9 de noviembre de 2019 - 00:00

El ingenio popular - Por Jorge Sosa

El ingenio es la facultad del espíritu humano que nos permite discurrir e inventar. Decimos que algo es ingenioso cuando nos mueve a la curiosidad, a la risa, o incluso al asombro.

Si esto es así deberíamos concluir que el argentino es un pueblo realmente ingenioso, sobre todo para el humor. Ante un hecho público importante, conmovedor, que impacta en la sociedad, se pone en funcionamiento una especie de cerebro colectivo alimentado a picardía y a pocos minutos del acontecimiento, por el mapa de argentina andan rodando chistes, chanzas y alusiones humorísticas con respecto a lo que termina de ocurrir. Es maravillosa esta capacidad de creación que tenemos.

Nadie sabe quién es el que crea algunos chistes, por ejemplo, pero es seguro que alguien los crea y después los vientos de las buenas sensaciones entran a repartirlos por todos lados. La inventiva es asombrosa y provoca situaciones jocosas en cada lugar en donde el chiste se posa.

Algún sociólogo debería tomarse la tarea de explicar estas ocultas asociaciones de base que constituyen el verdadero humor popular, y que le dan de morfar, a veces suculentamente, a los humoristas contadores de cuentos. Estos jamás han inventado uno, simplemente recogen, cuentan y facturan.

Los apodos son una forma de este humor de la calle: a Cavallo le decían “paciente en terapia intensiva”: nadie lo podía ver. A Aníbal, “pollo al espiedo”, porque está quemado hasta el poto pero sigue dando vueltas. A Duhalde: “amanecer campestre”, porque es puro mate. A Pablo Moyano, “gatito de iglesia”, porque lo mantiene el padre.

Cuando uno va a un partido de fútbol rara vez vuelve sonriendo por el juego que se produjo en la cancha, pero seguramente volverá sonriendo por alguna salida espontánea de alguien en la tribuna.

Los grafitis son otra forma de expresar el ingenio popular. Julio Azaroni descubrió en una pared de Las Heras uno que decía: “procura vivir de tus padres hasta que puedan mantenerte tus hijos”. Pero hay otros. Les doy algunos de mi propia cosecha: “La pereza es la madre de todos los Pérez”; “la paella es un acuario con arroz”; “los primos carnales no deben irse a los bifes”; “dijo Edipo que lo suyo era complejo, no calentura”; “era un pueblo tan pobre que tenían que alquilar las moscas”; “cornudo es un tipo distraído que tiene una mujer feliz”.

Inclusive en nuestra actualidad tan difícil, tan pesada de sobrellevar, surgen los chistes espontáneos que hablan de la situación pero la presentan de una manera distinta, con humor, con alegría. Y miren que hay que tener alegría para sentirse sonriente con lo que le pasa al país.

El ingenio popular es, en definitiva, algo que nos sobra a los argentinos y que a veces, muchas veces, ha servido para paliar los malos momentos populares. Un antídoto contra la mufa.

Ahora, con la moda de los teléfonos celulares el intercambio es tan grande que uno puede pasar riéndose todo el día.

Ahí andan sueltas varias muestras de ingenio. Présteles un cachito de atención, a lo mejor, quién le dice, lo que apuntaba para amargura termina siendo sonrisa.

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