Según Domingo Faustino Sarmiento “Dorrego estaba de más para todos: para los unitarios, que lo menospreciaban; para los caudillos, a quienes era indiferente; para Rosas, en fin, que ya estaba cansado de aguardar”.
Según Domingo Faustino Sarmiento “Dorrego estaba de más para todos: para los unitarios, que lo menospreciaban; para los caudillos, a quienes era indiferente; para Rosas, en fin, que ya estaba cansado de aguardar”.
Durante muchos años ese estatus permaneció inalterable, sin embargo en las últimas décadas su figura tomó relevancia. Revestido de cierto halo heroico, la vida y obra de Manuel Dorrego fue acomodada a las necesidades del “relato”, llegando a concretarse un efímero instituto histórico en su honor.
Lejos estamos de desconocer su relevancia patria, así como tampoco de dejar de lado las acciones que lo ubican en una dimensión más humana. De fuerte personalidad, Dorrego se condujo en muchas oportunidades a modo caótico, ganando así el mote de “loco”.
Durante las luchas por la independencia fue parte del ejército del Norte, demostró entonces valentía en combate pero su insubordinación sacó de quicio a Manuel Belgrano y al mismísimo José de San Martín.
En Salta, en febrero de 1812, fue nombrado teniente coronel e irresponsablemente incentivó la indisciplina entre las tropas. Pasó largas noches entregado al juego y la lujuria, llegando a pasearse con dos mujeres del brazo, lo que escandalizó a todos. En cierta oportunidad reclutó forzosamente a algunos jugadores de cartas, liberados luego por Belgrano. Promovió un duelo entre dos soldados “para ver si eran valientes” y se enfrentó a otros jefes utilizando a sus subordinados.
No contento con todo este raid de impertinencias desobedeciendo abiertamente al creador de la bandera, por lo que fue destituido y enviado a Jujuy. Allí distribuyó su tiempo entre molestar a los españoles que vivían en la ciudad y burlarse de las costumbres o vestimentas del lugar, mostrando cierta arrogancia capitalina.
Según las crónicas alquiló un cuarto en casa de la vecina Manuela Azevey, quien poco después disgustada por su comportamiento intentó echarlo. Don Manuel se negó a irse y ocupó todo el inmueble. Los jujeños estaban tramitando su expulsión en el Cabildo cuando, para alivio de todos, fue llamado por las tropas nuevamente. Su mal comportamiento no menguó aún cuando San Martín acababa de tomar el mando del Ejército del Norte.
Cuenta el General Lamadrid -presente entonces- que en una reunión a la que acudieron todos los jefes, Manuel Dorrego se burló de Belgrano “San Martín (...) notó la risa del comandante Dorrego, empuñó uno de los candeleros que había en la mesa, y dando en ella con él, dijo a Dorrego, en alta voz: ‘Señor comandante, hemos venido aquí a uniformar las voces de mando y no a reír’; con lo que impuso silencio”. Don José lo expulsó del ejército inmediatamente, dándole dos horas para irse a Santiago del Estero.
Días más tarde Belgrano pasó por allí y despectivamente “mandó Dorrego a felicitarlo con un loco vestido de brigadier”, cuenta también Lamadrid. Pero esto no fue todo, a lo largo de su vida fue acusado de violar a una joven prisionera y de cometer nepotismo nombrando a un sobrino como subteniente cuando ni siquiera era cadete. Abusos, que lamentablemente, eran moneda corriente.
Sin lugar a dudas la figura de Dorrego merece un espacio en la memoria nacional, como todos aquellos que materializaron nuestra libertad, pero es adecuado recordarlo en su condición de hombre con virtudes y falencias.