24 de febrero de 2018 - 00:00

El hombre justo en el momento indicado - Por Juan Marcelo Calabria

En los momentos más acuciantes de la historia, o en las crisis más contundentes por las que suelen atravesar las sociedades, es una constante volver la mirada al pasado y valorizar aquellos momentos de mayor esplendor rescatando la acción de los hombres que fijaron el rumbo quienes, con sus palabras y acciones, cambiaron los destinos de una región, de un país e incluso del mundo.

Sin dudas es el caso del niño de las misiones jesuiticas que nació el 25 de febrero de 1778 en el seno de la familia hidalga de origen español conformada por el Capitán Don Juan de San Martín y Gómez y Doña Gregoria Matorras del Ser, como es sabido matrimonio del cual nacieron 5 hijos, uno de ellos, el más pequeño: Don José Francisco de San Martín.

Don José, "el que menos trabajo me ha dado" aseguraba Doña Gregoria en su testamento, inició su carrera militar a edad muy temprana en un mundo plagado de revoluciones y cambios.

Durante los 20 años de servicio en el ejército peninsular recabó la más variada formación y experiencia, siendo testigo presencial de grandes acontecimientos políticos, militares y sociales que transformaron a Europa, América y el Mundo, pasando prontamente en los años venideros a convertirse en un verdadero protagonista de esos cambios.

Al decir de sus contemporáneos, compañeros de armas y conocidos, el joven San Martín poseía excelente formación militar, una gran contracción al trabajo, valentía, esmero, dedicación, sentido del deber, amplitud de miras, juicio crítico, y un gran número de capacidades que supo conjugar a la perfección convirtiéndose en uno de los grandes líderes de su tiempo.

Los ideales iluministas cambiaron en muy pocos años la faz de Europa y en algunos años más también la joven América donde surgió toda una generación de patriotas en todos los confines del continente, hombres de visión clara y pensamiento estratégico, entre los que podemos mencionar a: Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José Francisco Morazán Quezada, Juan Pablo Duarte, Gregorio José Ramírez, Juan Rafael Mora Porras, Joaquim José da Silva Xavier, Antonio José de Sucre, José Miguel Carrera, Bernardo O' Higgins Riquelme, Manuel Rodríguez Erdoíza, Francisco Javier de Luna Pizarro, Manuel Belgrano y José Francisco de San Martín, por citar tan sólo a algunos de los padres fundadores de América Latina y el Caribe que cambiaron radicalmente el destino de sus terruños.

Aquí en "la América del Sur" después de los primeros años de revolución y cuando la guerra de la independencia comenzaba a recrudecer en todos los confines del continente, dos hombres se destacaron y erigieron como Libertadores: Simón Bolívar en el Norte y José Francisco de San Martín en el Sur. La figura de este último, a diferencia de su émulo caraqueño, era prácticamente desconocida en Buenos Aires, pero al poco tiempo de su llegada aquel providencial 9 de marzo de 1812, a fuerza de esmero, trabajo y tesón, el maduro coronel inició su misión de liderar la guerra de la independencia continuando el legado de su hermano de causa, el creador de la bandera, Manuel Belgrano.

San Martín desarrolló pacientemente su carrera en el Plata, creó el Regimiento de Granaderos a Caballo y fue su insigne jefe, impulsó la Asamblea del Año XIII, se reunió con Belgrano y Güemes en el Norte y desde allí maduró el Plan de Liberación Continental. Asumió la Gobernación Intendencia de Cuyo. Junto a ellos y Pueyrredón impulsaron el Congreso de Tucumán y la Declaración de la Independencia. Formó el Ejército de los Andes, aseguró la independencia de Chile, Proclamó la libertad del Perú y colaboró con la libertad de Ecuador y con los ejércitos bolivarianos para consolidar la Gran Colombia y las nacientes Repúblicas de toda América.

Fue así que luego de 20 años de formación, preparación y experiencia, le bastaron tan sólo 10 años de vida pública para cambiar la faz del "continente dionisíaco", tal la denominación que el mismo Libertador solía otorgar a América, al referirse a las pasiones irreconciliables que dieron lugar a las guerras fratricidas que devoraron a las antiguas colonias concluido el período independentista.

Como el mismo San Martín supo decir: "Mi juventud fue sacrificada al servicio de los españoles. Mi edad media al de mi patria. Creo que tengo derecho a disponer de mi vejez". Con esa claridad mental, equilibrio y ecuanimidad que lo caracterizó siempre, en esta sencilla frase pudo resumir toda su poderosa y fructífera vida.

Vida larga y compleja dedicada a una misión a la que se entregó con profesionalismo, pasión y desvelo, convirtiéndose finalmente en el "hombre justo, en el momento indicado" para torcer el rumbo y lograr la Libertad de América.

LAS MAS LEIDAS