La lotería, y el loto, y el quini seis y todas las variantes que se presentan con los números es un gran negocio. Una institución o empresa recauda y después reparte premios entre los ganadores. No ponen plata, la plata es la suma de toda la plata que pusieron los apostadores.
Hay juegos donde el interés está en el pozo acumulado. Durante algunos días (a veces semanas, a veces meses) nadie acierta con los números ganadores y entonces la guita acumulada se agiganta, se agiganta, inconteniblemente, entonces se llegan a juntar tantos millones que bien le vendrían al gobierno nacional para pagar parte de la deuda externa.
Días atrás un puntano acertó con los números que proponía el Loto y se sacó la friolera de 280 millones de pesos. Dicen que quiere permanecer en el anonimato y más le valga que sea así.
¿Qué pasaría si a usted le ocurriera lo mismo? Usted que anda preocupado por las cosas que le ocurren, ocupado con la vida que le ha tocado, sufriendo una especie de monotonía que suelen tener las cosas ya establecidas y de pronto una noticia: se sacó 280 millones de pesos en el Loto.
¿Cuál sería su reacción? Seguramente sería extrema, gritaría, saldría a la calle en bolas y sin documentos a expresar su fortuna, contraría una barra brava entera de algún club de fútbol para que manifestara por usted su alegría.
Debe ser un momento muy especial ese de pasar de ser un simple empleado, por ejemplo, a ser un millonario, con solo haber elegido sobre un papel algunos números al azar.
Pero el azar tiene estas facetas. Para muchos es muy esquivo y apenas si pueden lograr algunas decenas de pesos en la quiniela y de pronto ¡Zas! Saltó el gordo al estanque y desparramó agua por todos lados. Ya nada volverá a ser igual, ni el tipo, ni el sapo, ni el estanque.
Todo habrá de cambiar, su ocupación, sus objetivos, sus deseos, sus ansias. Con semejante cantidad de dinero son posibles alcanzar muchas cosas: una casa nueva, un auto nuevo, un portaviones nuevo, hasta un físico nuevo.
El dinero es un objeto y con la enormidad de objetos acumulados en una sola jugada, muchos objetos que antes ni siquiera se había imaginado tener, se hacen posibles.
Cambia el pensamiento. Antes del suceso el tipo se preocupaba sobre cómo llegar a fin de mes, ahora eso dejó de ser una preocupación, lo preocupa en qué va a inventir la plata que acumuló de sopetón.
Es mejor que no se sepa, de entrada, quien fue el afortunado, el tipo reclama identidad reservada y está bien que esto suceda porque están los amigos de lo ajeno que antes lo veían pasar como un objetivo despreciable y ahora puede transformarse en el blanco de futuras acciones.
Y están los amigos y fundamentalmente los familiares que van a querer aunque sea morder una tajadita de la torta y entonces la distribución puede mermar en mucho la fortuita ganancia.
También están los que van a aconsejarlo, invertí en aquellos, poné la guita allá, iniciá tal emprendimiento. La gente siempre sabe qué hacer con la plata de los demás. Pueden llegar a apabullarte los consejos.
¿Qué haríamos cada uno de nosotros, pobres laburantes de todos los días que remamos en el dulce de leche para poder comprarnos una pilcha nueva o un kilo de asado. Creo que, al principio, no sabríamos qué hacer, creo que durante mucho tiempo no sabríamos que hacer.
Pero que lindo sería no saber que hacer con tantos billetes en el banco ¿No le parece?