superar los partidos "que parten la nación". Que obstaculizan la fusión de creencias míticas idiosincráticas necesarias para la unidad nacional. Una Nación unida, contra fuerzas contradictorias, pero misteriosamente aliadas en la sinarquía internacional.

Son acusaciones sólo posibles muy extraordinariamente; altamente improbables pero conjeturables fácilmente. Si por naturaleza es algo escondido, no pida comprobaciones. Baste con la presunción. Desdeñan probanzas adversas. Como abogados pleiteros sostienen: nada es in-impugnable, la verdad es relativa, la mitad de la biblioteca desdice la otra mitad.

Ver el mundo desde el mismo lado es una cuestión de fe. Son creencias propias de la religión. No aceptarán las refutaciones más nítidas. Aun la evidencia delictiva de sus líderes, o la inmoralidad de sus métodos.

Tampoco admiten la legitimidad de origen del gobierno electo. "Es el apoyo de un sector de la clase media reaccionaria." Ni legitimidad de gestión, recelándolo e imputándole conductas tramposas, como las que se conceden a sí.

Queda esclarecido el misterio de la eficacia del relato. Tan simplón e increíble que quiso enarbolar como bandera la desaparición forzada de Maldonado. Un inocente muchacho -don nadie para la política y la historia- que con su misteriosa desaparición hubiera servido para acreditar la perversión de un gobierno, que imaginan dictatorial. 
Si la política es una guerra, todo vale.

Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.

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